DESTINO FINAL

"Porque Dios traera toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala." Eclesiastes 12:14

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.QUIERE DIOS QUE SUS HIJOS SEAN RICOS MATERIALES EN ESTA TIERRA


Hoy día vemos que constantemente somos bombardeados a través de los medios de comunicación y desde nuestros altares de iglesia con sermones en torno a enriquecimiento material. La fórmula para convencer a Dios de multiplicar nuestras ofrendas parece ser la orden del día. Muchos de nuestros grandes ministros aseguran poseer la fórmula para conseguir de Dios la multiplicación de las ofrendas en periodos de 90 días. En una de las visitas del evangelista Morris Cerullo a Puerto Rico pude notar que se repartían hojas sueltas con la fórmula de multiplicar el dinero. Sólo bastaba con “hacer una ofrenda y al cabo de 90 días Dios devolvería la misma multiplicada”. Me sorprendí con la manera que se tuerce la Biblia para explotar los bolsillos de la gente. Cabe preguntarnos, ¿Será Dios capaz de multiplicar nuestros ingresos cuando aportamos para la obra de Dios? La respuesta es positiva. Dios bendice al dador alegre. La Biblia está llena de promesas de prosperidad para los hijos de Dios en todas las facetas de su vida. Si miramos los ejemplos desde Génesis hasta Apocalipsis podremos encontrar que en la escuela de Dios el nos lleva de triunfo en triunfo y aumentando cada día nuestro territorio. Sin embargo, la prosperidad material es el resultado de la justa provisión de Dios quien conoce de lo que realmente tenemos necesidad. Dentro de la sabiduría de Dios la riqueza material no puede ser nuestra meta, sino que es una añadidura espontánea que Dios brinda a sus hijos. Uno de los hombres más ricos de la tierra, Salomón, fue prosperado por la misericordia y bendición de Dios al poner las riquezas por debajo de lo que realmente es importante. Salomón pidió sabiduría y Dios le concedió su pedido con toda clase de riquezas.

Dios como buen padre sabe en detalle de lo que realmente tenemos necesidad. Uno de los argumentos que usan los que predican “el evangelio de la prosperidad” es que nosotros como padres deseamos todo lo mejor para nuestros hijos. Eso es muy cierto, nosotros como padres deseamos que nuestros hijos sean prosperados. Esa clase de voceros a menudo esgrimen frases como: “así como nosotros deseamos que nuestros hijos sean ricos, así mismo Dios desea que nosotros poseamos toda clase de riquezas”. Esa lógica es bastante correcta, sin embargo, nunca se oye de boca de esos predicadores palabras de abstinencia de riquezas cuando alguno de sus hijos tiene problemas de autocontrol y dominio sobre las riquezas. Por ejemplo, hay gente que no puede tener riquezas ya que su corazón tiende a desviarse en pos de ellas. Siendo pobres o de clase media tienden a servir a Dios en medio de la dependencia material; pero cuando las riquezas se aumentan tienden a olvidarse de Dios y ponerlo en segundo plano. Dios como sabio le da a cada uno de sus hijos la ración o porción razonable para su salud y bienestar total. Nunca es una regla de Dios hacer de todo creyente un rico terrenal sino simplemente prosperarlo en todo cada. Esa prosperidad se da en diferentes niveles. No hay una regla para medir esa prosperidad. No se puede medir a través de automóviles lujosos, casas ostentosas, posesiones materiales o cuentas bancarias. Sino que es asunto de Dios y del hombre donde Dios lleva al hombre al nivel que él desea.

¿Dónde se desvía el “evangelio de la prosperidad del evangelio de Dios? El evangelio de la prosperidad pretende manipular las masas utilizando la Palabra de Dios. Han creado fórmulas de auto-enriquecimiento. Dónde se induce a los cristianos a ofrendar esperando que Dios lo devuelva. Como una especie de inversión accionista dónde una empresa por medio de sus ganancias pagará en un tiempo una cantidad mayor a la depositada.

La Palabra de Dios es clara:

El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito:
Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre.Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios II Cor. 6:9-12

Si bien es claro que Dios promete bendición cada vez los hijos de Dios aportan a las cosas de Dios, también esta claro que el corazón no puede estar puesto en lo que se va a recibir. A menudo los ministros del evangelio de la prosperidad hacen el mayor énfasis en “DAR MAS PARA RECIBIR MÁS”. El evangelio de Jesucristo, aunque asegura que Dios prosperará al dador alegre no se enfatiza en esa meta sino en la actitud de un corazón sincero, limpio y desinteresado. El texto favorito de muchos parece ser:

Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Ecl. 11:1

Notamos el uso de estos textos para enfatizar la multiplicación de lo ofrendado. Pero poco se insta a dar y prestar sin esperar nada:

“… y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande…” - Lucas 6:35

Este es el verdadero evangelio, aquel que predica el dar sin esperar nada, pero conscientes que Dios da galardones sin poner la mirada en los mismos.

El evangelio de la prosperidad y de la avaricia siempre pondrá el énfasis en lo que se recibirá a cambio. Tiene un problema de actitud y de interés por lo material. Su intención está contaminada con el corazón en el dinero:

“…Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas…” – Salmo 62:10

“porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos”. – I Tim 6:10-12

El dinero no es el pecado, el pecado consiste en su anhelo desenfrenado. Hoy día vemos mega-ministerios o iglesias gigantes que tienden a explotar a sus feligreses económicamente utilizando las estrategias antes mencionadas de enfatizar el ganar o multiplicar sus bolsillos por medios de la fórmula DA PARA RECIBIR MULTIPLICADO.

¿Qué los hace desviarse de la piedad?

Comúnmente tienden a envolverse en grandes deudas colosales cuya meta pudiera ser positiva. Construcciones de grandes templos y cadenas de radio y televisión para la predicación del evangelio y ganar almas. No hay nada erróneo en querer grandes proyectos para Dios. Pero no podemos utilizar dichos proyectos para errar en el blanco. Mejor fuera que se mantuvieran creciendo poco a poco sin la necesidad de explotar al pueblo de Dios de esta manera que endeudándose y desviando el corazón de los creyentes a pretender obtener riquezas por medio de las ofrendas. Nunca vimos a los apóstoles de la Biblia queriendo construir grandes coliseos como los de los romanos. Sin embargo, siempre recogían ofrendas y adelantaban la obra de Dios no dejándose caer en lazos del diablo ni de la avaricia.

¿Cuál es la voluntad de Dios para la prosperidad de sus hijos?

No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios. – Proverbios 30:8-9

Dios no tiene inconvenientes para bendecir a sus hijos:

E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: !Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió. – I Crónicas 4:10

¿Cuáles elementos poseía la oración de Jabes?

1) Deseo de cosas buenas y positivas.

2) Deseo de prosperar cada día.

3) Que Dios estuviera junto a él en todo momento, en todo asunto.

4) Que fuera librado del mal tanto de sus enemigos como de su propio corazón.

¿Qué vemos en Jabes?

Jabes representa el buen deseo de prosperidad, la sana prosperidad. No tiene nada que ver con intenciones de HACER OFRENDAS A DIOS PARA RECIBIR MULTIPLICADOS INTERESES.

En Conclusión, Dios desea la prosperidad de sus hijos. Pero esa prosperidad no puede ir de la mano con un corazón puesto en riquezas o logros terrenales aún por el mismo evangelio capaz de forzar la Sagrada Biblia para obtener favores compulsorios de Dios a manera de fórmula de generar ingresos por medio del ofrendar.

La prosperidad en Jesucristo pertenece tanto al que tiene bienes terrenales como al que no tiene.

“…he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece…” – Filipenses 4:12-13

Dios quien posee sabiduría y su visión sobre nuestra vida es la mas precisa sabe si puede brindarnos riquezas o abstenernos de ellas por nuestro propio bien. Ya que si un padre sabe que su hijo es débil en un aspecto, no lo expondría al mal dándoles los medios para caer en el. De Dios es la bendición y la sabiduría. Amén.