| A las puertas del Armagedón |  |
En los últimos años el mundo ha pasado por numerosas y dramáticas crisis. Unos afirman que estamos en el umbral de un audaz Nuevo Orden Internacional. Otros, en cambio, ¡advierten que la humanidad tambalea al borde de un abismo que la sumirá en un caos sin precedentes!
¡En estos tiempos, leer las noticias no es la forma más alentadora de comenzar la jornada! Día tras día los problemas del mundo se vuelven más acuciantes e insalvables. El interrogante que asalta a muchos seres humanos es... ¿qué nos deparará el mañana?
¿Pero ha logrado algún mortal traspasar las barreras del tiempo y vislumbrar el futuro? A lo largo de la Historia han habido muchos que afirmaron poseer tales poderes. Las predicciones de personajes como Nostradamus, los niños de Fátima, Edgar Cayce y Jeanne Dixon gozan hoy en día de amplia aceptación. Todo está ya dispuesto en el escenario internacional para el cumplimiento de una sobrecogedora visión en la que coincidieron muchos de aquellos videntes: una serie de sucesos tan cataclísmicos que transformará para siempre el mundo que hoy conocemos... ¡el Fin, el Apocalipsis, Armagedón!
Ahora bien, si uno quiere conocer el futuro, concretamente qué va a ocurrir, por qué, dónde, incluso cuándo, es imperativo escudriñar las miles de profecías registradas en este Libro: ¡La Biblia! La Historia ha demostrado la extraordinaria infalibilidad y exactitud de las profecías bíblicas. En vista de eso, no cabe duda de que los cientos de predicciones relativas a los postreros días de nuestro planeta —la Tierra— también se harán realidad con la misma precisión que las ya cumplidas. La cuestión es: ¿cuándo? ¿En algún futuro lejano, del que no tenemos por qué preocuparnos al presente? ¿O es que efectivamente nos encontramos a las puertas de esos acontecimientos culminantes que vaticinaron todos los profetas de la Biblia, entre ellos, el propio Jesús?
¡Hace 2.000 años los discípulos de Cristo anhelaban la respuesta a aquella misma incógnita! Le preguntaron: «Maestro, dinos, ¿cuándo será la señal de Tu venida, y del fin del mundo?» Echemos un vistazo a las señales o signos del Fin, a los que Jesús mismo nos dijo que debíamos estar atentos.
Precisó que esas señales se producirían poco antes de Su Segunda Venida y del fin del mundo en su estado actual:
En el capítulo 24 de S. Mateo, versículo 37, Jesús profetiza que como en los días de Noé, así será antes que Él regrese. ¿Cómo era, pues, la situación en los días de Noé? «Y vio Dios que la maldad de los hombres era mucha sobre la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia» (Génesis 6:5,11).
En Estados Unidos un adolescente mata a su padre por el simple placer de verlo morir desangrado. En Inglaterra dos niños de 10 años secuestran y asesinan brutalmente a un pequeñito de dos. Horrores de ese tipo se están volviendo moneda corriente. ¡Cuesta imaginarse que aun en los días de Noé hubiera tanta violencia como la que vemos hoy en día!
¡Vietnam! Los norteamericanos lloran la muerte de 58.000 jóvenes tras ocho años y medio de combates. Sin embargo, el índice de homicidios en las calles de las ciudades norteamericanas es cuatro veces esa cifra. Datos proporcionados por el FBI indican que 24.530 personas fueron asesinadas en los EE.UU. durante 1994. La dirección nacional de justicia de ese país estima que en 1992 se cometieron más de un millón de delitos con arma de fuego. Muchas de las víctimas fueron adolescentes asesinados por otros adolescentes que no tienen concepto del valor de la vida. Con angustia y desazón, la sociedad se pregunta: ¿por qué?
Los estudiosos de la conducta humana han determinado una de las principales causas. ¡Al cumplir quince años, el joven norteamericano común y corriente habrá presenciado por televisión la muerte violenta de más de 35.000 seres humanos, y otros 200.000 actos brutales de agresión!
En Estados Unidos se hace apología de la violencia. Prueba de ello es que los ídolos nacionales sean Stallone y Swartzenegger, especialistas en todo tipo de actos de agresión. Películas al estilo de las series Rambo y El exterminador —que han logrado recaudaciones millonarias— ilustran el voraz apetito de violencia que prima en el mundo de hoy.
Los dibujos animados de hoy en día están plagados de nefandos actos de violencia. Más aun que las «Tortugas Ninja» y «Los Simpson», la serie Beavis y Butthead, de la MTV, se ha ganado las preferencias de los niños. Lejos de la inocencia de los antiguos personajes de Disney, Beavis y Butthead se dedican a torturar animales, incendiar muebles y a hacer alarde de aborrecibles conductas juveniles. También abundan las películas de terror. Entre algunos preadolescentes se han puesto de moda reuniones en que ven este tipo de películas y practican actos repulsivos. Los videoclubes informan que los filmes de terror tienen particular demanda entre los chicos de 11 a 15 años.
A eso se suman los videos de música rock, muchos de los cuales dan un cariz romántico a la violencia, a la violación sexual y al homicidio. Entre los 12 y 17 años, un adolescente norteamericano escucha y ve un promedio de 11.000 horas de videos de rock, es decir, más del doble del tiempo que pasa en el colegio.
El fruto de todo esto es que en la era del rock´n´roll los delitos violentos protagonizados por gente joven han aumentado en más de 10.000%. Actualmente en los Estados Unidos se comete un delito con agresión cada 25 segundos. Se asalta una casa cada 9 segundos. Cada 6 minutos una mujer sufre una violación y cada 25 minutos se comete un homicidio. Lo único positivo de esta pavorosa ola de violencia es que —según la Biblia— viene a ser una más de las tantas señales inequívocas de la Segunda Venida de Jesucristo, ¡a partir de la cual se pondrá un alto definitivo a la violencia y la crueldad irracionales, y la guerra misma será abolida!
«Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá hambres...» (S. Mateo 24:7).
El General Eisenhower —ex presidente de los Estados Unidos— describió el costo de la guerra en t
érminos elementales: «Cada arma que se fabrica, cada nave de guerra que se bota, cada cohete que se dispara, es, en cierta forma, un robo contra los que padecen hambre y no reciben alimento; contra los que sufren de frío y no tienen abrigo.» (Dwight Eisenhower, 16 de abril de 1953)
Sin ir más lejos, la Guerra del Golfo costó a los aliados 500 millones de dólares al día, es decir unos 350.000 dólares por minuto.
Un avión de combate cuesta unos 25 millones de dólares.
Un misil Tomahawk, alrededor de 1.300.000.
Un misil aire-aire, 800.000.
- Los proyectiles de tanque oscilan entre 2.000 y 36.000 dólares cada uno.
Traducido a cifras más corrientes, por el precio de este misil los hambrientos alumnos de un colegio podrían almorzar todos los días durante 5 años.
Se calcula que en la década del 90 perecerán 100 millones de niños por inanición y enfermedades. ¡Esas 100 millones de muertes podrían evitarse al precio de diez bombarderos invisibles, o bien al equivalente a dos días del presupuesto militar combinado de todas las naciones!
La Organización Mundial de la Salud estima que un tercio de la población del planeta está bien alimentada, un tercio subalimentada, ¡y un tercio padece inanición! Desde que comenzó Ud. a ver este documental, por lo menos 200 personas habrán muerto de hambre en el mundo. Este año fallecerán más de 4 millones.
Lo paradójico es que el mundo sí está en condiciones de producir los alimentos necesarios para su creciente población. Si bien ciertas hambrunas obedecen a flagelos naturales, estos niños probablemente están desnutridos
a causa de la inhumanidad imperante, evidenciada por las guerras, los embargos y la corrupción, así como la dominación económica derivada de las descomunales deudas contraídas por muchos países en vías de desarrollo con acreedores internacionales. Éstos últimos indujeron a los gobernantes de aquellos países a solicitar abultados préstamos y ahora los mantienen subyugados mediante el cobro de exorbitantes intereses que garantizan la cada vez más aguda miseria de los endeudados y el continuo enriquecimiento de los prestamistas. Mientras estos niños mueren de inanición, los países prósperos de Occidente queman millones de toneladas de alimentos todos los años para mantener altos los precios. El hambre es por norma general resultado de la corrupción y rapacidad del hombre, y de su indiferencia por la suerte de su prójimo.
«...y habrá pestes y hambres y terremotos en diferentes lugares...» 27 de marzo de 1964. Alaska es devastada por un gigantesco terremoto que registró 8,4 en la escala de Richter. ¡Lo llamativo del caso es que en los 30 años posteriores al terremoto de Alaska ha habido la misma cantidad de terremotos de gran intensidad que en los 2.000 años anteriores de la Historia! Según el Alamanque Mundial, entre los años 1000 y 1800 no se produjeron sino 21 terremotos de gran magnitud. En cambio, entre 1800 y 1900 tuvieron lugar 18 convulsiones sísmicas de consideración. En los 50 años siguientes, entre 1900 y 1950 hubo 33 movimientos telúricos de grandes proporciones; y entre 1950 y 1991 esa cifra se elevó a 93, casi el triple de la del medio siglo anterior. En total esos terremotos cobraron la vida de un millón trescientas mil personas. Este espectacular incremento en los sismos de gran intensidad ha llevado a los científicos a predecir que estamos entrando en una nueva fase de grandes trastornos telúricos. ¡También la Biblia predice que los Postreros Días serán una época de gran actividad sísmica, en que la Tierra tambaleará como un ebrio y las torres y ciudades de las naciones se desplomarán! 17 de enero de 1994. Un terremoto de 6,6 en la escala de Richter ocasiona daños por valor de 30.000 millones de dólares en Los Ángeles. Los sismólogos predicen que el inminente gran terremoto de California podría ser 50 veces más fuerte. 17 de enero de 1995. Más de 5.000 muertos y 26.000 heridos es el saldo del terremoto del Gran Hanshin, en el Japón. La ciudad portuaria de Kobe queda en ruinas, su infraestructura destruida y más de 300.000 personas sin techo. Científicos japoneses del centro sismológico de Tsukuba predicen que un terremoto de más de 8 puntos en la escala de Richter podría ocurrir en la zona de Tokio en un futuro cercano. Cuando se produzcan los terremotos de California o Tokio, como está previsto, ¡el número de víctimas fatales y la devastación, así como el impacto que tendrán en la economía mundial serán inconcebibles!
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«El Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores, y a doctrinas de demonios...» (1ª a Timoteo 4:1). En Estados Unidos esta apostasía se consumó en 1963 cuando en los colegios se prohibieron la Biblia y la oración. Hoy en miles de esos mismos colegios se dictan cursos de hechicería, ¡y con reconocimiento oficial! Se calcula que existen en Estados Unidos unos 200.000 brujos practicantes. Sumado a eso, millones de norteamericanos participan una que otra vez en alguna forma de ocultismo, espiritismo, demonología o magia negra. ¡Datos estadísticos indican que en los últimos cuatro años las ventas de libros sobre ocultismo se han duplicado!
El satanismo hoy en día no se circunscribe al ámbito de pequeñas sectas. Muchos videos de rock son muestras descaradas de culto a Satanás, en los que no faltan la simbología, la liturgia y los rituales propios de la brujería. Millones de jóvenes han caído bajo su perversa influencia. ¡Estos sonidos terroríficos atormentan a la gente joven, arrastrándola a la demencia, a la toxicomanía, al suicidio, a perversiones de todo tipo y a la perdición! Poco a poco «espíritus engañadores» han hecho presa en el mundo. Los videoclips de vanguardia demuestran que los actos más desvergonzados de blasfemia y profanación son hoy socialmente aceptados.
En el Apocalipsis, el apóstol Juan vislumbró que en los postreros días el mundo se apartaría de Dios para rendir culto a Satanás. Semejante profecía habría parecido inverosímil a las generaciones anteriores. Hoy en día ya no... Se ha dicho que el satanismo puro y duro constituye «la subcultura de mayor difusión entre los adolescentes de muchos países», y la brujería y el ocultismo, ¡una de las religiones de más rápido crecimiento en el mundo!
«Y oiréis de guerras y rumores de guerras... Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino» (S. Mateo 24:7).
Ningún otro período de la Historia ha conocido una escalada bélica como la registrada en el siglo XX. La Cruz Roja estima que más de 100 millones de personas han perecido desde comienzos de siglo a causa de las guerras. Hasta 1914 los conflictos armados nunca habían tenido alcance universal. Sin embargo, la primera y la segunda guerra mundial sí afectaron todo el planeta. Desde la Segunda Guerra Mundial —la conflagración que garantizaría el fin de todo conflicto armado— han estallado numerosas guerras y cientos de alzamientos y revoluciones. La cifra de muertos en enfrentamientos bélicos desde el final de la Segunda Guerra Mundial supera ya los 23 millones
¡Noviembre de 1989! La caída del muro de Berlín señala el final de la Guerra Fría entre las superpotencias. No obstante, en lugar de la ansiada paz, se produjeron más «guerras y rumores de guerras» en todo el orbe. En 1993 se libraron 29
conflictos bélicos de envergadura, cifra récord. El pasaje «se levantará nación contra nación, y reino contra reino» podría traducirse como «grupo étnico contra grupo étnico», una profecía cumplida con pavorosas consecuencias en la antigua Yugoslavia, Ruanda y otros sitios conflictivos del planeta. Aparte la escalada de «guerras y rumores de guerras», han incrementado las crueldades perpetradas en los enfrentamientos bélicos. Nos hemos insensibilizado ante noticias de atrocidades, torturas, violaciones masivas y asesinatos, que ponen de manifiesto la monstruosa barbarie de la que es capaz el hombre moderno cuando no se sujeta a la autoridad de Dios. Y no podemos ignorar la cantidad de vidas perdidas y recursos destruidos en las guerras de Irak y abganistan, asi como Georgia y Osetia del Norte.

¡Fíjate en la economía mundial actual ¡Parece mentira la situación caotica en que se encuentra! ¡No hay que ser
un genio en cuestiones económicas ni haber estudiado economía para darse cuenta de los graves peligros provocados por la subida astronómica de los precios y el diario descenso del valor del dinero! ¡Al ver que la inflación alcanza unas cifras record en todo el mundo y que el coste de la vida sube con más rapidez que los sueldos, en todas partes del mundo la gente está empezando a darse cuenta por fin de que la cosa está muy mal! Y ahora, un país tras otro se encuentra con una deuda de miles de millones de dolares al FMI y el banco mundial, sin ninguna esperanza auténtica de poder devolver el dinero que tomó prestado; ¡hasta los economistas más respetados del mundo están alarmados ante las perspectivas del futuro y advierten que nos encontramos frente al hundimiento económico más peligroso de toda la historia! La mayoría de las personas saben que la situación monetaria internacional es problemática, pero no saben qué medidas tomar. ¡Ni siquiera se atreven a pensarlo, porque se volverían locas! Por eso, la actitud del público en general es «seguir como siempre». ¡No se atreven a detenerlo porque todo se vendría abajo!
¡No va a afectar sólo a la Bolsa! Ése es siempre el indicador, el barómetro. Cuando el barómetro baja, todavía no ha estallado la tormenta; quiere decir que se aproxima una. La Bolsa es el barómetro de la situación económica y comercial, ¡y todos los barómetros del mundo están bajando, y alcanzado niveles más bajos que nunca, niveles catastróficos! En la actualidad, ¡el mundo está mucho peor, en una situación mucho más grave que nunca!
La última vez se tardó solamente tres años (el colapso económico de 1929); pero con los actuales medios de transporte, de comunicación y de información, ¡todo se mueve mucho más rápido! Todos tienen más experiencia, saben lo que sucedió la última vez, cuál será el rumbo que tomarán los acontecimientos, ¡y esta vez procurarán escapar más rápido y ponerse a salvo enseguida! Y cuanto más rápido lo hagan, ¡antes se moverá todo, y antes vendrá el colapso total! ¡Es un círculo vicioso!
¡Todo lo que haría falta sería que este colapso económico se agravara tanto que causara el hundimiento total del mundo! ¡Entonces alguien tendría que salvarlo y él aparecería como salvador! Dirá: «¡Yo los salvaré! Con la condición de que hagan esto y lo otro, con la condición de que instituyan este tipo de economía y de medidas, esta clase de Marca, un número de identidad», ¡o como quieran llamarlo! ¡Es tan fácil de llevar a efecto que podría suceder casi de la noche a la mañana! «¿Quieren salir de este gigantesco lío, quieren salir de este espantoso colapso económico, quieren salvar nuestra economía, salvar nuestras propias vidas, quieren comer? ¡Es preciso que acepten esta Marca!»
En 1789 George Washington empleó 8 días en viajar 320 km hasta su ceremonia de asunción de mando en Nueva York. El que le haya tomado 8 días en sí no tiene mayor importancia. ¡Lo sorprendente es que Julio César habría recorrido la misma distancia en igual tiempo! Durante miles de años no hubo progresos importantes en cuanto a transporte.
Moisés o Nabucodonosor podrían haberse desplazado igual de rápido. Julio César, que vivió en el siglo I a.C., se habría sentido menos desubicado en el siglo XIX que Benjamín Franklin en el nuestro. Por primera vez en la Historia, nadie muere en la edad histórica en que nació. 
Se ha demostrado que el punto central de todo el conocimiento humano se sitúa hace menos de diez años; es decir, que éste se duplicó en la pasada década.
Cuando la nave Apolo 13 se perdió en el espacio, escasos 90 minutos fueron necesarios para que los ordenadores de la NASA dieran con la forma de recuperarlos. Con papel y lápiz, a un científico le hubiera tomado un millón de años la misma hazaña.
El 80% de los científicos que han existido en la Historia están vivos hoy en día. Cada minuto añaden 2.000 páginas a los conocimientos científicos que del hombre. A una persona le llevaría 5 años leer todo lo publicado cada 24 horas por investigadores y estudiosos. Anualmente se editan unos 500.000 libros.
No obstante, desde 1970, la informática se ha desarrollado con tal vertiginosidad que si la industria automotriz hubiera avanzado al mismo ritmo, ¡hoy en día se podría comprar un Rolls Royce a tres dólares!... ¡para colmo, cabrían ocho sobre la cabeza de un alfiler! El principal componente electrónico de las computadoras —el transistor— se inventó en 1948 en los laboratorios Bell. En 1994 un microcircuito podía cumplir las mismas funciones que 3 millones de transistores. Para fines de siglo, un chip podrá procesar igual cantidad de datos que mil millones de transistores. ¡Las máquinas se han vuelto tan complejas que sólo los técnicos más especializados entienden su funcionamiento!
Con todo, ¿han logrado esos asombrosos descubrimientos científicos y avances tecnológicos civilizar más al hombre o proporcionarle más felicidad? Por lo visto, cuantos más artefactos y artículos de lujo adquiere en su afán de hallar satisfacción, ¡más desdichado se vuelve!
Es innegable que la ciencia ha aumentado en el mundo moderno, pero aunque los llamados países desarrollados afirman contar con los sistemas educativos más avanzados y costosos de la historia de la humanidad, ¡la última generación que han producido —como es el caso de los Estados Unidos— es la más desorientada, ignorante y violenta de todas!
La Marca de la Bestia 666 |
«Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre... Y su número es seiscientos sesenta y seis» (Apocalipsis 13:16-18).
¡666! ¡La Marca de la Bestia! Casi todo el mundo ha oído hablar de esta profecía, según la cual en los postreros días nadie podrá comprar ni vender a menos que lleve «la marca del Diablo». Nuestra generación es la primera de la Historia tecnológicamente capaz de llevar a efecto esta visión profética de una economía no basada en el papel moneda. Cada artículo que se expende en este supermercado lleva impreso su propio código de barras.
Es curioso que este sistema de codificación de mercancía tenga tres barras no numeradas ligeramente más largas que las demás: una al extremo izquierdo, otra en el centro y la última al extremo derecho. En contraste, las otras barras tienen asignado un número. Pero analicemos esta línea en particular. Veremos que corresponde al número seis y que es exactamente igual a las tres líneas no numeradas, a las cuales por deducción, también les tocaría el número seis. Esto en esencia quiere decir que todo artículo estampado con el código de barras ya lleva impreso el 666. Este método de codificación no es más que un precursor de otras técnicas más avanzadas que se vienen desarrollando y que nos conducen vertiginosamente hacia una economía global automatizada descrita en el capítulo 13 del Apocalipsis.
En este supermercado se aceptan tres modalidades de pago: puedo cancelar con dinero en efectivo, con cheque, o con tarjeta de crédito. Otra cosa que se promueve mucho hoy en día es la tarjeta de crédito automático. Cuando presento en caja esta tarjeta, la empleada la pasa por un explorador electrónico interconectado a mi banco. En cuestión de segundos el importe se deduce de mi cuenta y se acredita a la de la tienda.
La tarjeta de crédito automático ya se ha introducido en muchos países tiene buena acogida entre comerciantes, bancos y consumidores.
También existen las tarjetas inteligentes, o de cajero automático, que tienen instalado un microchip. Muchos habremos oído hablar de estos prodigiosos dispositivos electrónicos que no solo permiten acceso a cuentas bancarias, sino que además contienen nuestra identificación, historia clínica, carnet de conducir, fotografías, datos requeridos por la asistencia social y toda suerte de información. Estas tarjetas se encuentran ya en etapa experimental en varios países.
A la luz de todo esto, no hay que ser mago para adivinar que el dinero en efectivo tiene los días contados. Es que hay razones poderosas por las que conviene que desaparezca. Los pagos en metálico hacen posibles los negocios turbios de los narcotraficantes, quienes muchas veces llenan maletas enteras en una sola transacción. No habiendo papel moneda, cesaría por completo la venta ilegal de estupefacientes. Es más, se eliminaría buena parte de las actividades delictivas, desde un simple robo hasta el terrorismo. Además sería una suerte de panacea para muchos de los gravísimos males económicos y sociales que aquejan al mundo. No es de extrañar entonces que muchos gobiernos propugnen con inusitado entusiasmo el establecimiento de una sociedad sin dinero.
Pero antes de suprimir el efectivo, los cheques y las tarjetas de crédito (gracias), es imperativo desarrollar un sistema de identificación a prueba de error que garantice que quien presente una tarjeta para realizar una transacción sea el titular de la misma.
Ya se han perfeccionado varios sistemas de filiación muy seguros, como este lector de huellas digitales. El único problema que presentan estos aparatos es su alto costo. Para organizar una sociedad en la que ya no se use dinero, tendría que haber uno de estos artefactos en cada pequeña tienda y comercio.
Como decíamos, cada una de estas terminales de identificación cuesta miles y miles de dólares; en cambio los microcircuitos que contienen las tarjetas electrónicas de plástico no valen sino unos dólares. Ahora bien, supongamos que en lugar de instalar el chip en la tarjeta se le implanta a su dueño debajo de la piel. Una vez implantado, el chip puede ser leído por un scanner muy económico parecido al del supermercado. ¡De aplicarse esa técnica, usted mismo suplantaría la tarjeta electrónica, con lo que se ahorraría el costoso proceso de determinar que el portador de la misma es, en efecto, su titular.
Hoy por hoy las técnicas para efectuar una implantación de tales características no solo existen, sino que se están ensayando ya en muchas partes del mundo. El ministerio de salud de los Estados Unidos afirma que en Washington y otras ciudades ya se está probando a gran escala el plan de identificación Microdot. Una micropastilla del tamaño de la cabeza de un alfiler, que cuesta menos de 25 centavos de dólar, se inyecta 5 ó 6 milímetros debajo de la piel. Ésta se activa con un escáner portátil y facilita la plena identificación de la persona que la lleva implantada. Como se ve, el camino ya está allanado para la introducción de la Marca de la Bestia. Tanto la tecnología como la plena aceptación de ésta por parte del público se están plasmando. Casi todos los días oímos hablar del Nuevo Orden Internacional o de la Aldea Global. Paulatinamente la opinión pública va interiorizando estos conceptos. Mientras tanto, el mundo va rumbo a un sistema económico y político internacionalista desprovisto de dinero en efectivo; una sociedad controlada por un banco de datos electrónico que cubre todo el orbe, rastrea a cada hombre, mujer y niño, y registra dónde cruza fronteras y cuándo compra o vende algo. Es decir, ¡una sociedad igual a la presagiada en el capítulo 13 del Apocalipsis hace casi 2000 años!
«Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro... Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos...» (Apocalipsis 14:9,10).
Este castigo puede parecer muy severo, por el solo hecho de aceptar una marca que permita la compra de víveres. Sin embargo, esta profecía indica que hacerse colocar la Marca de la Bestia no es una decisión meramente económica, sino que equivale a aceptar y rendir culto al Anticristo —un hombre poseído por Satanás— y supone una declaración de lealtad a su régimen mundialista antidiós.
«Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase» (Apocalipsis 13:15).
Buena parte del Apocalipsis describe con detalles aterradores las pestilencias, plagas y monstruos que Dios desatará para atribular a las fuerzas del Anticristo empeñadas en acabar con todos los que se nieguen a aceptar la La Biblia describe con asombrosa precisión cuánto durará ese período de Gran Tribulación; lo expresa en años, meses y días: tres años y medio, 42 meses o 1260 días. Eso significa que a partir del día en que el Anticristo quebrante el acuerdo de paz y erija su imagen en Jerusalén, ¡comenzará la cuenta regresiva hasta la Segunda Venida de Jesucristo y sabremos exactamente cuántos días faltan!
«Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo con poder y gloria ¡Fulgurantes luces, trompetas, truenos, terremotos y colosales lluvias de meteoros anunciarán este acontecimiento culminante de la Historia! Los hijos de Dios de todas las épocas resucitarán con cuerpos gloriosos sobrenaturales. Súbitamente se levantarán de sus tumbas y ascenderán para encontrarse con Jesús en el aire. ¡Los cristianos que aún estén con vida serán transformados y se elevarán de la tierra, atravesando techos, edificios y automóviles, hasta alcanzar las nubes, donde se reunirán con el Señor! Con estas imágenes pinta la Biblia la Segunda Venida de Cristo, Quien arrebata a Sus hijos del alcance de sus viles perseguidores —los partidarios del Anticristo— y se los lleva como una ráfaga a la celebración de victoria más espléndida y estremecedora que jamás se haya visto: ¡la Cena de las Bodas del Cordero, que tendrá lugar en el Cielo! Mientras tanto, en la tierra, se derrama la espantosa ira de Dios sobre las fuerzas del Anticristo que hayan quedado atrás. ¡Será un período tan espeluznante que la Biblia dice que los hombres «buscarán la muerte pero no la hallarán»!
Luego —poco después de la Segunda Venida de Cristo—, descenderán las huestes del cielo encabezadas por Jesús para acabar con el Anticristo y destruir su imperio mundial en la imponente batalla de Armagedón.
La aniquilación del Anticristo y sus ejércitos se producirá en el valle de Meguido y sus alrededores, cerca de Haifa, Israel. Señalará el fin de los crueles regímenes del hombre sobre la tierra. ¡Jesús —Rey de reyes y Señor de señores—, junto a Sus huestes celestiales tomará el mundo por la fuerza para gobernarlo rectamente, lo que habría sucedido desde un principio, de no haber desobedecido el hombre a Dios y emprendido con egoísmo su propio camino! A partir de ese momento comienza una era que se conoce como el Milenio, un período de mil años de paz, abundancia y de paraíso terrenal.
Las interpretaciones de las profecías de la Biblia que hemos examinado no son en modo alguno singulares. Coinciden con las de millones de cristianos, tanto católicos como protestantes. Muchos musulmanes sostienen que pasajes del Corán y otros escritos islámicos predicen algunos de estos mismos acontecimientos apocalípticos.
Una de las finalidades de las profecías de la Biblia es la de prevenirnos de estos grandes sucesos del Fin de los Tiempos, para que no nos tomen por sorpresa y tengamos la seguridad de que todo ello forma parte de los designios divinos.
Cortesia: La familia