|
|
El Pecado: Su Carácter y Universalidad por Lewis Sperry ChaferA.- LAS ESPECULACIONES HUMANAS SOBRE EL PECADO
Puesto que el pecado es un factor dominante en la experiencia humana a la vez que el tema principal de la Biblia, ha sido motivo de discusiones sin fin. Aquellos que rechazan la revelación escritural tienen con frecuencia conceptos inadecuados acerca del pecado. Una característica familiar del modo no bíblico de enfocar la cuestión es considerar el pecado hasta cierto punto como una ilusión, es decir, que el pecado es sólo un mal concepto basado sobre la falsa teoría de que existe el bien y el mal en el mundo. Por supuesto, esta teoría fracasa al enfrentarse a los hechos de la vida y a la maldad del pecado y niega la existencia de un Dios y principios morales.
Otro antiguo enfoque del problema del pecado es mirarlo como un principio inherente, lo opuesto de lo que Dios es, y relacionarlo con el mundo físico. Esto se encuentra en la filosofía oriental y también en el gnosticismo griego y es el trasfondo tanto para el ascetismo, la negación de los deseos del cuerpo, como para el epicureísmo, que aboga por la indulgencia del cuerpo. El hecho, sin embargo, es que se niega que el hombre peque realmente y que sea responsable ante Dios. Un concepto común, aunque inadecuado, es que el pecado es nada más que egoísmo. Si bien es cierto que el pecado es a menudo egoísmo, este concepto no es aplicable a todos los casos, porque el hombre peca a veces contra sí mIsmo.
Todas estas teorías no alcanzan el nivel bíblico y son una negación de la revelación bíblica del carácter y de la universalidad del pecado.
B.- LA DOCTRINA BIBLICA DEL PECADO
Reconociendo que hay varios pecados definidos en la Palabra de Dios, llegamos, a base de las Escrituras, a la conclusión de que el pecado es cualquier falta de conformidad al carácter de Dios, ya sea en obra, disposición o estado. En la Palabra de Dios se definen varios pecados, como se ilustran, por ejemplo, en los Diez Mandamientos que Dios dio a Israel (Ex. 20:3-17). El pecado es tal porque es diferente de lo que Dios es, y Dios es eternamente Santo. El pecado siempre es contra Dios (Sal. 51:4; Lc. 15:18), aun cuando pueda ser dirigido contra seres humanos. Una persona que peca es, de acuerdo a ello, sin semejanza a Dios y sujeta al juicio de Dios. La doctrina del pecado se presenta en cuatro aspectos en la Biblia:
1. El pecado personal (Ro. 3:23) es la forma de pecado que incluye todo lo que en la vida diaria está en contra o fracasa en conformidad con el carácter de Dios. Los hombres son conscientes con frecuencia de sus pecados personales, y los pecados personales pueden tomar una gran variedad de forma. Hablando en forma general, el pecado personal se relaciona con algún mandamiento particular de Dios en la Biblia. Incluye el aspecto de rebelión o desobediencia. Al menos ocho palabras importantes se usan para el pecado en el Antiguo Testamento y unas doce en el Nuevo Testamento; la idea básica es la falta de conformidad al carácter de Dios y el obrar por medio de actos ya sea de omisión o de comisión. La idea esencial es que el hombre no alcanza a la norma y fracasa en alcanzar el nivel del propio carácter de santidad de Dios.
2. La naturaleza pecadora del hombre (Ro. 5:19; Ef. 2:3) es otro aspecto importante del pecado tal como se revela en la Biblia. El pecado inicial de Adán le llevó a la caída, y en la caída él se volvió un ser completamente diferente, depravado y degenerado y sólo capaz de engendrar seres caídos como él mismo. Por lo tanto, cada hijo de Adán es nacido con la naturaleza adámica, siempre está predispuesto a pecar, y aunque su naturaleza fue juzgada por Cristo en la cruz (Ro. 6:10), una fuerza vital y activa permanece en cada vida del cristiano. Nunca se dice que será quitada o erradicada en esta vida, pero para el cristiano hay poder vencedor provisto a través del Espíritu que mora en él (Ro. 8:4; Gá. 5:16-17).
Muchos pasajes bíblicos hacen alusión a este importante asunto. De acuerdo con Efesios 2:3, todos los hombres «éramos por naturaleza hijos de ira», y toda la naturaleza del hombre es depravada. El concepto de la total depravación no es que cada hombre es lo más malo posible que él pueda ser, sino más bien que el hombre, a través de su naturaleza, está corrompido por el pecado (Ro. 1: 18 3: 20). De acuerdo a ello, el hombre, en su voluntad (Ro. 1:28), su conciencia (1 Ti. 4:2) y su intelecto (Ro. 1:28; 2 Co. 4:4), está corrompido y depravado, y su corazón y entendimiento están cegados (Ef. 4:18).
Como se ha visto en un estudio previo, la razón por la cual los hombres tienen una naturaleza pecaminosa es porque les fue transmitida por sus padres. Ningún niño nacido en el mundo se ha visto libre de esta naturaleza de pecado excepto en el único caso del nacimiento de Cristo. No es que los hombres pequen y se conviertan en pecadores; más bien es que los hombres pecan porque tienen una naturaleza pecaminosa. El remedio para esto, así como para el pecado personal es, por supuesto, la redención, la cual es provista en la salvación en Cristo.
3. También se presenta en la Biblia el pecado como imputado o computado en nuestra cuenta (Ro. 5:12-18). Como se vio en conexión con la caída del hombre en el capítulo anterior, hay tres imputaciones principales presentadas en las Escrituras: a) la imputación del pecado de Adán a su descendientes, en cuyo hecho se basa la doctrina del pecado original; b) la imputación del pecado del hombre a Cristo, en cuyo hecho está basada la doctrina de la salvación; y c) la imputación de la justicia de Dios en aquellos que creen en Cristo, en cuyo hecho se basa la doctrina de la justificación.
La imputación puede ser tanto a) actual, o b) judicial. La imputación actual es poner en la cuenta de alguien algo que originalmente ya pertenecía al deudor. Aunque Dios pueda hacer esto en su justicia, por la obra reconciliadora de Cristo Dios no está ahora imputando al hombre el pecado, el cual es suyo desde un principio (2 Co. 5:19).
La imputación judicial es cargar a la cuenta de alguien algo que no pertenece al deudor (Flm. 18).
Aunque ha habido desacuerdo en cuanto a si la imputación del pecado de Adán a cada miembro de la raza es actual o judicial, Romanos 5:12 declara claramente que la imputación es actual, en vista de la cabeza representativa; la posteridad de Adán pecó cuando él pecó.
Los próximos dos versículos (Ro. 5:13-14) se han escrito para probar que no es una referencia a pecados personales (cf. He. 7:9-10). Sin embargo, Romanos 5:17-18 implica que su imputación también es judicial, puesto que se establece que por el pecado de un hombre vino juicio sobre todos los hombres. Sólo el pecado inicial de Adán está en cuestión. Su efecto es la muerte, tanto para Adán, así como de Adán hacia los miembros de la Humanidad. La cura divina provista para el pecado imputado es el don de Dios, lo cual es vida eterna a través de Jesucristo.
4. El estado judicial resultante de pecado para toda la raza humana también se presenta en la Escritura. Por consideración divina el mundo entero, incluyendo judíos y gentiles, está ahora «bajo pecado» (Ro. 3:9; 11:32; Gá. 3:22). Estar bajo pecado es estar contado desde el punto de vista divino sin ningún mérito que pueda contribuir a la salvación. Puesto que la salvación es solamente por gracia y la gracia excluye todos los méritos humanos, Dios ha decretado, con respecto a la salvación de los hombres, que sea «bajo pecado», o sin ningún mérito. Este estado bajo pecado sólo es remediado cuando el individuo, a través de las riquezas de la gracia, es contado para permanecer en los méritos de Cristo.
Tomado como un todo, la Biblia indica claramente los efectos devastadores del pecado sobre el hombre y la ausencia total de esperanza para el hombre en cuanto a solucionar su propio problema de pecado. El correcto entendimiento de la doctrina de pecado es esencial para entender el remedio de Dios para el mismo.
Salvación De La Pena Del Pecado
A. El significado de la salvacion
La revelación divina en cuanto a la salvación debería ser dominada por cada hijo de Dios: 1) puesto que la salvación personal depende de ello, 2) es el mensaje que Dios ha comisionado al creyente a proclamar al mundo, y 3) descubre la completa medida del amor de Dios.
De acuerdo a su amplio significado como se usa en la Escritura, la palabra «salvación» representa la obra total de Dios por medjo de la cual Él rescata al hombre de la ruina eterna y la sentencia del pecado y le confiere las riquezas de su gracia, incluyendo la vida eterna ahora y en la gloria eternal en los cielos. «La salvación es de Jehová» (Jon. 2:9). Por lo tanto, en cada aspecto es una obra de Dios en favor del hombre, y no es en ningún sentido una obra del hombre a favor de Dios.
Ciertos detalles de esta empresa divina han variado de edad en edad. Estamos seguros de que, comenzando con Adán y continuando con Cristo, aquellos individuos quienes ponen su confianza en Dios han sido renacidos espiritualmente y hechos herederos de la gloria en los cielos. De igual manera,la nación de Israel renacerá espiritualmente de una vez» en el tiempo de la venida del Señor (Is. 66:8).
También se dice que las multitudes tanto de judíos como de gentiles que vivan en la tierra durante el reino venidero conocerán al Señor desde el más pequeño hasta el más grande (Jer. 31:34). Sin embargo, la salvación ofrecida a los hombres en la edad presente no solamente está revelada más completamente en la Biblia en cuanto a sus detalles, sino que también excede grandemente cualquier otra obra salva-dora de Dios en las maravillas que lleva a cabo, puesto que la salvación que se ofrece en la edad presente incluye cada una de las fases de la obra de gracia de Dios tal como el morar, el sellar y el bautismo del Espíritu.
B. La salvacion como el remedio de Dios para el pecado
Aun cuando se hacen ciertas distinciones en la doctrina bíblica del pecado, hay dos hechos universales que deben considerarse en primer lugar:
1. El pecado es siempre condenable, ya sea que lo cometa el salvaje o el civilizado, el no regenerado o el regenerado. Aunque puede haber diferentes grados de castigo para el pecador (Lc. 12:47-48), todo pecado es invariablemente «pecaminoso» en sí mismo, porque constituye una ofensa contra la santidad de Dios.
2. El único remedio para el pecado está en la sangre derramada del Hijo de Dios. Esto es tan cierto cuando se trata de los que por medio de sacrificios de animales anticiparon la muerte de Cristo en la cruz, como lo es de aquellos que por fe miran ahora retrospectivamente hacia el sacrificio del Cordero de Dios.
Si la pena del pecado puede ser remitida es porque hubo otro que en su carácter de sustituto satisfizo todas las demandas que la justicia divina tenía contra el pecador. En el antiguo orden, el pecador no era perdonado sino hasta que el sacerdote había presentado el sacrificio cruento para expiación, el cual anticipaba la muerte de Cristo en la cruz (Lv. 4:20, 26, 31, 35; 5:10, 13, 16, 18; 6:7; 19:22; Nm. 15:25-26, 28). Y después que el sacrificio del Hijo de Dios se ha consumado, prevalece la misma verdad tocante a que su sangre derramada en el Calvario es la base del perdón para todo pecador. Este es el testimonio de la Palabra de Dios:«En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (Col. 1:14; Ef. 1:7).
La muerte vicaria de Cristo es infinitamente perfecta en su eficacia redentora, y, por lo tanto, el pecador que confía en Él es no solamente perdonado, sino también justificado para siempre (Ro. 3:24). Dios nunca ha tratado el pecado con lenidad. Al pecador no se le impone ninguna carga por el perdón; pero si es perdonado se debe tan sólo a que el castigo divino por el pecado cayó con todo su rigor sobre el Cordero de Dios (1 P.2:24; 3:18).
C. El pecado antes de la cruz y despues de la cruz
1. Se dice que el método divino de tratar con el pecado antes de La cruz fue la expiación. Según su uso bíblico, la palabra «expiación» significa sencillamente «cubrir». «La sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados» (He. 10:4). La sangre del sacrificio indicaba de parte del que lo ofrecía su reconocimiento de la justa pena de muerte impuesta sobre el pecador (Lv. 1:4); y de parte de Dios era una anticipación de la sangre eficaz que Cristo derramara en la cruz. Por el hecho de simbolizar la sangre derramada de Cristo, la sangre de la expiación servía para cubrir el pecado como en un pacto de promesa hasta el día cuando Cristo viniera a tratar en forma definitiva con el pecado del mundo.
Hay en el Nuevo Testamento dos pasajes que arrojan luz sobre el significado de la palabra antiguo testamentaria expiación.
a) En Romanos 3:25 la palabra «remisión» tiene el significado de «pasar por alto», y es en relación con este significado que se declara que Cristo demostró en su muerte que Dios había sido justo en pasar por alto los pecados cometidos antes de la cruz y por los cuales la sangre de los sacrificios se había vertido. Dios había prometido enviar al Cordero que sería capaz de quitar el pecado del mundo, y en base de esta gran promesa había perdonado el pecado antes de la cruz.
Por consiguiente, por medio de la muerte de Cristo quedó plenamente demostrado que Dios ha sido justo en todo lo que Él ha prometido.
b) En Hechos 17:30 se afirma que Dios «pasó par alto» los tiempos de esta ignorancia.
2. En Romanos 3:26 se declara cuál ha sido el método divino de tratar con el pecado después de la cruz. Cristo ha muerto. El valor de su sacrilegio no es ya un asunto de expectación que debe tomarse coma un pacto de promesa y simbolizarse par la sangre de las animales ofrecidos en el altar; la sangre de Cristo ha sida derramada, y ahora lo único que se demanda de toda persona, sin tomar en cuenta cual sea su grada de culpabilidad, es que crea en la que la gracia infinita ha consumado para salvación del pecador. El versículo que tenemos delante revela que los juicios que pesaban sobre cada pecador Cristo los llevó completamente en la cruz, a fin de que Dios pudiera permanecer justo, a sea inalterable en su santidad. Aparte de todo castigo, Él justificará al pecador que tan sólo crea en Jesús.
Como antes se ha dicho, la palabra expiación, la cual aparece sólo en el Antiguo Testamento, significa. D. Los tres tiempos de la salvacion
1. El tiempo pasado de la salvación está revelado en ciertos pasajes los cuales, cuando hablan de la salvación, se refieren a ella siendo completamente en el pasado, o completada para el que ha creído (Lc. 7:50; 1 Co. 1:18; 2 Co. 2:15; Ef. 2:5, 8). Tan perfecta es esta obra divina que del salvado se dice que está salvado para siempre (Jn. 5:24; 10:28, 29; Ro. 8:1).
2. El tiempo presente de la salvación, el cual será el tema del próxirno capítulo, tiene que ver con la salvación presente del poder del pecado (Ro. 6:14; 8:2; 2 Co. 3:18; Ga. 2:19-20; Fil. 1:19; 2:12-13; 2 Ts. 2:13).
3. El tiempo futuro de la salvación contempla que el creyente será aún salvo dentro de total conformidad con Cristo (Ro. 8:29; 13:11; 1 P.1:5; 1 Jn. 3:2). El hecho de que algunos aspectos de la salvación están aún por ser cumplidos para el que cree no implica que hay terreno de duda en cuanto a su cumplimiento final; pues en ninguna parte se enseña que ningún rasgo de la salvación depende sobre la fidelidad del hombre. Dios es fiel y, habiendo comenzado una buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Fil. 1:6).
E. La salvacion como la obra terminada de Cristo
Cuando se contempla la obra de Dios para los hombres perdidos, es importante distinguir entre la obra acabada de Cristo por todos, la cual está completa en una perfección infinita, y la obra salvadora de Dios, la cual es aplicada para y en el individuo en el momento en que el cree en Cristo.
«Consumado es» es la última frase registrada de Cristo antes de su muerte (Jn. 19:30). Es evidente que Él no se estaba refiriendo a su propia vida, su servicio o su sufrimiento; sino más bien a una obra especial la cual su Padre le había dado para hacer, la cual ni aun había comenzado hasta que Él estuvo en la cruz y que fue completada cuando murió.
Esto era definidamente una obra para todo el mundo (Jn. 3:1ó; He. 2:9), y proveyó redención (1 Ti. 2:6), reconciliación (2 Co. 5:19) y propiciación (1 Jn. 2:2) para cada hombre.
El hecho de que Cristo haya muerto no salva a los hombres, pero provee una base suficiente sobre la cual Dios, en completa armonía con su santidad, es libre para salvar aún al peor de los pecadores. Estas son las buenas nuevas las cuales el cristiano está comisionado a proclamar a todo el mundo. La sangre del Unigénito y amado Hijo de Dios fue lo más precioso delante de sus ojos; sin embargo, fue el pago para el rescate del pecador. La ofensa del pecado había separado al pecador de Dios, pero Dios proveyó a su propio Cordero para quitar el pecado para siempre. Los santos juicios de Dios estaban contra el pecador a causa de su pecado; no obstante, Cristo fue la propiciación para el pecado de todo el mundo.
El hecho de que todo esto esté ya terminado constituye un mensaje el cual se pide al pecador que crea como el testimonio de Dios. Uno apenas puede creer que alguien que haya oído este mensaje no haya experimentado un sentido de alivio de que el problema del pecado ha sido solucionado de esta manera, y que haya respondido en un sentido de gratitud a Dios por esta bendición gratuita.
F. La salvacion como obra salvadora de Dios
La obra salvadora de Dios, la cual se cumple en el momento en que uno cree, incluye varias fases de la obra de Dios en la gracia: redención, reconciliación, propiciación, perdón, regeneración, imputación, justificación, santificación, perfección, glorificación. Por medio de ella somos hechos capaces de ser participes de la herencia de los santos (Col. 1:12), hechos aceptos en el Amado (Ef. 1:6), hechos hijos de Dios (Jn. 1:12), hechos ciudadanos de los cielos (Fil. 3:20), hechos una nueva creación (2 Co. 5:17), hechos miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19; 3:15), hechos justicia de Dios (2 Co. 5:21), hechos cercanos a Dios (Ef. 2:13) y hechos completos en Cristo (Col. 2:10). El hijo de Dios ha sido liberado del poder de las tinieblas y trasladado al reino del amado Hijo de Dios (Col. 1:13), y ahora posee toda bendición espiritual (Ef. 1:3).
Entre las maravillosas obras de Dios mencionadas recientemente, la culpa y la pena del pecado han sido quitadas; puesto que se dice del que es salvo que es perdonado de todas sus transgresiones y justificado para siempre. Dios no podría perdonar y justificar aparte de la cruz de Cristo, pero puesto que Cristo ha muerto, Dios es capaz de salvar hasta lo sumo a todos los que vienen a Él por medio de Cristo Jesús.
G. La salvacion en relacion al pecado del salvo
1. El perdón de los pecados se cumple para el pecador cuando él cree en Cristo y es una parte de su salvación. Muchas cosas que constituyen la salvación son forjadas por Dios en el momento que uno cree; pero el perdón nunca se recibe por parte del no salvo aparte de la obra completa de la gracia salvadora sobre la base de creer en Cristo como Salvador.
2. En el trato divino con tos pecados del cristiano, es sólo la cuestión del pecado lo que se tiene en vista, y el pecado del cristiano es perdonado, no sobre la base del creer para salvación, sino sobre la base de la confesión del pecado (1 Jn. 1:9).
El efecto del pecado del cristiano, entre otras cosas, es Ia perdida de la comunión con el Padre y con el Hijo y el contristar al Espíritu que mora en el. El hijo de Dios que ha pecado será restaurado a la comunión, gozo, bendición y poder cuando confiese su pecado.
Mientras que el efecto del pecado sobre el creyente es la perdida de bendición, la cual puede ser renovada por medio de la confesión, el efecto del pecado creyente sobre Dios es un asunto mucho más seno. Pero Si no fuera por el valor de la sangre de Cristo derramada y de la presente abogacía de Cristo en los cielos (Ro. 8:34; He. 9:24; 1 Jn. 3:1-2), el pecado separaría a los cristianos de Dios para siempre. Sin embargo, se nos asegura que la sangre es eficáz (1 Jn. 2:2) y la causa del Abogado es justa (1 Jn. 2:1). El santo que peca no se pierde por su pecado, puesto que, aun cuando ha estado en el momento del pecado, el tiene un Abogado con el Padre. Esta verdad, la cual forma únicamente las bases en las cuales cualquier cristiano siempre ha sido mantenido salvo, lejos de animar a los cristianos a que pequen, Se presenta en la Escritura con el fin de que el cristiano «no peque» 0 «no permanezca en pecado» (1 Jn. 2:1). La gratitud al Salvador abogado por nosotros en los cielos debe encauzarnos a dudar seriamente antes de rendirnos a la tentación.
H. La salvacion esta condicionada solamente por la fe
En unos 115 pasajes del Nuevo Testamento se declara que la salvación del pecador depende sólo de creer, y en aproximadamente 35 pasajes se dice que depende de la fe, lo cual es un sinónimo de creer. Creyendo, un individuo ejerce el deseo de confiar en Cristo. Es un acto del hombre en su totalidad, no solamente de su intelecto o su emoción. Mientras que el asentimiento intelectual no proviene de la fe real, y es meramente una motivación de las emociones, por lo tanto escasa en fe, el creer es un acto definido en el cual el individuo desea recibir a Cristo por la fe.
En todas partes la Escritura armoniza con esta abrumadora verdad. Sólo Dios puede salvar un alma, y Dios sólo puede salvar a través del sacrificio de su Hijo. El hombre no puede sostener ninguna otra relación para la salvación que creer en el mensaje de Dios hasta el grado de volverse de sus propias obras para depender solamente en la obra de Dios a través de Cristo. Creer es lo opuesto a hacer cualquler cosa; es, en lugar de ello, confiar en otro. Por lo tanto, se viola la Escritura y toda la doctrina de la gracia se confunde cuando la salvación se hace depender de cualquier otra cosa que no sea creer. El mensaje divino no es «cree y ora», «cree y confiesa pecado», «cree y confiesa a Cristo», «cree y sé bautizado», «cree y arrepiéntete» o «cree y haz restitución». Estos seis puntos añadidos se mencionan en la Escritura, y allí tienen su total significado propuesto; pero si fueran tan esenciales para la salvación como creer, nunca hubieran sido omitidos de ningún pasaje donde se declara la manera para ser salvo (notar Jn. 1:12; 3:16, 36; 5:24; 6:29; 20:31; Hch. 16:31; Ro. 1:1ó; 3:22; 4:5, 24; 5:1; 10:4; Ga. 3:22). La salvación es sólo a través de Cristo y, por lo tanto, los hombres son salvos cuando le reciben como su Salvador.
Salvación Del Poder Del Pecado A. LIBERACION DEL PECADO UNICAMENTE PARA LOS CRISTIANOS.
Puesto que la salvación del poder del pecado es una provisión de la gracia de Dios para los que ya son salvos de la culpa y de la pena del pecado, la doctrina que en este capítulo consideramos se limita en su aplicación solamente a los regenerados. Aunque ya están salvos y seguros en Cristo, los cristianos tienen todavía la disposición a pecar y cometer pecados. De esto tenemos pruebas abundantes en las Escrituras y en la experiencia humana. Basándose en el hecho de que los cristianos pecan, el Nuevo Testamento procede a explicar cuál es el camino divinamente trazado para que el hijo de Dios se libere del poder del pecado.
Por suponer que el cristiano no debiera pecar ni tener la inclinación al pecado, muchos creyentes que no han alcanzado la madurez espiritual se alarman y confunden —y aun dudan de su salvación— cuando descubren en su vida el poder dominante del pecado. Es una actitud positiva que se preocupen del pecado, debido a la ofensa que éste ocasiona a la santidad de Dios; pero en lugar de poner en duda su salvación o entregarse a la práctica del pecado, debieran escudriñar lo que Dios en su gracia ha provisto para que los suyos puedan liberarse del dominio del pecado.
Con excepción del plan de salvación no hay otro tema más importante que demande un conocimiento cabal por la mente humana que el plan divino por el cual un cristiano puede vivir para la gloria de Dios. La ignorancia y el error pueden resultar en un trágico error espiritual. En la predicación del evangelio existe una gran necesidad de claridad en la exposición de la doctrina bíblica de la salvación del poder del pecado.
B. EL PROBLEMA DEL PECADO EN LA VIDA DE UN CRISTIANO.
Habiendo recibido la naturaleza divina (2 P. 1:4), pero reteniendo todavía la naturaleza antigua, cada hijo de Dios posee dos naturalezas; la una es incapaz de pecar, y la otra es incapaz de practicar la santidad. La antigua naturaleza, algunas veces llamada «pecado» (significando la fuente del pecado) y «viejo hombre», es una parte de la carne; porque, según el uso de la Escritura, el término carne, cuando se usa en su sentido’ moral, se refiere al espíritu y al alma, como también al cuerpo, especialmente en el caso del hombre no regenerado. Por esto es que el apóstol declara: «Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien» (Ro. 7:18). Por otra parte, teniendo en vista la naturaleza divina que es impartida al creyente, el apóstol Juan dice: «Todo aquel que es nacido de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios» (1 Jn. 3:9). Este versículo enseña que todo cristiano que ha nacido de Dios no practica el pecado (el verbo en. el tiempo presente implica una acción continua). Sin embargo, debe observarse que es en esta misma epístola donde se advierte a cada hijo de Dios que no pretenda no poseer una naturaleza pecaminosa (1:8) o que no ha cometido pecado (1:10).
Estas dos Fuentes de actividad que el cristiano tiene en sí mismo se consideran también en Gálatas 5:17, donde tanto el Espíritu Santo y la carne están activos en incesante y mutuo conflicto: «Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen el uno al otro.» El apóstol no se está refiriendo en estas palabras al cristiano carnal, sino al que es más espiritual, y aun al que no está satisfaciendo la concupiscencia de la carne (Gá. 5:16). Este conflicto existe ciertamente en el cristiano espiritual, y si él se ve libre de los efectos y concupiscencias de la carne, es porque está caminando bajo la dirección del Espíritu.
C. La ley como una norma de vida.
Para comprender el programa de Dios para la liberación del poder del pecado, es importante distinguir entre la ley y la gracia como reglas de vida. La palabra «ley» se usa en la Escritura con muchos sentidos diferentes. Algunas veces se usa como regla de vida. Cuando se usa en este sentido, la palabra tiene varios significados.
1. Los Diez Mandamientos; escritos por el dedo de Dios sobre tablas de piedra (Ex. 31:18).
2. Todo el sistema de gobierno de Israel que incluía los mandamientos (Ex. 20:1-26), las leyes (Ex. 21:1 - 24:11) y las ordenanzas (Ex. 24:12 - 31:18).
3. Los principios de gobierno del aun futuro reino del Mesías sobre la tierra, los cuales están contenidos en la Ley y los profetas (MT. 5:1 - 7:29; Cf. 5:17, 18; 7:12).
4. Algunos aspectos de la voluntad revelada de Dios a los hombres (Ro. 7:22, 25; 8:4).
5. Algunas reglas de conducta establecidas por los hombres para su propio gobierno (Mt. 20:15; Lc. 20:22; 2 Ti. 2:5). La palabra «ley» es usada también algunas veces como una fuerza en operación (Ro. 7:21; 8:2).
6. En el Antiguo Testamento especialmente, la ley es presentada también como un pacto de obras. Bajo este concepto de ley, su alcance se extiende más allá de los escritos del sistema mosaico, e incluye toda acción humana intentada (en conformidad a la enseñanza de la Escritura o no) con el objeto de conseguir el favor de Dios. La fórmula de la ley es:
«Si hacéis el bien, yo os bendeciré.» Así, el ideal supremo de una buena conducta —si se emprende con el propósito de conseguir el favor de Dios en lugar de ser una manifestación de la seguridad del favor por medio de Cristo— se convierte en algo puramente legal en su carácter.
7. La ley se presenta también como un principio de dependencia sobre la carne. La ley no provee capacidad para su observancia. No se esperaba más de sus mandamientos de lo que el hombre natural podía hacer. Sin embargo, todo lo que es acometido en la carne, es legal en su naturaleza: los mandamientos contenidos en la ley, las exhortaciones de la gracia, o cualquier actividad espiritual.
D. La gracia como regla de vida.
Para el hijo de Dios bajo la gracia, cada aspecto de la ley ha sido eliminado (Jn. 1:16, 17; Ro. 6:14; 7:1-6; 2 Co. 3:1-18; Gá. 3:19-25; Ef. 2:15; Col. 2:14).
1. Las ordenanzas legales del sistema mosaico y los mandamientos instituidos para el gobierno del reino no son ahora las guías principales del cristiano. Han sido reemplazados por una regla de conducta nueva y de gracia que incluye en sí misma todo lo que es vital en la ley, aunque la reafirma bajo el orden y el carácter de la gracia.
2. El hijo de Dios bajo la gracia ha sido liberado del peso de un pacto de obras. Ahora él no lucha para ser aceptado, sino que es libre como uno que es aceptado en Cristo (Ef. 1:6).
3. El hijo de Dios no está llamado ahora a vivir por la energía de su propia carne. El ha sido liberado de este rasgo de la ley y puede vivir en el poder del Espíritu. Desde que la ley escrita fue dada a Israel, ella pudo liberarse de los mandamientos escritos de Moisés solamente por la muerte de Cristo. Sin embargo, tanto el judío como el gentil fueron liberados por esa muerte del desesperado principio del mérito humano y del vano esfuerzo de la carne.
4. En contraste con la ley, la palabra «gracia» se refiere al favor inmerecido que representa el método divino de tratamiento con el hombre que fue introducido con Adán. Bajo la gracia, Dios no trata a los hombres como ellos se lo merecen, sino que con una misericordia y gracia infinitas, sin hacer referencia• a lo que realmente merecen. Esto es libre de hacerlo sobre la base de que el justo castigo por el pecado, que de otro modo su santidad podría imponer sobre los pecadores como retribución a sus hechos, fue satisfecho por el Hijo de Dios.
Aunque el pueblo de Israel experimentó la gracia de muchas maneras, como regla de vida ellos pasaron de una relación de gracia con Dios a una relación legal con Dios. Cuando aceptaron la ley, como se aprecia en Éxodo 19:3-25, ellos neciamente presumieron que podrían guardar la ley de Dios completamente ignorando su necesidad de la gracia como la única base posible de ser aceptado delante de Dios. La experiencia de Israel bajo la ley, por consiguiente, demuestra a todos los hombres la imposibilidad de ser liberado del poder del pecado por medio de la ley como principio.
5. En contraste con la ley, la gracia es revelada en tres aspectos diferentes: a) salvación por gracia, b) seguridad por medio de la gracia, y c) la gracia como una regla de vida para el salvado.
a) Dios salva a los pecadores por gracia, y no hay otro camino de salvación ofrecido a los hombres (Hch. 4:12). La gracia salvadora es el amor sin límites y libre de Dios por el perdido en conformidad con las exactas e invariables demandas de su propia justicia a través del sacrificio sustitutorio de Cristo. La gracia es más que el amor; es amor que libera y hace al cristiano triunfante sobre el justo juicio de Dios contra el pecador. Cuando El salva a un pecador por gracia, es necesario que Dios termine con cada pecado, porque de otro modo éstos demandarían un juicio y así dificultarían su gracia. Esto es lo que El ha hecho en la muerte de su Hijo. También es necesario que cada obligación sea satisfecha, con este objeto la salvación ha sido efectuada como un absoluto regalo de Dios (Jn. 10:28; Ro. 6:23; Ef. 2:8). Además, es necesario que todo mérito humano sea eliminado, para que ninguna cosa que Dios realice esté basada en ningún modo en los méritos de los hombres y no en su gracia soberana solamente (Ro. 3:9; 11:32; Gá. 3:22). Ya que todo elemento humano está excluido, el evangelio de la gracia es la proclamación de la gracia poderosa, redentora y transformadora de Dios, la cual ofrece vida y gloria eternas a todo aquel que cree. b) El programa divino de la seguridad por medio de la gracia demuestra que únicamente por medio de la gracia Dios guarda a aquellos que son salvos. Habiendo provisto un camino por el cual El puede actuar libre de sus propias demandas de justicia contra el pecado; habiendo dispuesto la retribución de cada acción humana, y habiendo puesto a un lado eternamente todo mérito humano, Dios ha de continuar el ejercicio de su gracia hacia el salvado para darle la seguridad de su protección eterna. Esto es lo que El hace y al hijo de Dios se le dice que está en la gracia (Ro. 5:2;1 P. 5:12). c) Dios también provee una regla de vida para el salvado basada únicamente en el principio de la gracia. Dios enseña a aquellos que están salvados y seguros la manera cómo deben vivir en la gracia y cómo vivir para su eterna gloria. Del mismo modo como la ley ha provisto una completa regla de conducta para Israel, así Dios ha provisto una completa regla de conducta para el cristiano. Puesto que todas las reglas de vida que están presentadas en la Biblia son completas en sí mismas, no es necesario que sean combinadas. Por lo tanto, el hijo de Dios no está bajo la ley como una regla de vida, sino bajo los consejos de la gracia. Lo que él hace bajo la gracia no tiene como objetivo conseguir el favor de Dios, sino porque él ya ha sido aceptado en el Amado. El no está confiando en la energía de la carne, sino en la manifestación del poder del Espíritu. Es una vida que se vive sobre el principio de fe: «Mas el justo por su fe vivirá.» Estos principios están declarados en los evangelios y en las epístolas.
E. EL UNICO CAMINO DE VICTORIA.
Se han sugerido varias enseñanzas que pretender señalar el camino por el cual el cristiano puede liberarse del poder del pecado.
1. Se ha dicho que el cristiano será impulsado a vivir para la gloria de Dios si observa suficientes reglas de conducta. Este principio legalista está condenado al fracaso porque hace que la victoria dependa de la misma carne de la cual se busca la liberación (Ro. 6:14).
2. Se ha afirmado muchas veces que el cristiano debe buscar la erradicación de la vieja naturaleza, para así quedar permanentemente libre del poder del pecado. Pero esta teoría tiene sus objeciones:
a) No hay base bíblica para la enseñanza de que la naturaleza adámica pueda erradicarse. b) La vieja naturaleza es una parte de la carne, y es claro que ella debe tratarse en la misma forma en que Dios trata a la carne. La carne es uno de los tres poderosos enemigos del cristiano: el mundo, la carne y el Diablo. Dios no erradica el mundo, o la carne, o el Diablo; pero provee la victoria sobre estos enemigos, por medio del Espíritu (Gá. 5:16; 1 Jn. 4:4; 5:4). De manera semejante, El da la victoria sobre la vieja naturaleza, por medio del Espíritu (Ro. 6:14; 8:2). c) Ninguna experiencia humana actual confirma la teoría de la erradicación, y si esta teoría fuera verdadera, los padres en este estado engendrarían hijos no afectados por la caída. d) Cuando se acepta la teoría de la erradicación no hay lugar ni significado alguno para el ministerio del Espíritu que mora en cada hijo de Dios. Muy por el contrario, los cristianos más espirituales son advertidos de la necesidad de andar en el Espíritu, rindiéndose a la voluntad de Dios, impidiendo que el pecado reine en sus cuerpos mortales, mortificando las obras de la carne y permaneciendo en el Señor.
3. Algunos cristianos suponen que, aparte del Espíritu y simplemente por el hecho de que ya son salvos, podrán vivir para la gloria de Dios. En Romanos 7:15 - 8:4 el apóstol testifica de su propia experiencia con esta teoría. El afirma que conocía lo que era el bien, pero él no sabía cómo llevar a cabo lo que conocía (7:18). Por lo tanto, llegó a las siguientes conclusiones:
a) Que aun cuando él procuraba hacer lo mejor, era siempre derrotado por una ley que aún estaba presente en sus miembros, rebelándose contra la ley de su espíritu (7:23); b) que su estado era espiritualmente miserable(7:24);
c) que, aun cuando ya era salvo, lo que le dio la libertad fue la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús, y no sus propias obras (8:2); d) que la completa voluntad de Dios se cumple en el creyente, pero nunca por el creyente(8:4).
En Romanos 7:25 se declara que la libertad del poder del pecado viene por medio de Jesucristo nuestro Señor. Puesto que se trata de un problema que atañe a la santidad de Dios, la liberación del poder del pecado puede venir solamente por medio de Jesucristo. El Espíritu Santo no podría ejercer dominio sobre una naturaleza caída que todavía no estuviese juzgada; pero en Romanos 6:1-10 se afirma que la naturaleza caída del creyente fue ya juzgada al ser crucificada, muerta y sepultada con Cristo, lo que hizo posible para el Espíritu dar la victoria. Debido a esta provisión de la gracia de Dios, el creyente puede caminar en el poder de un nuevo principio de vida que consiste en dependen solamente del Espíritu, reconociéndose a sí mismo muerto en verdad al pecado (6:4, 11). Por lo tanto, la liberación del poder del pecado es por el Espíritu y por medio de Cristo.
F. Victoria por el Espíritu Santo.
Como se ha dicho en los estudios anteriores sobre la doctrina del Espíritu Santo, un creyente puede ser liberado del poder del pecado por el Espíritu Santo.
«Si estáis caminando por medio del Espíritu, no satisfaréis los deseos de la carne» (Gá. 5:16, lit.). La salvación del poder del pecado, al igual que la salvación de la pena del pecado, es de Dios y, desde un punto de vista humano, depende de una actitud de fe, así como la salvación de la pena del pecado depende de un acto de fe. El que ha sido justificado vivirá por fe —fe que depende del poder de otro— y la persona justificada no conocerá una época en esta vida cuando necesite depender menos del Espíritu.
Existen tres razones para una vida de dependencia del Espíritu.
1. Bajo las enseñanzas de la gracia el creyente se encuentra ante una norma de vida que humanamente es imposible alcanzar. Siendo un ciudadano de los cielos (Fil. 3:20, un miembro del cuerpo de Cristo (Ef. 5:30) y un miembro de la familia de Dios (Ef. 2:19; 3:15), el cristiano es llamado a vivir de acuerdo a su elevada posición celestial. Puesto que este modo de vida es sobrehumano (Jn. 13:34; 2 Co. 10:5; Ef. 4:1-3, 30; 5:20; 1 Ts. 5:16-17; 1 P. 2:9), el hijo de Dios debe depender completamente del Espíritu que mora en su corazón (Ro. 8:4).
2. El cristiano se enfrenta a Satanás, el príncipe de este mundo. A causa de esto, debe fortalecerse en «el Señor y en el poder de su fuerza» (Ef. 6:10-12; 1 Jn. 4:4; Jud. 9).
3. El cristiano posee la vieja naturaleza, la cual le es incapaz de controlar.
La Escritura revela que no solamente Dios nos salva de la culpa del pecado, sino que también nos libera del poder del pecado. Finalmente, cuando el cristiano se encuentre en el cielo, será liberado de la presencia del pecado.
|
|