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"Porque Dios traera toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala." Eclesiastes 12:14

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 Las profecías sobre el tiempo del fin

Por Douglas S. Winnail

 

Pocos temas hoy generan más dudas, temores y confusión que este tema ¡de vital importancia!

 

Con el advenimiento de las armas nucleares a fines de la Segunda Guerra Mundial, el mundo empezó a vivir bajo la sombra amenazante de una posible aniquilación. Los brotes de terrorismo internacional y el recrudecimiento de las hostilidades en el Medio Oriente contribuyen a acentuar este peligro. A dichos temores se suma la preocupación por enfermedades como SIDA, cólera, tuberculosos resistente y fiebre hemorrágica; epidemias capaces de extenderse rápidamente por todo el globo. Al mismo tiempo, observamos sequías, incendios, huracanes, ciclones, terremotos y marejadas sin precedentes—fenómenos estos que muchos asocian con los cambios climáticos en todo el planeta. Estos sucesos simultáneos y desastrosos ¿tienen algún significado? Y en tal caso, ¿es posible dilucidarlo?

 

Muchas personas "creyentes en la Biblia" reconocen un nexo entre las noticias de hoy y las antiguas profecías sobre los “tiempos del fin” consignadas en las Sagradas Escrituras. Otras, conscientes de tantas proyecciones del fin del mundo y tantas profecías fracasadas de personas que se creen profetas, son escépticas en cuanto al significado de las profecías de la Biblia sobre los tiempos del fin.

Teólogos y académicos agravan el escepticismo al cuestionar y ridiculizar el acierto y la autenticidad de las Escrituras. Además, muchos que dicen creer en Dios ¡no saben lo que la Biblia realmente dice! No es extraño, pues, que tantas personas estén confundidas por lo que nos espera en el futuro.

 

¡Desconocimiento de la Biblia!

Según estudios, muchos cristianos profesos son incapaces de identificar los cinco primeros libros de la Biblia, no recuerdan ninguno de los diez mandamientos y no pueden nombrar los cuatro Evangelios ni los doce discípulos de Jesús (Conocimiento de la Biblia, pp. 1, 5, 30). Por ejemplo, los Estados Unidos, una de las naciones más abiertamente religiosas del mundo, se ha descrito también como “una nación de analfabetas bíblicos”. Ante tamaña ignorancia, no debe sorprendernos que muchos desconozcan la importancia de los acontecimientos mundiales que coinciden con las profecías bíblicas sobre los tiempos del fin.

El problema lo agravan eruditos y predicadores que interpretan mal y aplican mal las Sagradas

Escrituras o que socavan la autoridad de la Biblia con sus especulaciones intelectuales. Incluso la gente que va a la iglesia encuentra, en su mayoría, que los predicadores suelen dar sus sermones dominicales sobre temas “no polémicos” como el al amor, el perdón, la fe y la alegría pero rara vez o nunca mencionan los muchos libros proféticos de la Biblia, porque la mayoría de los pastores sencillamente no entienden la profecía.

 

Pese a lo anterior, del 25 al 30 por ciento de la Biblia es profecía. Aproximadamente el 50 por ciento de las profecías bíblicas se han cumplido ya, como lo atestigua la historia. Otro 50 por ciento, de las profecías, muchas de ellas relativas a los “postreros días” o los “tiempos del fin", aún están por cumplirse.

¡Aquellos tiempos del fin toman cada vez más los visos de la época en que vivimos!

Con una parte tan grande de la Biblia dedicada a profecía, ¿por qué no entienden la mayoría de las personas las predicciones bíblicas sobre el tiempo del fin? ¿Por qué será que los teólogos no relacionan las antiguas profecías de la Biblia con los sucesos mundiales que captan los titulares de las noticias hoy?

¿Por qué será que los predicadores y maestros religiosos subestiman o hacen a un lado los detalles importantes de la profecía bíblica? ¿Por qué no se sabe que las Escrituras revelan adónde nos llevarán los sucesos en los próximos años? Tanto la Biblia como la historia ofrecen respuestas importantes que usted necesita entender, ¡porque su propio futuro está en juego!

 

Apóstoles, excéntricos y escépticos

Las inquietudes sobre “el fin del mundo” tienen raíces profundas en la civilización occidental (vea Una breve historia del fin del mundo, Pearson, p. 1). Hace dos mil años, los discípulos de Jesús le preguntaron: "¿Qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?" (Mateo 24:3). Jesús no le restó importancia a la pregunta ni dijo que Él regresaría inesperadamente en cualquier momento. Lo que hizo fue citar una serie de sucesos específicos que indicarían que su regreso se acercaba (ver Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21). El apóstol Pablo citó ciertos fenómenos que ocurrirían en el tiempo del fin, es decir justo antes del regreso de Cristo (ver 2 Tesalonicenses 2; 1 Timoteo 4:1–3; 2 Timoteo 3, 4). Por su parte, el apóstol Juan escribió el libro del Apocalipsis, esbozo inspirado de los acontecimientos del tiempo del fin cuya estructura se basa en el libro de Daniel y los escritos de otros profetas del Antiguo Testamento.

Del libro del Apocalipsis se ha dicho: "El último libro de la Biblia cristiana probablemente ha influido más en la historia y en la conducta humana en general que cualquier otro escrito… Ha aterrorizado e inspirado a millones en los últimos dos mil años" (Pearson, p. 19). Poco después que Juan completó el Apocalipsis, los maestros religiosos empezaron a distorsionar y aplicar erróneamente este libro tan llamativo y aparentemente misterioso. En el segundo siglo de nuestra era, un charlatán de nombre Montanus, diciendo ser una reencarnación del Espíritu Santo, se apareció en Asia Menor con dos profetizas. Caían en trance, hacían pronunciamientos extáticos y predicaban que se acercaba el fin del mundo. Montanus, distorsionaba Apocalipsis 21, instando a la gente a abandonar sus casas y reunirse en cierta aldea para esperar la llegada de la Nueva Jerusalén. Cuando las profecías de Montanus no se hicieron realidad, se fijaron nuevas fechas mientras el movimiento se extendía por el Norte de África hasta Roma y Galia (Pearson, pp. 75–79). Montanus era apenas uno de tantos individuos desorientados que se equivocaban en su lectura e interpretación de las profecías bíblicas sobre los tiempos del fin.

 

Con el correr de los siglos, una serie de movimientos religiosos que presagiaban el fin del mundo generaron violencia contra quienes pensaban de otro modo. Muchos dirigentes religiosos han instado a sus seguidores a "eliminar" a los no creyentes como preparativo para el Reino de Dios (Pearson, pp. 122– 133). Durante la Edad Media, los papas en Roma lanzaron las Cruzadas predicando odio contra musulmanes, judíos y personas que disentían de la Iglesia Romana, en un intento por recobrar el control de la Tierra Santa, restaurar la unidad “cristiana” y hacer realidad su concepto del Reino de Dios en latierra. Es interesante señalar que individuos que se declaraban profetas y “mesías” exigían el celibato o la abstinencia sexual en sus seguidores pero solían tomar varias esposas al preparase para el fin del mundo y el Reino de Dios. En el transcurso de los siglos, se han fijado y vuelto fijar decenas de fechas para el fin del mundo: 500 E.C., 666, 800, 1000, 1666, 1668, 1694, 1700, 1757, 1761, 1836 (propuesta por Juan Wesley), 1844, 1975 y 2000—todas ellas supuestamente basadas en profecías de la Biblia. Pero todas estas fechas llegaron y pasaron, y el mundo sigue aquí.

Las especulaciones sobre el fin del mundo no se limitan a los “cristianos”. El calendario maya predice que el mundo terminará el 22 de diciembre de 2012 con la muerte del sol (Pearson, p. 285). Las sagas paganas nórdicas del siglo décimo traen cuentos vívidos de cómo terminará el mundo. Hoy, grupos apocalípticos judíos se ocupan en preparar la reinstitución de los sacrificios y el culto en el templo de Jerusalén para acelerar el regreso del Mesías. Los extremistas musulmanes se muestran dispuestos a promover una confrontación oriente-occidente para acelerar la aparición del Mahdi quien, según creen, establecerá un califato mundial en que todos se convertirán a la fe musulmana o quedarán "eliminados" (Pearson, pp. 80–85). En la sociedad actual, algunos consideran que las profecías bíblicas sobre los tiempos del fin son peligrosas, aterradoras, delirantes e intencionalmente provocativas (vea, Una historia del fin del mundo, Kirsch, pp. 1, 99, 103, 249).

 

El texto bíblico desvirtuado

Con la esperanza de contrarrestar la interpretación literal de la profecía bíblica, los primeros dirigentes de la iglesia adoptaron estrategias novedosas, las cuales persisten hasta hoy. Teólogos como Agustín (354–430 d.C.) promovieron la idea de que "los buenos cristianos no deben cometer el error” de leer las profecías bíblicas literalmente sino que deben entenderlas como "una alegoría y no una descripción clara de lo que realmente ocurrirá cuando el mundo llegue a su fin". Los líderes religiosos, bajo influencia de la filosofía griega, veían las profecías bíblicas no como descripciones de hechos reales, sino como símbolos de la lucha entre el bien y el mal. Las profecías sobre el reinado milenario de Cristo en la Tierra, con los santos como sus asistentes (ver Apocalipsis 20:4–6), debían mirarse como simbólicos y no como una realidad futura. En la teología alegórica de Agustín, el Reino de Dios existía aquí y ahora como la Iglesia Católica, no como un gobierno futuro que Jesús establecería a su regreso. Pero este concepto de Agustín, ¡claramente contradice las Sagradas Escrituras (ver Apocalipsis 5:10; 11:15–18; Daniel 7:27)!

Este método alegórico de interpretar la profecía bíblica provino de Alejandría, ciudad del norte de África, en el segundo siglo de nuestra era. Está en claro contraste con el concepto literal de la profecía que la Iglesia había aceptado desde sus comienzos (Walvoord, p. 9). La profecía de Jesús sobre la destrucción futura del templo se cumplió literalmente en el año 70 d.C.—unos 40 años después que la pronunció—de modo que los cristianos no tenían motivos para pensar que otras profecías suyas sobre sucesos posteriores, entre ellos su regreso y el fin de esta era, fueran simplemente alegóricas, sin relación alguna con la realidad (ver Mateo 24:1–31). Recordemos: Jesús les dijo a sus discípulos que "velaran", observando los acontecimientos que Él describía a fin de estar preparados para su regreso (Mateo 24:32–44).

 

Sin embargo, del siglo cuarto en adelante, la Iglesia Católica Romana adoptó y promovió activamente los conceptos alegóricos de Agustín. Paulatinamente, los teólogos de la Iglesia Romana fueron rechazando el entusiasta mensaje literal que había motivado a los primeros cristianos. Primero lo consideraron como una alegoría y luego como una herejía (ver Espelendor y ruina del Imperio Romano, Gibbon, capítulo 15). La Iglesia Romana tomó como su dogma la idea de que la iglesia era el Reino de Dios, descrito alegóricamente en las Sagradas Escrituras. Este concepto alegórico lo aceptaron muchos reformistas protestantes y persiste hoy en muchas iglesias protestantes así como en la Iglesia Romana. No es extraño, pues, que muy pocos hoy tengan una verdadera comprensión de las profecías detalladas sobre el tiempo del fin y la venida del Reino de Dios.

 

Una manera como los primeros teólogos socavaron el mensaje literal de la profecía bíblica fue

lanzando dudas sobre el acierto y la autenticidad de sus principales libros proféticos. Los críticos de la antigüedad aseguraban que el libro de Daniel no fue escrito por Daniel cerca del año 600 a.C. sino por un impostor en el segundo siglo y que el libro consignaba, no profecías sino historia, después de ocurridos los hechos. Los eruditos liberales de hoy aducen argumentos similares, aunque esas ideas no resisten una investigación seria. El propio Jesús dijo que el libro de profecía de Daniel fue escrito por "el profeta Daniel" (Mateo 24:15; Marcos 13:14). Entre los rollos del mar Muerto se encontraron copias del libro de Daniel que databan del siglo segundo a.C., lo cual indica que el libro se escribió mucho antes de lo que insinúan los críticos (Walvoord, p. 105).

De modo similar, un erudito que estudiaba una tabla de barro en el Museo Británico descubrió

recientemente una “prueba dramática del acierto del Antiguo Testamento” (The Times, 11 de julio de2007). Lo que encontró fue el nombre del principal eunuco del rey Nabucodonosor en una tabla de barro fechada 595 a.C. El nombre coincide con un nombre consignado en Jeremías 39:1–3. Un redactor posterior probablemente no sabría ni anotaría un detalle tan pequeño de siglos atrás.

 

En vista de que individuos como Montanus, excéntricos que se proclamaban profetas, escogían el Apocalipsis como texto preferido para sus predicciones sobre el fin del mundo, algunos teólogos antiguos buscaron desacreditar el Apocalipsis diciendo que el apóstol Juan no escribió el molesto libro. Como resultado, el Apocalipsis se convirtió en un libro "en disputa" que, en concepto de algunos, no pertenecía a la Biblia. Jerónimo (340–420 d.C.), traductor de la Biblia al latín, expresó frustración por los “misterios” en Apocalipsis. Martín Lutero aseguraba que el Apocalipsis no era “ni apostólico ni profético”. Otros críticos han tildado el libro de “peligroso” y sub-cristiano, molestos por su imaginería extraña y su presentación de un Jesús violento y vengativo armado con una espada de doble filo (ver Apocalipsis 19:11–15), y por la ausencia de aquellas enseñanzas de Jesús llenas de mansedumbre, como “amar a tu enemigo" (Kirsch, pp. 101–103). Por estas y otras razones, los teólogos, bien intencionados pero desorientados, han querido reducir el Apocalipsis a algo “inocuo para el consumo humano" haciendo hincapié en que debe leerse, no como un libro sobre sucesos reales sino como una simple alegoría: como la lucha simbólica entre el bien y el mal.

 

¡Volvamos a la realidad!

Pese a todo lo anterior, la propia Biblia dice claramente que sus profecías son para que las entiendan los verdaderos siervos de Dios. El apóstol Juan escribió estas palabras por inspiración: "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto…

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía" (Apocalipsis 1:1–3).

Antiguamente, Dios le dijo al profeta Amós: "Porque no hará nada el Eterno el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas" (Amos 3:7). Dios le dijo a Daniel que explicara cierto sueño de un rey diciendo: "Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días… El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación" (Daniel 2:28, 45). Por su parte, el apóstol Pedro dijo claramente que la Iglesia tiene "la palabra profética más segura" (2 Pedro 1:19). Dios ha dado a su Iglesia (que el Nuevo Testamento se llama “la iglesia de Dios” doce veces—ver 1 Corintios 1:2; 10:32; 11:22; 15:9; Gálatas 1:13) un entendimiento especial de la profecía para que pueda advertir al mundo acerca del verdadero significado de los sucesos del fin ¡y lo que viene después!

 

Los estudiosos de la Biblia reconocen que la profecía cumplida es una de las pruebas más rotundas de la inspiración divina de las Escrituras, y que Dios "ha revelado en la profecía su plan soberano para la historia, plan que Él lleva miles de años desarrollando" (Walvoord, p. vii). De hecho, ningún supuesto "libro santo" contiene, ni con mucho, la cantidad o calidad de las profecías que se encuentran a lo largo de la Biblia. Los sucesos profetizados para el “tiempo del fin” o los “postreros días” son como señales viales que indicarán el pronto final de esta era y el regreso de Jesucristo para establecer el Reino de Dios en la tierra. ¿Y cuáles son esas señales?

 

Profecías del fin

Jesús dijo a sus discípulos que una señal preliminar del fin de la era sería una multitud de falsos

maestros que dirían representarlo a Él. También advirtió que habría confusión religiosa muy difundida, guerra y violencia, epidemias y enfermedades terribles y otros desastres, entre ellos trastornos del clima como sequías, inundaciones, hambruna y terremotos (Mateo 24:3–10). Cristo predijo que estos sucesos empezarían a ocurrir en una época en que la humanidad sería capaz de destruir toda vida en la Tierra (Mateo 24:21–22). Estos fenómenos se convirtieron en una verdadera posibilidad después de la Segunda Guerra Mundial, con la fabricación de la bomba atómica y la bomba de hidrógeno.

Al ir apareciendo estas señales, y según indican las Escrituras, la violencia empezará a escalar en el Medio Oriente. Las profecías para el tiempo del fin revelan que Jerusalén será el epicentro de la atención mundial y que será "piedra pesada [una carga] a todos los pueblos… bien que todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella" (Zacarías 12:1–3). Jesús también dijo: "Cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que pronto será destruida" porque "los paganos pisotearán a Jerusalén" durante tres años y medio (Lucas 21:20–24; Apocalipsis 11:1–2) y la mitad de sus habitantes irán en cautiverio (Zacarías

14:1–2). Estos hechos ocurrirán en un tiempo en que se "suprimió el sacrificio diario" (Daniel 8:11).

¿Cómo se puede suprimir si todavía no se ha restablecido? Es interesante notar que varios grupos judíos ortodoxos se han estado preparando para restablecer los sacrificios de animales prescritos por la ley ritual judía.

Las profecías bíblicas para el tiempo del fin también revelan que mientras van ocurriendo los hechos mencionados arriba, se producirán una serie de fenómenos importantes en Europa. Explican que una confederación de diez naciones o grupos de naciones, con nexos históricos con el antiguo Imperio Romano, surgirá en Europa justo antes del regreso de Jesucristo (Daniel 2:40–43). Esas diez naciones entregarán su soberanía a un líder político fuerte denominado “la bestia" (Apocalipsis 17:12–13). Este astuto líder político va a cooperar con un destacado líder religioso, el falso profeta de Apocalipsis 13 quien será la cabeza de una iglesia con influencia mundial con una larga trayectoria de participación en la política de Europa y antecedentes de persecución salvaje contra los que creen en la Biblia (Apocalipsis 17:1–6). El falso profeta engañará al mundo con milagros (2 Tesalonicenses 2:1–12). Va a promover actividades ecuménicas en un intento por reunir bajo su autoridad a las iglesias “cristianas” fragmentadas (ver Isaías 47:1–8).

 

Las profecías bíblicas muestran que esta confederación en Europa (encabezada por Alemania, o “Asiria”—ver Isaías 10:5–19) se tornará militante, y ante la incitación de un adversario del

sur (probablemente una confederación musulmana) entrará en el Medio Oriente y ocupará la Tierra Santa (Daniel 11:36–45). Ahora bien, las Escrituras indican que la potencia europea resurgida será de corta duración, ya que será derrotada por Jesucristo a su regreso (Daniel 2:41–45).

Debemos detenernos a pensar seriamente que estamos viviendo en una época en que estas profecías del tiempo del fin ¡están cobrando vida! En los últimos 50 años, los esfuerzos por unir a Europa han avanzado de modo sostenido, con el respaldo y la bendición de los pontífices y la presión de una Alemania que cada vez más influyente. Al mismo tiempo, hemos visto el auge del fundamentalismo islámico que amenaza arrollar a Europa desde adentro y desde afuera. Informes noticiosos recientes del Medio Oriente sugieren que Israel, debido al a violencia creciente en la región, podría pedirle a la Unión Europea que envíe tropas para sumarse al personal de la Naciones Unidas que se esfuerza por estabilizar la región (Associated Press, 13 de junio de 2007). Todo ello está ocurriendo a la vez que vemos desastres meteorológicos y otros, cada vez más severos en todo el mundo. Esto había de ocurrir, según reveló Dios, justo antes del fin de la era y el regreso de Jesucristo.

 

Los diarios de hoy están repletos de informes sobre hechos que la Biblia predijo hace mucho tiempo. Sin embargo, los comentaristas, así como la mayoría de los dirigentes religiosos, sencillamente no reconocen el significado profético de esos acontecimientos. Hoy los críticos cuestionan la existencia misma de Dios y la inspiración de la Biblia. Sin embargo, la profecía es una de las pruebas principales de que la Biblia es la palabra inspirada de un Dios todopoderoso que interviene en los asuntos del mundo.

 

Usted necesita comprobar esto a su entera satisfacción, y necesita estar atento (“velar”) a los

acontecimientos mundiales que, según revela la Biblia, ocurrirán justo antes del regreso de Jesucristo.

¡Usted puede entender la profecía bíblica! ¡No tiene que dejarse sorprender por el torrente de sucesos que marcarán el final de esta era!