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LIMPIAR EL TEMPLO Por Pastor Italo Frigoli Lucas 19:45-48 Nehemías 13:4,5; 8,9
Con mucho gozo Cristo es recibido en Jerusalén. Los habitantes salen a la calle con ramos de palmeras y con los mantos extendidos delante de El y con gritos de júbilo y de bienvenida al rey y entre los gritos de Hosanna, Cristo entra a la ciudad santa.
Su primera acción como huésped ilustre es de ir al templo y echar fuera a todos aquellos que vendían y hacían negocio. Cristo los acusó de haber transformado la casa de oración en una cueva de ladrones.
Había un celo en su corazón por las cosas de Dios. No estaba dispuesto a permitir que lo que era del Padre sea contaminado. Esta es la segunda vez que Cristo limpia el templo, pero no fue el único en hacerlo.
En varias ocasiones, al leer el Antiguo Testamento, vemos que otros tuvieron ese mismo celo de la casa de Dios limpiaron el templo de las cosas y de las personas que no pertenecían allí.
Si es la casa de Dios, es la casa de Dios y no de otros o de otras cosas Si es la casa de Dios, entonces es casa de oración Si es la casa de Dios, el único inquilino permitido es El. Nadie más puede morar en esa casa.
Nuestra morada determina nuestra vida, nuestro futuro.
El salmista dijo que prefería morar en la casa de Dios que en el palacio del rey. Cristo fue a la casa del Padre para preparar morada para todos nosotros, para que estemos siempre juntos. Proverbios nos enseña que mejor es vivir en una esquina de la parcela, sin nada, que en casa acompañado por una mujer que siempre se queja.
Es que donde vivimos determina la calidad de vida que tenemos.
***En cierta ocasión, había un oso europeo, de los que usan en los circos para entretener a la gente, que vivía en una jaula. Nunca había vivido fuera de esa jaula. Sus dueños no lo cuidaban como debían, por lo que la calidad de vida del oso era muy mala y sufría mucho.
No lo alimentaban correctamente, No le daban suficiente agua para beber, Era abusado por los niños que le arrojaban piedras.
Todo lo que el oso podía hacer durante todo el día era caminar de un lado al otro de la jaula, la cual era 3 metros de largo por 3 metros de ancho. Ese era su territorio. Todos los días de su vida, ese oso paseó de un lado al otro de su jaula.
Un día, un hombre pasó por ese lugar y vio la situación de ese oso y lo compró y lo donó al zoológico de la ciudad. Todos estaban muy contentos porque por primera vez, ese oso iba a ser libre.
Una gran cantidad de personas se reunió para ver la liberación del oso.
Iba a poder estar con otros osos del zoológico. Su vida iba a cambiar radicalmente. Lo iban a alimentar correctamente.
Amarraron una soga a la puerta de la jaula y se alejaron y jalaron la soga y la puerta de esa jaula se abrió. Todos estaban mirando, emocionados porque el oso iba a ser libre por primera vez en su vida.
El oso se acercó a la puerta ... y volvió atrás otra vez y siguió paseando 3 metros por 3 metros como lo había hecho toda su vida.
De muchas maneras intentaron que el oso salga de la jaula sin lograrlo. Finalmente, alguien tuvo la brillante idea de usar fuego. El oso, al ver el fuego se asustó y salió de la jaula y todos aplaudieron.
¡Por fin! El oso estaba en libertad. Por primera vez en vida, el oso estaba fuera de esa jaula asquerosa.
El oso miró a su alrededor y comenzó a caminar ... 3 metros. Se paró, dio la vuelta y caminó otros 3 metros. Estaba libre, pero aún así, caminaba solamente 3 metros. Nunca pudieron hacerle entender que estaba libre y que podía caminar y correr todo lo que quiera.
Finalmente tuvieron que destruir ese oso.
Nosotros hemos recibido nuestra libertad. Cristo nos ha hecho libres, pero hay aquellos aquí, ahora, que teniendo la libertad, siguen viviendo como si estuvieran en la jaula. Su mundo es de 3 metros por 3 metros. Dios nos ha hecho libre, pero seguimos viviendo en jaulas.
Jaulas de pecado Jaulas de enfermedad Jaulas de falta de perdón.
Pero hoy estamos aquí para que podamos salir de la jaula y que nuestro horizonte sea más amplio que simplemente 3 metros por 3.***
Con eso en mente, quiero que leamos en el libro de Nehemías 13:4,5; 8,9 (LEER)
Esta es la historia de un hombre que se llamaba Tobías. No era un hombre de Dios. En este libro de Nehemías leemos que Tobías estaba en contra de la re construcción de Jerusalén y que le hizo la vida imposible a Nehemías. De hecho, en el capítulo 4, leemos que tanto Tobías como su amigo Sambalat insultaron a Nehemías y se burlaban de el.
No se nos narra todos los detalles que sucedieron, así que me es lícito suponer ciertas cosas. Esta es la forma que yo veo lo que sucedió.
Tobías tenía una esposa que le hacía la vida imposible. Todo el tiempo se quejaba. Era una mujer rencillosa y descontenta y quería una casa nueva.
Como el sacerdote encargado del cuidado del templo era amigo suyo, Tobías le pidió que le hiciera un favor: que le habilitara un departamento en el templo.
Corriendo fue a darle las noticias a su mujercita. Iban a vivir en el templo. Imagínese. Nadie más podía decir tal cosa en la ciudad.
Cuando a la señora de Tobías le preguntaban: ¿dónde vive Ud.? Ella contestaba: en el templo de Dios. Esa es nuestra casa.
Así que comenzaron la mudanza.
Los muebles, la ropa, los libros, los utensilios de la cocina, la tele, la computadora el perro, la suegra, que había venido por una semana y se quedó por 10 años.
Y se fueron a la nueva casa en el templo.
Para acomodar a Tobías y sus cosas, las cosas de Dios que estaban en el templo tuvieron que ser sacados fuera.
Siempre que Tobías entra en el templo, las cosas de Dios tienen que ser sacados.
Todos tenemos un templo. Algunos tienen un templo más grande que otros, pero todos tenemos uno y tenemos que cuidar lo que entra y hace morada en el templo es de Dios.
Tobías, el pecado, que entra en el templo siempre ha de quitar las cosas que pertenecen a Dios, porque no hay espacio suficiente para Dios y Tobías en el templo.
No importa como lo llamamos, Tobías está a la puerta de nuestro templo:
quiere entrar en nuestras vidas quiere entrar en nuestra iglesia quiere entrar en nuestros negocios y cuando él entra, las cosas de Dios deben ser sacadas.
1. Lo primero que sacaron del templo era el altar donde se hacían los sacrificios. Lo primero que queremos sacar de nuestras vidas es el sacrificio.
Queremos todo fácil. No queremos sacrificios, pero antes que podamos vivir para Dios, tenemos que tener una vida de sacrificio.
Su matrimonio no ha de perdurar, a menos que esté dispuesto a sacrificarse por su cónyuge. Esta iglesia no ha de crecer a menos que todos estemos dispuestos a sacrificarnos. En el momento en que aceptamos a Cristo como nuestro salvador personal, aceptamos una vida de sacrificios. No nos pertenecemos a nosotros mismos. Pertenecemos a Cristo. Por eso debemos morir a nosotros mismos para que el mundo pueda oír de Cristo.
Seguir a Cristo requiere de un sacrificio.
***Hace muchos años, un doctor estaba buscando la cura a una terrible enfermedad. En el continente Asiático, millones de personas estaban muriendo a causa de esta enfermedad.
Vivía en los Estados Unidos y le iba muy bien. Tenía dinero, casa grande, todas las comodidades que uno puede desear. Cierto día, el decidió que no podía hallar la cura para esa enfermedad mientras viviera en ese lujo. Decidió que tenía que ir a Asia. Sus colegas y amigos le aconsejaron que no lo hiciera, pero el contestaba: tengo que hacerlo. Es la única forma.
Vendió todo lo que tenía y se fue a la India. Durante 2 años buscó la causa de esta enfermedad. Finalmente encontró la bacteria que la causaba y decidió volver a los Estados Unidos para seguir investigando en un laboratorio.
Tomó esa bacteria y la colocó en un frasco especial, sellado para que no saliese y se fue de vuelta a Nueva York.
Pasando por aduanas, lo pararon y le preguntaron qué llevaba en ese frasco. Cuando explicó lo que era, le dijeron que no podía entrar en el país con algo así. Aunque intentó explicar que necesitaba esa bacteria para hallar el antídoto a esa enfermedad que afectaba a millones de personas, no lo dejaban entrar.
Entonces el doctor tomó una determinación. El dijo: vendí todo, di dos años de mi vida, ¿qué más puedo hacer?
Este hombre, lleno de compasión, se alejó del agente de aduanas y cuando nadie lo miraba, abrió el frasco e ingirió la bacteria y entró en los Estados Unidos con la bacteria en su sistema.
Fue directo al hospital donde tuvieron que operar , pero quedó desahuciado por el resto de su vida.
De su sangre pudieron obtener la bacteria y hallar una cura para esa horrible enfermedad y hasta el día de hoy, millones de personas se benefician del sacrificio de este doctor.
Un día, Cristo miró desde los cielos y vio a la humanidad perdida, sin esperanza alguna y entregó su vida para que por su sangre nosotros tengamos una segunda oportunidad y podamos vivir.***
Somos llamados a una vida de sacrificio. Si no lo aceptamos, Tobías entra en nuestro templo y echa fuera el altar de sacrificio.
Tobías es un cáncer que nunca puede ser satisfecho.
2. Lo segundo que echaron del templo fue el incienso. El incienso siempre ha representado las alabanzas del pueblo de Dios.
La Biblia nos dice que todo lo que respira, alabe al Señor. Por lo que vi, algunos de los presentes, no respiran. Necesitan oxígeno.
El problema que tenemos es que alabamos al Señor solo cuando todo nos va bien.
Cuando tenemos mucho dinero Cuando tenemos ropa nueva Cuando nos acaban de peinar
Pero cuando estamos sin dinero y nuestra ropa es vieja y no nos hemos peinado, no alabamos. Dejamos que las circunstancia dicte nuestra alabanza. Eso es lo que Tobías quiere que hagamos. Dios quiere que miremos su palabra. No miramos los problemas, miramos las promesas.
Solamente cuando nuestro espíritu entra en contacto con Su espíritu es que obtenemos libertad en nuestro corazón.
Venimos agobiados y cargados Llegamos preocupados y hambrientos.
Si alabamos, nuestro espíritu entra en comunión con el Espíritu de Dios y
nuestro agobio, nuestra carga, nuestra preocupación, nuestra hambre desaparece.
Y Dios nos hace libres. Solamente cuando tenemos esa libertad podemos ser de bendición a los demás.
Cuando estamos de pié adorando y alabando a Dios, estamos liberando nuestro espíritu.
Hay hermanos que llegan una hora más tarde al culto y lo hacen a propósito. No quieren alabar a Dios. No les gusta esta forma de alabar y por eso prefieren llegar tarde.
El alabar a Dios es una disciplina del alma. Si no lo hace, tampoco ha de recibir la Palabra. El rey David dio una orden a su alma: Bendice alma mía a Jehová. Es una forma imperativa. Es una orden. Es sujetar el alma a la disciplina del espíritu.
Si no alabamos, Tobías ocupa el espacio en el templo que corresponde a nuestra alabanza a Dios.
Ya quitó el sacrificio, ahora quitó también la alabanza.
3. La tercera cosa que quitó del templo era el sitio donde se depositaba el diezmo del grano. El diezmo.
Siempre el diezmo tiene que ver con dar.
Aunque Ud. , no lo crea, es fácil dar dinero. Lo más difícil es darse uno mismo.
¿Le cuesta algo seguir al Señor?’ ¿Le cuesta algo ser un creyente? ¿Está dando todo lo que puede dar para Dios?
***El pastor de cierta iglesia dijo desde el púlpito: el próximo domingo vamos a recoger una ofrenda de ropa para mandar a una familia de misioneros que necesitan. Ellos se están sacrificando en condiciones adversas y queremos bendecirlos con una ofrenda de ropa. Traigan lo mejor para ellos. Durante la semana, traigan sus donaciones.
En esa congregación había una señora muy rica. Oyó lo que el pastor dijo y de regreso a su casa, una casa con 75 habitaciones y 15 baños, sintió en su corazón ayudar.
Entró en la habitación donde ella guardaba su ropa. Tenía más ropa que Ripley. Centenares de prendas de vestir.
Buscando entre su ropa, encontró un abrigo verde, con un cuello de piel de visón muy caro.
Ella pensó: este cuello es demasiado caro para donarlo y tomó unas tijeras y le quitó ese cuello de piel de visón para ponerlo en otro abrigo. Luego vio que los botones de ese abrigo eran de oro y pensó: son demasiado caros para regalarlo y con las mismas tijeras, le quitó todos los botones. Envolvió ese abrigo y se fue a dormir.
Esa noche, mientras dormía, Dios la llevó en el espíritu hasta los cielos. Caminó por las calles de oro de la ciudad de Dios. Todos iban hacia el centro de la nueva Jerusalén, donde se encontraba el trono de Dios. Finalmente llegó y miró y vio a Dios sentado en su trono, todos estos ángeles alrededor de El, la música, las alabanzas y miró y vio que Dios estaba sentado sobre su trono vestido con un abrigo verde, sin cuello ni botones.
Cuando esa señora despertó, ella dio lo mejor que tenía.***
Cuando Ud., da algo a la iglesia, no lo está dando a la iglesia, ni al pastor, no está dando a Dios. Cuando Ud., da algo para los misioneros en Huinca Railao, no lo está dando a los Mapuches. Lo está dando a Dios. Cuando oramos por alguien, lo estamos haciendo por Dios.
Si quiere darle a Dios algo menos que lo mejor que tiene, eso es asunto suyo y tiene que hablar directamente con Dios acerca de ese tema, pero quiero que sepa que
cuando dejamos de dar de nosotros, cuando dejamos de dar nuestro tiempo, el momento en que ésta iglesia deja de bendecir a otros, el diezmo del grano sale del templo y entra Tobías en su lugar.
Tobías ya quitó el sacrificio, quitó la alabanza y ha quitado el dar.
4. La cuarta cosa que quitaron del templo para dar cabida a Tobías, era el nuevo vino.
El nuevo vino representa el gozo del Señor. El gozo del Señor es mi fortaleza.
Algo debe distinguir al creyente del resto del mundo.
Los vecinos, Los compañeros de trabajo, Los amigos Aún los enemigos
Deben poder ver algo diferente en aquel que cree en Dios. Si vivimos para Dios, debe ser visto por los demás. El mundo necesita a Cristo. Por eso, cuando el mundo ve la diferencia en nosotros, son atraídos.
No pierda su gozo. Si el gozo sale de nuestra vida, Tobías entra y ocupa ese espacio.
Tobías está en el templo. Fuera del templo está el sacrificio, la alabanza, el dar y el gozo.
Hay entre nosotros aquellos que no están sacrificando para Dios. El 60% de los que están aquí no dan como pueden dar. Hay entre nosotros aquellos que han perdido ese espíritu de adoración y de alabanza. Mira a sus circunstancias en vez de mirar a Dios. Hay los que han perdido su gozo. ¿Recuerda el día cuando recibieron al Señor por primera vez? ¿O cuando recibieron el bautismo en el Espíritu Santo? Lo perdió. Tobías está en su templo.
5. Habían 5 cosas que fueron quitados del templo. Fueron quitados en orden y la quinta cosa que fue quitada del templo era el lugar donde guardaban el aceite.
El aceite siempre simboliza el Espíritu Santo.
Quiero decirles algo: el Espíritu Santo siempre es el último en irse.
No importa lo bajo que hemos caído en el pecado. No importa si hemos echado el sacrificio y nuestro dar. No importa si tenemos solo un poquito de gozo El Espíritu Santo sigue tratando de atraerlo otra vez a Dios.
No importa lo desesperado que sea su situación, el Espíritu Santo sigue obrando en su vida. Es lo último que se va.
El v. 8 me gusta mucho. Llegó Nehemías y va al templo y ve las cosas de Dios en la calle. Mira dentro del templo y ve que Tobías está allí y Nehemías se enoja y entra en el templo y toma a Tobías y le da una patada en sus mullidas posaderas. Toma a la suegra de Tobías, que había venido a visitar solo para el fin de semana y se había quedado por 10 años y le da un empujón hasta sacarla a la calle Toma a la vieja podrida de la esposa de Tobías y de las mechas la echa de la casa de Dios. Toma todos los muebles, la ropa, los libros, los utensilios de la cocina, la tele, la computadora el perro, y echa todo a la calle, porque cuando Tobías se va, entonces las cosas de Dios pueden entrar otra vez.
Nehemías estaba enojado. Estaba indignado que las cosas de Dios estuvieran en la calle mientras que las cosas de Tobías estaban en el templo.
Necesitamos enojarnos. Yo estoy enojado.
Yo creo que llega el momento en que uno debe tomar una determinación y debe ser asertivo.
Basta ya de hacer compromisos con el enemigo.
Yo estoy super enojado. Satanás ha intentado varias veces de destruirnos
como iglesia, como Hosanna, como ministerios, como ministros. como hijos de Dios. Estoy muy enojado.
Limpiemos nuestro templo. Quitemos las cosas de Tobías para que las cosas de Dios puedan volver a su sitio.
¿Recuerdan el oso? 3 metros por 3 metros. Tobías quiere que vivamos en un espacio de 3 metros por 3 metros, pero Dios tiene mucho más para cada uno de nosotros.
Quiero hacer 4 preguntas:
1.- ¿Está Ud., sacrificando? ¿Haciendo lo mejor para Dios?
2.- ¿Tiene un espíritu de alabanza? No importa lo que sucede a su alrededor, ¿puede alabar a Dios?
3.- ¿Está Ud., dando? ¿Es generoso con Dios? No solamente en lo monetario, pero ¿ayuna? ¿ora? ¿intercede? ¿ayuda? ¿invita a personas que vengan al culto? Porque obviamente es muy fácil quedarse atrás y criticar a los demás.
4.- ¿Tiene un espíritu de gozo? ¿Puede alguien acercarse y decirle, sabe, lo he estado observando y veo algo especial en tu vida, algo diferente con un espíritu de gozo?
Si no puede contestar afirmativamente a estas 4 preguntas, Tobías está en su templo.
Enójese.
Sáquelo a patadas.
Tobías, Pecado Apatía Problemas Depresiones
y la paz , el gozo, la presencia de Dios ha de llenar el templo otra vez., ha de llenar su vida, su familia, su matrimonio, todo su mundo. Y será totalmente libre, fuera de la jaula.
Si este artículo ha sido de bendición a su vida o tiene algún comentario al respecto, por favor escríbanos. Nos alegrará saber de usted.
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