DESTINO FINAL

"Porque Dios traera toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala." Eclesiastes 12:14

Home
Quienes Somos
Contactanos
Profecias
Noticias
Mensajes
Miscelaneos
Preguntas y Respuestas
Mundo Joven
Reflexiones
La Familia
Estudios Biblicos
Testimonios
Humor Sano
Publicaciones
Consejeria
Apostasia
 “LA GRANDEZA DEL PERDÓN CRISTIANO”

 

(Por el pastor Emilio Bandt Favela)

 

“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue

movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” (Lucas 15:20)

“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también

vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque

si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará

vuestras ofensas” (Marcos 11:25-26)

 

 PERDONAR ES UNA ACCIÓN DIVINA.

Los cristianos sabemos que necesitamos tener una excelente relación con Dios.

De ello depende toda nuestra vida cristiana. Y ciertamente, nos preocupamos y ocupamos en ello.

Deseamos agradar a Dios con nuestro servicio y adoración. Tratamos de llevar al día nuestra vida devocional y pedimos su perdón cuando nos damos cuenta que hemos caído en alguna falta.

Pero la Biblia nos enseña que también debemos procurar tener una correcta relación con todos los que nos rodean.

Y es que no es posible estar bien con Dios y estar mal con nuestros prójimos.

La vida cristiana que no está bien con Dios o con alguno de sus semejantes, cualesquiera que sean, no prevalece, no permanece, no se sostiene, pues no es una vida cristiana auténtica.

En las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo en el Sermón del Monte nos dice cuán imposible es rendir culto al Padre si se está en una mala relación con el hermano o aún con los enemigos.

Escuchemos su preciosa enseñanza: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto...” (Mateo 5:23-25).

Y aquí en nuestro pasaje de Marcos, nos enseña que nos es imposible orar si no tenemos una completa disposición perdonadora para con nuestros hermanos.

 

Veamos la grandeza del perdón cristiano a la luz de este pasaje; porque perdonar es grande porque es una acción divina.

 

1º PERDONAR ES UN MANDATO DIVINO. (11:25a).

“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno…” Notemos lo que

Dios ordena aquí a través del evangelista: “... perdonad...”. Es un mandato divino para los cristianos, para todos y cada uno de los cristianos.

Nuestro Señor Jesucristo enseñó muchísimo acerca del perdón cristiano. Una de sus enseñanzas más sobresalientes fue aquella cuando contesta la pregunta del apóstol Pedro: “... Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? (Mateo 18:21). Y el Señor Jesucristo le contesta: “... No te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete” (Mateo 18:22). Luego les refirió a sus discípulos una parábola sobre los dos deudores donde hace énfasis en la necesidad que tenemos de perdonar porque ya hemos sido perdonados.

La parábola relata que un siervo debía a su rey diez mil talentos. Un talento valía más o menos seis mil denarios. Así que lo que el siervo debía a su Señor era nada menos que sesenta millones de días de trabajo lo que hace un total aproximado de ciento sesenta y cinco años de trabajo. La intención del Señor Jesucristo era que se considerara que era una deuda imposible de pagar. Sin embargo, el siervo pidió misericordia a su rey y éste le perdonó toda la deuda. Pero, al salir, se encontró con un consiervo que le debía cien denarios, es decir, cien días de trabajo. La diferencia entre ambas deudas es evidentemente enorme. Sin embargo, aunque su consiervo le pidió paciencia hasta que le pagara todo, él no quiso y lo echó en la cárcel. Su señor lo manda llamar y le hace una pregunta que también es para nosotros: “¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo,

como yo tuve misericordia de ti? (Mateo 18:33). El Señor termina esa parábola con una sentencia terrible para los que se niegan a perdonar: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (Mateo 18:35).

 

¿Tenemos hoy algo que perdonar? Dios nos dice: “¡Perdonad!”.

¿Tenemos algo que perdonar a nuestros hermanos, aunque sea algo muy grave? Dios nos dice:

“¡Perdonad!”. ¿Tiene usted algo que perdonar a su esposa? ¿Tiene usted algo que perdonar a su esposo? ¿Tiene usted algo que perdonar a sus hijos? Hoy el mismo Señor le dice: “¡Perdonad!”.

Y es que perdonar es una acción divina. Es un mandato divino.

Creo que el primer coro en una iglesia cristiana fue formado por los doce apóstoles, y su primer canto se tituló “Auméntanos la fe”.

Sucede que nuestro Señor Jesucristo estaba enseñándoles acerca del perdón cristiano. ÉL les decía en su hermosa enseñanza: “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y

siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale” (Lucas 17:3-4).

Fue entonces que los apóstoles dijeron a coro: “Auméntanos la fe” (Lucas 17:5).

Sí. Nosotros debemos perdonar en forma ilimitada, así como Dios nos perdona sin contar las veces que le ofendemos.

 

Dios nos ordena perdonar, ¡Hagámosle caso a Dios!

 

2º PERDONAR ES UN EJEMPLO DIVINO. (11:25b).

“… para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Una de las acciones más hermosa de nuestro Señor es perdonar.

Hay una multitud de pasajes que nos hablan de esta virtud divina:

“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”

(Isaías 55:6-7).

 

Otro pasaje también muy hermoso en los profetas dice: “De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado” (Daniel 9:9).

Dios nos ha perdonado a nosotros y nosotros hemos ofendido al Señor mucho más de lo que nos han ofendido a nosotros.

Por lo tanto, inspirados en la gracia perdonadora de nuestro Señor, nosotros hemos de seguir su ejemplo perfecto y santo.

En cierta ocasión viajaba un muchacho en un tren. En una de las paradas se subió un hombre y se sentó frente a él. Por alguna circunstancia comenzaron a entablar una charla, y el joven, entrando en confianza, le confesó que se dirigía a casa de sus padres. En tiempo pasado él había ofendido mucho a su padre y se había ido de la casa, pero lejos de su padre le había ido muy mal y ahora le había escrito una carta pidiéndole perdón. Comentó que en la carta pedía que si su padre le

perdonaba, atara un pañuelo blanco en una rama del árbol que estaba en las afueras de la casa.

Pronto llegaron al pueblo donde vivía el joven, y precisamente el tren pasaba frente a su casa. El muchacho agachó la cabeza y le pidió al hombre que mirara si había un pañuelo atado a la rama del árbol. El hombre exclamó: “Mire joven, no sólo hay un pañuelo atado a una rama, sino que todas las ramas tienen pañuelos atados”.

Así de amplio es el perdón de Dios. Así es la gracia perdonadora de nuestro Señor y Dios. Y de la misma manera el Señor quiere que perdonemos a nuestros semejantes, especialmente a aquellos que verdaderamente cuentan y valen para nuestra vida.

 

La intensidad, la profundidad y la fuerza de nuestro perdonar cristiano es siguiendo el ejemplo divino. Así enseña Pablo: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).

Dios nos enseña aquí que el perdón que el Señor nos ha dado debe ser la regla para que nosotros también perdonemos y según nosotros perdonemos así será también la regla de perdón de Dios para nosotros. Escuchemos la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;

más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15).

Amados hermanos, sigamos el ejemplo divino y perdonemos: “Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la misma manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13).

Y es que toda nuestra vida cristiana tiene su principio en el perdón. Primero, en la gracia perdonadora de Dios, pero también en el perdón que nos otorguen y el que nosotros otorguemos. El perdón abre las puertas al amor y a las bendiciones de Dios. Sí. El perdón es una acción divina. Es un ejemplo divino.

 

3º PERDONAR ES UN PROPÓSITO DIVINO. (11:26).

El propósito de Dios es que perdonemos.

Nuestro Dios sabe que al perdonar atraemos grandes bendiciones.

Hay beneficio para el que es perdonado. David dice que es bienaventurado aquel que es perdonado:

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño” (Salmo 32:1-2).

No hay dicha más grande para una persona que el ser perdonada por sus seres queridos.

Y es que al que es perdonado se le inyecta nueva energía, nueva paz, nueva confianza y nueva

seguridad.

Pero la Biblia nos enseña que hay mucho mayores beneficios para el que perdona.

 

Si usted perdona, amado hermano, amada hermana, también recibirá bendición.

Usted será librado de un sentido de honor herido, será liberado de tener que sostener el sentimiento de haber sido ofendido, será libre de abogar por sus propios derechos, será libre del pensamiento insano de pagar con la misma moneda, de darle al culpable su merecido. Cuando uno perdona, es verdaderamente libre; libre de un aguijón punzante, de una aguja hiriente, de una

espina dolorosa. Será librado de tener que conservar el enojo, el resentimiento, en una palabra el egoísmo, todo lo cual es un desgaste inútil de energía y de vitalidad.

Si usted perdona, recibirá mucha bendición y paz. Estará dando evidencia del perdón de Dios que hay en su corazón.

Este es el propósito de nuestro Señor Jesucristo al mandarnos orar así: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12). Aquí el Señor da por sentado que nosotros perdonamos ya antes de pedir perdón por nuestras propias faltas.

Así que, caben bien las hermosas palabras de nuestro Señor Jesucristo invitándonos a un perdonar continuo “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados”  (Lucas 6:37).

Lo mismo hace el escritor Santiago, cuando nos invita a confesar y perdonar uno al otro sus ofensas para que haya verdadera sanidad entre nosotros y haya verdadero poder en nuestra oración:

“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16).

El apóstol Pablo dice que si perdonamos lo hagamos en presencia de Cristo y que lo hagamos para que el diablo no tome ventaja alguna sobre nosotros: “Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:10-

11).

Sí. El perdón es una acción divina, cumple un propósito divino.

¡Que el Buen Dios encamine su corazón a tomar siempre la mejor decisión y en cada oportunidad ejercite la preciosa virtud cristiana de perdonar! ¡Que usted nunca olvide que el Señor le perdonó todos sus pecados, faltas y errores! ¡Que usted siempre recuerde que perdonar es un mandato divino, es un ejemplo divino y es un propósito divino! ¡Así sea! ¡Amén!

 

Con sincero afecto

Pastor Emilio Bandt Favela