DESTINO FINAL

"Porque Dios traera toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala." Eclesiastes 12:14

Home
Quienes Somos
Contactanos
Profecias
Noticias
Mensajes
Miscelaneos
Preguntas y Respuestas
Mundo Joven
Reflexiones
La Familia
Estudios Biblicos
Testimonios
Humor Sano
Publicaciones
Consejeria
Apostasia
 CON EL SIDA A LOS TALONES… …enfrentando a los gigantes
Autor: José María Corral Rosa

Con este título dirás: ¿Qué me va a contar este cuate? No te asustes, es sólo parte de mi vida. Te haré corta la historia: en 1992 conocí a nuestro Señor Jesús después de una vida llena de aventuras como la de muchos de mi generación en España. A los seis meses de conocer a Cristo me entero de que soy enfermo terminal de SIDA y no sólo eso, sino que mi estado físico era tan malo que los médicos decían que me quedaban sólo tres meses de vida. Esto ocurrió cuando apenas llevaba un año de casado, estando todo lo feliz que uno está cuando acabas de conocer a Cristo y encima tener una esposa tan linda y bondadosa como la mía.

Te pasa de todo por la cabeza, pero lo primero que hice fue hacer lo que hizo el rey David, postrarme en la presencia de Dios llorando y adorándolo. No puedo explicarte cómo, pero la presencia de Dios me invitaba a cantar y a confesar extrañamente fortaleza para mi vida (digo extrañamente porque yo no tenía esto en mi mente, ni ganas de confesarlo). Esa experiencia con Dios concluía dándole un tiempo de proclamación, gritando lo grande que es Él. Otras veces me sumergía en un silencio de horas en su presencia y Él me ministraba, me hablaba, me decía que no iba a morir, que Él tenía planes para mí y un llamado. ¿Llamado? Pero, ¡si me estoy muriendo! Créeme que yo no sabía de qué estaba hablando, sólo sabía que Él estaba allí conmigo y que yo no quería salir de aquel lugar donde me sentía fuerte y valiente ante la muerte que con su guadaña bien afilada, me miraba a la cara de una manera muy arrogante. Tendrías que haberme visto en el estado lamentoso en que me encontraba físicamente. Por supuesto, tuve que dejar de trabajar y en consecuencia se acumularon deudas por todas partes. Mi esposa tuvo que trabajar en mi lugar…. Y tú dirás ¿qué más puede pasar?

Te pasa de todo por la cabeza, pero lo primero que hice fue hacer lo que hizo el rey David, postrarme en la presencia de Dios llorando y adorándolo. No puedo explicarte cómo, pero la presencia de Dios me invitaba a cantar y a confesar extrañamente fortaleza para mi vida (digo extrañamente porque yo no tenía esto en mi mente, ni ganas de confesarlo). Esa experiencia con Dios concluía dándole un tiempo de proclamación, gritando lo grande que es Él. Otras veces me sumergía en un silencio de horas en su presencia y Él me ministraba, me hablaba, me decía que no iba a morir, que Él tenía planes para mí y un llamado. ¿Llamado? Pero, ¡si me estoy muriendo! Créeme que yo no sabía de qué estaba hablando, sólo sabía que Él estaba allí conmigo y que yo no quería salir de aquel lugar donde me sentía fuerte y valiente ante la muerte que con su guadaña bien afilada, me miraba a la cara de una manera muy arrogante. Tendrías que haberme visto en el estado lamentoso en que me encontraba físicamente. Por supuesto, tuve que dejar de trabajar y en consecuencia se acumularon deudas por todas partes. Mi esposa tuvo que trabajar en mi lugar…. Y tú dirás ¿qué más puede pasar? Pues pasó. Al poco tiempo, en un ingreso al hospital de mi ciudad me contagiaron de Hepatitis C. Ya para ese entonces habían pasado cinco años y estaba acostumbrado a batallar con análisis médicos que siempre eran de lo peor. Ya había aprendido a confiar en que lo que Dios me dijo era cierto: que no iba a morir. Pero, ¡claro! Goliat llamó a su primo, ¡el muy cobarde!! …y otra vez, malas noticias. Siendo yo una persona débil, por lo menos tenía la alegría de que un solo gigante no podía con “el poder” que Dios me estaba dando. Pero, ¿qué crees? Una vez más, las palabras de los médicos resonaron: “¡¡TE MUERES!!” (que por cierto, ya era la tercera vez que las escuchaba)… -se te disparó el colesterol, afectando el hígado, el páncreas, etc. - No quiero hacerte una lista de mi organismo, porque todo estaba mal. ¿Crees que ahí acabo todo? ¡¡NO!! Una medicación que me dieron me fisuró el cerebro entero y me dejo el sistema nervioso como el de un esquizofrénico, al punto que perdí la memoria y no me acordaba de cosas tan simples como escribir. Aún hoy sigo teniendo faltas de ortografía, cosa que me molesta muchísimo habiendo estudiado el bachiller. A causa de mi estado, tenían que inyectarme altas dosis de medicamento para poder dormir. Estaba prácticamente como un enfermo mental. Tengo que reconocer que este fue el peor tiempo pues viví una constante tortura, física y mental. ¿Recuerdas la historia de José? Pues igual Dios estuvo conmigo en todo este tiempo. Sufrí, ¡¡sí!!, que sufro, ¡sí!, pero este estado de vida me ha ayudado a tener una comunión íntima con Jesús, a amar por encima de todo su presencia, a estar con Él y a sentirlo cerca. Aprendí a saborear su esencia celeste y su amor infinito. En los peores momentos me susurra palabras llenas de ánimo y cariño que me derriten como cera viendo que el Dios del cielo y la tierra está siempre conmigo amándome como soy.

Él me ha dado tanto ánimo que sigo teniendo la ilusión de aprender más y ahora mismo estoy estudiando en el CIL (Centro Internacional de Liderazgo), escuela de música dirigida por Miguel Cassina en donde mi deseo es mejorar en el liderazgo de la alabanza, ministerio en el que he estado trabajando todos estos años por la misericordia de Dios. A mis 46 años (han pasado 15 años desde el principio de la historia), el Señor está concediendo los anhelos de mi corazón. Uno de ellos: aprender música y dar guitarrazos eléctricos, que me encanta (a mis compañeros no sé si tanto) y dentro de mi “limitación” no me echo para atrás y salgo al encuentro de Goliat y toda su familia. Ahora puedo decir que por el poder de Dios soy un VALIENTE, como una verdad y no solo como letras de un versículo bíblico, QUE CRISTO ME FORTALECE!!!. No sé por lo que tú puedes estar pasando y tampoco sé si tienes una enfermedad, pero si buscas a Dios de todo corazón, no sólo verás desaparecer depresiones, enfermedades y limitaciones, sino que serás un VENCEDOR.

Así que al SIDA le ha tocado ser un perdedor. ¡Ahí va! chupando talones con la lengua de fuera. Eso le pasa por ser tan grande y todo lo que ha conseguido es que yo tenga alas para volar al trono de la gloria de Dios. Y hoy por hoy no cambio esto por nada, los que me conocen bien, lo saben.

Dios te bendiga.