DESTINO FINAL

"Porque Dios traera toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala." Eclesiastes 12:14

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¿POR QUE ESTUDIAR LA DEMONOLOGIA?

¿Por qué querría un cristiano estudiar acerca de los demonios? Un cristiano tiene su mente puesta en las cosas de arriba (Col. 3:2). Un cristiano debe pensar en lo que es puro, amable y de buen nombre (Fil. 4:8). ¿Por qué los creyentes deberían confundir sus mentes con cosas que son impuras, no amables, y de mal nombre?
Los sujetos de este estudio son tan repugnantes y repulsivos a la mente espiritual que quizás sería mejor si lo dejáramos a un lado. Pero dejándolo a un lado no hará que se vayan. Los demonios, sea que nos gusten o no, están en la Biblia. Peor aún, están en el mundo. Nuestro mundo. Debemos enfrentar el asunto porque el asunto nos enfrenta.
Aprender acerca de los ángeles es una cosa; los demonios son absolutamente otra. La demonología no es tópico que naturalmente provoque a aquellos que están tratando de tener la mente de Cristo. Entonces, ¿por qué estudiar acerca de los demonios? Por al menos cinco buenas razones consideraremos estos seres malignos conocidos como “demonios”.
Un Tema Bíblico
El hijo de Dios interesado estudiará la demonología porque es un tema bíblico. ¿Qué dice la Biblia acerca de los demonios? Mucho. Por medio de aprender lo que Dios tiene para decir acerca de estas criaturas podemos estar mejor preparados para resistir sus esfuerzos malignos. “16Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16-17). Sabiendo lo que la Biblia dice acerca de los demonios puede ser muy útil y provechoso para aquellos cuya lucha no es contra carne y sangre (Ef. 6:12).
Estar prevenido es estar armado de antemano. Si fallamos en prepararnos para la batalla en que estamos, podemos caer presa (o víctima) de las “doctrinas de demonios” (1 Tim. 4:1). Ellos ciertamente tienen sus enseñanzas o doctrina. Sería bueno que conociéramos la doctrina de Dios, o enseñanza acerca de los demonios. Los demonios no son inspirados por Dios pero la Palabra Inspirada de Dios enseña claramente de su presencia maligna, de su poder y funcionamiento. Esa es suficiente razón para aprender acerca de los demonios.

Mencionados Muchas Veces
Un estudio intenso de los demonios debería ser tomado a causa del total número de veces que son mencionados en las Escrituras. Hay al menos 80 referencias a los demonios en la Biblia. Consideraremos cada una de ellas a medida que avancemos en este estudio. Dios tiene mucho para decir acerca de los demonios y cómo los creyentes en Jesús pueden estar totalmente preparados para resistirlos.
¿Ha considerado en algún momento que la Cena del Señor no es mencionada muchas veces en la Biblia? No obstante, le damos mucha atención a ella – y es correcto hacerlo así. Es un gozo reunirse alrededor de la mesa del Señor cada Domingo y participar del pan y la copa. Jesús nos ha pedido que la hagamos “en memoria” de El (1 Cor. 11:25). Los demonios son mencionados muchas veces en las Escrituras (no que ellos sean espirituales). ¿No deberíamos también aprender lo que significa la “mesa de los demonios” y la “copa de los demonios”? Ambas están mencionadas en 1 Cor. 10:20-21. Ciertamente no queremos ser participes con los demonios.

Jesús Tomó a los Demonios Seriamente
Una tercera razón por la que la demonología debería ser estudiada es porque nuestro Señor asumió su existencia muy seriamente. Los demonios son mencionados en conexión con Jesús mas que en cualquier parte en la Escritura. Los demonios no eran una invención para Jesús. Reconoció su presencia maligna y poder en las vidas de las personas en Su día y los expulsó por el Espíritu de Dios. Si Jesucristo tomó a los demonios seriamente, ¿qué de usted y yo?
Los Dispositivos del Diablo
Otra razón valida para aprender acerca de los demonios es aumentar nuestro conocimiento de los dispositivos de Satanás. Los demonios están sujetos a Satanás y hacen su voluntad maligna. Como su malévolo maestro, buscan devorarnos (1 Ped. 5:8). Dios no quiere que esto suceda. Nos advierte en Su palabra que no seamos ignorantes de las maquinaciones del diablo (2 Cor. 2:11).
Desde el principio del pecado, los demonios han sido un dispositivo efectivo de Satanás. ¡Cómo han acosado y fastidiado a los hijos de Dios! Ser ignorantes de su existencia y obra maligna — sea por ignorancia, indolencia o incredulidad – puede ser fatal. Quizás necesitamos una etiqueta grande pegada a nuestras Biblias: “¡Advertencia! ¡La ignorancia de los demonios puede ser peligrosa para su salud espiritual!” Mientras más sepamos acerca de nuestro enemigo, mejor preparados estaremos para enfrentar nuestro “antiguo enemigo”.

Para Ayudar a Otros 
Deberíamos aprender acerca de los demonios y cómo operan de manera que podamos estar listos para ayudar a otros a entender lo que necesitan saber acerca de estos agentes malignos de Satanás. Hay muchas personas que necesitan saber lo que la Biblia dice acerca de los demonios. Han sido afligidas, sin necesidad, por la atención desordenada a los demonios que han recibido en películas, música, literatura y aún juegos de mesa “inofensivos”. Su visión de los demonios está ferozmente distorsionada. Esto no significa que los demonios no sean reales. Lo son. Pero la descripción bíblica de los demonios es un lejano lamento de la descripción del obsesionado retrato de los demonios.
El cristiano devoto debería estar siempre listo a ayudar a otros con cualquier necesidad que tengan: física o espiritual. Muchas almas atribuladas e inquiridoras tienen preguntas acerca de
Satanás y lo oculto. Aún algunas pueden sentir que están poseídas por un demonio. ¿Cómo responder a estas personas? ¡Con respuestas de la Palabra de Dios! Los cristianos deben estar vestidos “de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Ef. 6:10). Debemos tomar “el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef. 6:17). La palabra de Dios nos dotará contra el espíritu del mundo. Esta ayudará a otros a defenderse a sí mismos contra los demonios de Satanás. Su única esperanza es encontrada en la Biblia.
La demonología no es un tema agradable. Pero es bíblico. La persona espiritual tomará cualquier momento que sea necesario para aprender mas acerca de Satanás y sus demonios. Nuestra misma vida espiritual depende de lo que sepamos acerca de ellos y cómo derrotarlos. Así debe ser con la vida de nuestra familia y amigos. La Palabra de Dios contiene las respuestas. Cavemos en ella y encontrémoslas.
¿SON REALES LOS DEMONIOS?
Si...Los demonios son reales.

Colocando a un lado la superstición antigua y el escepticismo moderno, hay buena razón para creer en la realidad de los demonios. ¿Por qué? Al menos por tres razones inteligentes.

La Autoridad de la Palabra de Dios
¿Por qué creemos en la realidad de los demonios? Porque el único documento inspirado en toda la literatura dice que los demonios existen. La Biblia es la Palabra inspirada de Dios (2 Tim. 3:16-17). La Palabra de Dios es la verdad (Jn. 17:17). Es imposible que Dios mienta (Tito 1:2). Si la Biblia dice que hay demonios entonces deben haber demonios. Y la Biblia dice esto docenas de veces. La Escritura no puede ser quebrantada.
Cuando la Biblia habla de los demonios, está hablando la verdad. No hay error en la Palabra de Dios. Alexander Campbell declaró, “No hay nada tan seguro, tan durable, tan incambiable como la palabra del Señor. No hay error en ella. No puede haber error en lo más mínimo y exactitud conforme a esta: porque ella permanece para siempre. La verdad, como su autor, es eterna e incambiable” (The Millennial Harbinger, Vol. 3, Mar., 1832, Pág. 99). Cualquier tema al que se dirija la Biblia, desde los ángeles hasta Sion, es verdad desde el principio hasta el fin. La Biblia lo dice, lo creemos, eso lo resuelve.

El Testimonio de Jesucristo 
Creemos en la realidad del mundo de los demonios porque Jesús se dirigió al tema como algo real. ¿Si no podemos confiar en Jesús entonces en quién? Jesús era un hombre que anduvo haciendo el bien. Lo que hizo era bueno. Lo que enseñó era bueno (eso es, la verdad). Los hombres buenos dicen la verdad. Jesús dijo que los demonios existían. ¿Las palabras de quiénes creeremos? ¿Las del Hijo del Hombre o las de los escépticos modernos?
Jesús era más que un buen hombre — Era Dios–Hombre. Era Emanuel, “Dios con nosotros”. Fue manifestado en carne (1 Tim. 3:16). Jesús estaba con Dios en el principio, era Dios, y se hizo carne, morando entre los hombres como hombre, desplegando la gloria del Padre (Jn. 1:14). Nótese el testimonio de Pedro: “Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hch. 10:38). Parte del bien que Jesús hizo fue librar a los hombres de los
poderes de los demonios que los poseían.
Jesús fue sin pecado (Heb. 4:15; 2 Cor. 5:21; 1 Jn. 3:5). Eso significa que nunca dijo una mentira, nunca engañó a nadie. La Biblia dice, “... aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca” (Isa. 53:9; 1 Ped. 2:22). Jesús habló de los demonios como una realidad en Su día. Se dirigió a ellos como fuerzas reales y poderosas. Si no podemos creerle a Jesús sobre la realidad de los demonios, no podemos tomar Su palabra sobre la existencia del rey de los demonios, Satanás. Siguiendo este patrón, pronto estaríamos despojados de todas nuestras creencias sobre algo que Jesús hubieran enseñado en algún momento. Jesús era un maestro “venido de Dios” (Jn. 3:2). Enseñó con la autoridad de Dios. Si Sus enseñanzas no son ciertas, tampoco lo es Su fuente.
Lo que Jesús dijo acerca de los demonios es cierto. Si El estuviera fuera de sitio sobre ese tema entonces en cuál tema podamos confiar en El? ¿La expiación? ¿La redención? ¿La gracia? ¿La segunda venida? ¿El juicio? ¿El cielo? ¿El infierno? ¿Dónde trazará usted la línea? Usted no lo hará. La línea ya ha sido trazada — Cristo ha hablado. ¡No nos atrevamos a cruzar esa
línea!
Comentando sobre el testimonio creíble de Jesús y las Escrituras, Merrill F. Unger comenta, “... no hay una insinuación de que Jesús o alguno de los escritores del Nuevo Testamento hubiera dudado levemente en cuanto a la existencia real ya fuera de Satanás o los demonios. Creyeron en su realidad tanto como en la existencia del Dios, o de los ángeles buenos. Solamente una investigación ligera es necesaria para desenmascarar la extrema crudeza, la capacidad destructora, y lo insostenible de la visión racionalista y mítica de Satanás y los demonios. No sólo pone en peligro el carácter y veracidad del Hijo de Dios mismo, sino que desafía a la autenticidad y confiabilidad de toda la Biblia. Porque si las enseñanzas de las Escrituras sobre el tema de Satanás y los demonios son juzgadas como mitos, cualquier otra doctrina del Escrito Sagrado puede ser declarado de igual manera como mito según el capricho de la crítica, quien está dispuesta a contrarrestar sus opiniones contra aquellas de los profetas, apóstoles, y el Señor mismo” (Demonología Bíblica, Págs. 36-37).
LA NATURALEZA DE LOS DEMONIOS
¿Cuál es la naturaleza básica de los demonios? ¿Algunos son buenos y otros malos? ¿Oh son ellos siempre malos? ¿Son de naturaleza espiritual o terrenal? ¿Asumen forma física, como los ángeles? ¿Oh simplemente poseen los cuerpos de otras personas por un tiempo?
La naturaleza básica de los demonios, acorde a la Biblia, es doble: (1) en cuanto a su estado actual de seres son espíritus; (2) en cuanto a su carácter moral son inmundos. Los demonios son espíritus inmundos.
Seres Espíritus
Los ángeles, por supuesto, también son seres espíritus. “¿No son todos espíritus ministradores, ...” (Heb. 1:14). Pero ellos son enviados por Dios para servir a los santos. Difícilmente esto podría ser dicho de los demonios. Ellos son emisarios de Satanás quien busca causar gran daño al santo y al pecador de igual manera. Los demonios son seres espíritu pero no hay nada de espiritual acerca de ellos o de su obra.
¿Cómo sabemos que los demonios son seres espíritu? ¿Recuerda usted cuando Jesús se apareció a Sus discípulos después de Su resurrección? Al principio estaban atemorizados. ¿Por qué? ¡Por qué pensaban que habían visto un espíritu! “Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu” (Luc. 24:37). Jesús calmó sus temores por medio de mostrarles Sus manos y pies, diciendo, “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Luc. 24:39). Seres espíritu – sean buenos (como los ángeles) o malos (como los demonios) – son sólo eso: de
naturaleza espíritu. Los ángeles de Dios, aunque de naturaleza espíritu, podían tomar forma física. No tenían cuerpos humanos como tales. Ni poseían los cuerpos de los hombres como los demonios. Como mensajeros de Dios, aparecieron en forma humana a los seres humanos. Los demonios entraron en los cuerpos de hombres y mujeres, fuera por invitación (como los mediums ) o por la fuerza, (posesión).
Los escritores de los evangelios sabían que los demonios eran seres de naturaleza espíritu. Por ejemplo, Mateo, registra que en Capernaúm muchos “endemoniados” fueron traídos a Jesús (Mat. 8:16). Luego dice que Cristo “expulsó a los espíritus con su palabra” (LBLA). Los dos términos, demonios y espíritus, para él eran sinónimos. En la narración de Marcos del endemoniado gadareno, las palabras “demonios” y “espíritu inmundo” son de igual manera usados intercambiablemente. Un hombre con un “espíritu inmundo” vino a Jesús (Mr. 5:2). Más tarde los “demonios” le pidieron a Jesús que los dejara entrar en un hato de cerdos (Mr. 5:12). Jesús les dio permiso y los “espíritus inmundos” salieron de Legión y entraron en los cerdos (Mr. 5:13).
De estos pasajes y otros como estos, es claro que los demonios son seres espíritu. Pero difieren de los seres angélicos y los seres
humanos. Los “espíritus de los justos hechos perfectos” están en el Seno de Abraham o Paraíso (Heb. 12:23). Los espíritus de los injustos que han muerto están sufriendo en el tártaro o Lugar de Tormento (Luc. 16:23).
Entes Inmundos
La Biblia también deja claro que los demonios son espíritus inmundos. En el Antiguo Testamento son referidos usualmente como espíritus de “familiares” (LBLA Lev. 19:31; Dt. 18:11; 1 Sam. 28:3; 2 Cr. 33:6; Isa. 8:19; etc.). A continuación colocó los pasajes tal como aparecen en la Biblia de las Américas:

Levítico 19:31 – “No os volváis a los médium ni a los espiritistas, ni los busquéis para ser contaminados por ellos. Yo soy el Señor vuestro Dios”.
Deuteronomio 18:11 – “O encantador, o médium, o espiritista, ni quien consulte a los muertos”.
1 Samuel 28:3 – “Samuel había muerto, y todo Israel lo había llorado, y lo habían sepultado en Ramá su ciudad. Y Saúl había echado de la tierra a los médium y espiritistas”.
2 Crónicas 33:6 – “Hizo pasar por el fuego a sus hijos en el valle de Ben-hinom; practicó la hechicería, usó la adivinación, practicó la brujería y trató con médium y espiritistas. Hizo mucho mal ante los ojos del Señor, provocándole a ira”.
Isaías 8:19 – “Y cuando os digan: Consultad a los médium y a los adivinos que susurran y murmuran, decid: ¿No debe un pueblo
consultar a su Dios? ¿Acaso consultará a los muertos por los vivos?”.
Una rara excepción es Zacarías 13:2 donde ellos son llamados “inmundo” — “Y sucederá aquel día—declara el Señor de los ejércitos—que eliminaré de la tierra los nombres de los ídolos, y nunca más serán recordados; también yo quitaré de la tierra a los profetas y al espíritu inmundo” (LBLA; “espíritu de inmundicia” en la Reina-Valera).
Por ejemplo, en Mateo 12:43 Jesús dijo, “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla”. Más tarde, en el texto Jesús indicó que el espíritu “Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; ...” (Mat. 12:45). En Apocalipsis 18:2 es llamado “espíritu inmundo”. Estos son términos que la Biblia usa para describir a los demonios.
Todo esto es para decir que las Escrituras no saben nada de “buenos” demonios. Una y otra vez la Biblia llama a los demonios “inmundos“ o “malos”. El hombre ha sugerido que algunos demonios eran realmente seres buenos y benevolentes.

No obstante, parece que hay grados de maldad (o perversidad) entre los demonios. Aunque ninguno es bueno, algunos son menos malos que otros. Obviamente Satanás es el peor, siendo llamado el “príncipe de los demonios” (Mat. 12:24). Jesús enseñó que algunos demonios eran más malos que otros. Refiriéndose a un espíritu malo, Jesús dijo, “... va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí ...” (Luc. 11:26).
La enseñanza de nuestro Señor es clara: los demonios son seres espíritus inmundos.

CARACTERISTICAS DE LOS DEMONIOS
Cuando hablamos de la naturaleza de algo, estamos hablando acerca del carácter inherente o constitución básica de una persona o cosa. La esencia de los demonios bíblicos, como ya hemos visto, es la de un espíritu inmundo. Cuando mencionamos las características de los demonios, queremos decir las marcas distintivas o peculiares de estos seres malignos. Los demonios están claramente marcados con su acción y conducta inusual, sobrenatural e impía.

Un Deseo Insaciable Por Habitar en los Cuerpos Vivos
Una característica de los demonios es su deseo intenso por invadir y habitar en un cuerpo vivo. Cuando una persona – buena o mala, salva o no salva – muere, su espíritu se separa de su cuerpo (Stg. 2:26). El cuerpo del muerto eventualmente retorna al polvo (Gén. 3:19). Pero el espíritu del difunto retorna a Dios que lo dio (Ecl. 12:7).Cuando Lázaro murió, fue “llevado por los ángeles” al Seno de Abraham (Luc. 16:22). Pero cuando el rico murió, era “atormentado” en el Hades, la morada de los injustos que murieron (Luc. 16:23). Los espíritus de las personas impías que murieron
son consignadas al compartimiento de sufrimiento en el Hades, el Tártaro o lugar de tormento.
El apóstol Pedro menciona a los “espíritus encarcelados” (1 Ped. 3:19) y a los “ángeles que pecaron” (2 Ped. 2:4) como estando en un lugar de obscuridad y sufrimiento, esperando el juicio. No obstante, sabemos que algunos ángeles malos y espíritus inmundos estaban sueltos en los días de Jesús, los apóstoles y la iglesia primitiva. En cuanto a por qué algunos ángeles y demonios estaban confinados y otros no para hacer su obra maligna es un misterio. La Biblia no rinde un claro indicio y debemos estar contentos en dejar las cosas secretas que le pertenecen al Señor (Dt. 29:29).
No obstante, una cosa es clara; los demonios tienen un ardiente deseo por ocupar los cuerpos de los vivos. Jesús una vez habló de un demonio que había sido expulsado de un hombre (Mat. 12:43-45; Luc. 11:24-26). Dijo que el espíritu expulsado anduvo por “lugares secos” buscando reposo pero no encontró ninguno. ¿Qué significa esto? Sabemos que Satanás mismo constantemente rodea la tierra y anda por ella (Job 1:7). Pedro advirtió, “... vuestro
adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Ped. 5:8). ¿Deberíamos sorprendernos de que sus ruines ayudantes también hagan lo mismo?
¿Cuáles son estos “lugares secos”? ¿Podrían ser áreas desérticas? Cristo fue tentado por el diablo en un lugar semejante (Mat. 4:1). Un lugar árido y seco es un lugar sin agua. Los espíritus de los impíos que han muerto saben lo terrible que puede ser la sed (Luc 16:24). El infierno es un lugar donde no hay reposo, ni día ni noche (Ap. 14:11). La Biblia dice que los demonios “buscan reposo” pero no lo encuentran. ¿Estos lugares desolados donde los demonios vagan les recuerda de su tormento venidero? ¿Y qué clase de “reposo” experimentan ellos una vez que se han refugiado en su nueva “casa”?
El deseo por habitar un cuerpo vivo es tan grande entre los espíritus sin cuerpo que aún preferirían encarnar en un animal a no encarnar en absoluto. Cuando los demonios que poseían al hombre que se llamaba a sí mismo “Legión” se encontraron con Jesús, pidieron Su permiso para entrar en un hato de cerca de 2.000 cerdos (Mat. 8:31; Mr. 5:12; Luc. 8:32). Prefirieron morar
en el cuerpo de un cerdo a aquellos días terribles de vagar por lugares secos. Jesús les concedió su extraña solicitud y los demonios invadieron el hato de cerdos. La reacción de los cerdos fue sorprendente e inmediata. Salieron en estampida “violentamente” y se lanzaron al mar. ¡Qué extraño! Los demonios prefirieron vivir en un cerdo antes que andar por lugares secos: los cerdos escogieron ahogarse en el agua antes que ser poseídos por estos seres extraños.
La enseñanza de Jesús sobre esta característica de los demonios es clara. “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí ...” (Mat. 12:43-44). Los espíritus malos desean habitar en los seres vivos.

Empeño Por Perjudicar y Asesinar
Una segunda característica de los demonios es que buscan perjudicar – y aún destruir – a aquellos a quienes poseen. Esto parece contraproducente, aún locura pura, pero nadie jamás ha dicho que los demonios actúen siempre de una manera racional. Ciertamente, su conducta a veces solamente puede ser llamada irracional. No es suficiente para ellos buscar invadir a las personas – también quieren perjudicarlas.
Esta conducta extraña es vista en varias narraciones de personas poseídas por demonios en los días de Jesús. Un hombre que era poseído por un demonio en Capernaum fue sacudido con violencia por el espíritu inmundo antes de que saliera al mandato de Cristo (Mr. 1:26). Fue como si el demonio quisiera conseguir un último acto de violencia.
El demonio gadareno es otro ejemplo de ellos. Noche y día este pobre hombre gritaba y se hería con piedras (Mr. 5:6). Muchas veces el demonio que vivía en él había hecho que el hombre rompiera sus cadenas (v.4) y huyera el desierto (Luc. 8:29). Solamente podemos imaginar lo que el demonio trataba de hacer a esta desafortunada criatura durante aquellas huidas al desierto. ¡Cómo este pobre cuerpo debe haber estado cicatrizado y lleno de llagas por los ataques del demonio sobre su cuerpo! Esto por no
decir de los juegos que los demonios jugaban con la mente de este pobre hombre.
Aún los niños no eran inmunes de la obra corrupta de los espíritus inmundos. Un joven había sido poseído por un demonio desde su niñez (Mr. 9:21). El demonio, acorde al testimonio del padre del muchacho, a menudo lo ponía a convulsionar. Crujía los dientes y echaba espumarajos (Mr. 9:18). Después que Jesús reprendió al demonio, el espíritu inmundo salió del cuerpo del muchacho pero no sin antes sacudirlo una vez mas. Tan violenta fue esta convulsión final que los espectadores pensaron que el muchacho estaba muerto (Mr. 9:26).
En Efeso un hombre poseído por un demonio le produjo daño físico a otros (Hch. 19:16). Saltó sobre los siete hijos de Esceva y los golpeó de tal manera que los hermanos huyeron “desnudos y heridos”.
Los demonios parecen tener un deleite perverso en producir daño físico, dolor y sufrimiento. Esto nos lleva a preguntarnos si algunas de las cosas terribles que las personas hacen hoy día – aún a miembros de su propia familia – no son inspiradas por los
demonios. ¿Cómo más podemos explicar algunas de las cosas inhumanas que suceden? Especialmente padres que llevan a cabo tales atrocidades sobre sus hijos. Y algunas veces a la inversa.
No sólo los demonios buscan herir violentamente a aquellos en quienes habitan, ¡En realidad quieren matarlos! Esto, como hemos dicho, pareciera ser contraproducente porque al morir ellos estarían forzados a deambular por lugares tenebrosos y áridos una vez mas. Sea como pudiera ser, debe ser recordado que los demonios estaban bajo el control obscuro de su maligno maestro Beelzebú, el príncipe de los demonios (Luc. 11:15). ¿Y cuál es el deseo de Satanás? Devorar a los creyentes (1 Ped. 5:8). El diablo, acorde a Jesús, es un “homicida desde el principio” (Jn. 8:44). Fue Satanás quien hizo que Caín se levantara y matara a su propio hermano con sangre fría (Gén. 4:7-8). ¿No es de sorprenderse que busque asesinar también como afligir? El asesinato es la última misión de los demonios. Herir no es suficiente. Solamente la muerte satisface a los demonios.
Esto es visto en varios lugares en la Escritura. Uno de los incidentes más terribles de intento de asesinato fue el demonio que
poseía al muchacho de Marcos 9. No contento con maltratar y magullar al muchacho, el demonio a menudo intento ahogarlo por medio de echarlo en el agua. También intentó arrojarlo al fuego en un esfuerzo maligno por quemar al muchacho hasta morir (Mr. 9:22). Una vez más somos llevados a preguntarnos cuántas personas hoy día que sufren de la manía suicida están siendo afligidos por los espíritus satánicos. Ciertamente ninguna persona en sus cabales se arrojaría al agua o al fuego. ¿Es posible que el rey Saúl cometiera suicidio ante la incitación de los espíritus que lo habían mortificado por tanto tiempo? ¿Lo fue Legión tratando de matarse a sí mismo cuando se hería con piedras (Mr. 5:5)? ¡Cuán crueles y despiadados son los demonios del infierno!
ORGANIZACION DE LOS DEMONIOS
Las Escrituras indican que los demonios operan bajo un sistema de autoridad sumamente organizado, aún cuando ese sistema es totalmente corrupto y perverso. Los demonios no “hacen lo que quieran”. No actúan por sí mismos. Ellos son parte de una maquinaria diabólica, altamente eficiente y bien engrasada. Esta organización existe para atormentar, interrumpir y aún tratar de detener la obra de Dios.

Satanás, el Rey de los Demonios
Jesucristo es la cabeza de Su reino, la iglesia (Efe. 1:20-23). Satanás está al timón de su imperio. Los espíritus inmundos están sujetos a él. Jesús enseñó esta verdad cuando reconoció a una mujer que tenía un “espíritu de enfermedad”, efectivamente, había estado atada por Satanás por mucho tiempo. “Y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar” (Luc. 13:11). El Señor tuvo compasión de ella y la liberó de este espíritu de enfermedad inducida. Luego dijo a los espectadores, “Y a esta hija de Abraham, que Satanás había
atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?” (Luc. 13:15). Satanás usa sus demonios para afligir a las personas físicamente. El espíritu que había incapacitado a esta mujer era un agente del diablo actuando de acuerdo con su amo de las tinieblas. No obstante – como es el caso en toda narración en los evangelios – los espíritus deben someterse a la autoridad de Jesús aún más grande.
En al menos dos ocasiones Jesús fue acusado de expulsar demonios por Beelzebú, el príncipe de los demonios. El pensamiento judío de los días de Jesús era que Beelzebú, o Satanás, era el soberano de los demonios. “Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios” (Mat. 12:24). Nuestro Señor procedió luego a mostrar a sus críticos cuán ridículo y contraproducente sería para El expulsar demonios por Satanás: “Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?” (Mat. 12:26). ¿Sería Satanás tan estúpido como para dividir su reino? Los demonios son los siervos voluntarios del diablo.

El diablo es el “... príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efe. 2:2). La traducción inglesa de Weymouth dice, “el príncipe de los poderes del aire, los espíritus que ahora están obrando en los corazones de los hijos de desobediencia”. En otras palabras, los demonios actualmente están trabajando hoy día en las vidas de las personas desobedientes. Están bajo el gobierno de Satanás y gobiernan las vidas de los pecadores.
Sabemos que nuestra batalla contra Satanás no es contra carne y sangre. Pablo dice que es contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Efe. 6:12). Satanás es el líder reconocido de los ángeles caídos y de los espíritus inmundos. Ambos están bajo su orden. Ambos luchan contra las fuerzas de los justos.


Los Espíritus Encarcelados Bajo el Dominio de Satanás
No sólo los demonios están “sueltos” bajo el dominio de Satanás, aún los espíritus que permanecen en prisión en el mundo hadeano están sujetos al diablo. El Abismo, “Es una referencia a las regiones inferiores como morada de demonios, de donde pueden ser soltados” [Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999]. Es mencionado un número de veces en Apocalipsis (Ap. 9:1-2,11; 11:7; 17:8; 20:1,3). Aquellos confinados en el Abismo tienen un rey sobre ellos, “al ángel del abismo” (Ap. 9:11). En Hebreo su nombre es “Abadon” y en Griego “Apolión”. Ambos nombres significan “Destructor”. Burton W. Barber comenta, “Satanás es la personificación de la destrucción. Nunca construye, nunca levanta, sino que derriba y destruye. Destruye la fe de los hombres en Dios y el amor por El. Destruye el carácter, los hogares y las naciones. No desea que ningún bien venga de Dios o a los hombres y solamente tolera lo suficiente para perfeccionar y ejecutar un plan que destruya todo lo que Dios y los hombres construyan si él puede” (La Ruina y la
Redención del Hombre, Pág. 33).
Satanás mismo es atado, arrojado, y sellado en el Abismo por mil años (Ap. 20:1-3). ¡Satanás es el rey de su reino pero no del de Cristo!

Grados de Fortaleza y Maldad Demoníaca
Los santos ángeles de Dios, aunque a la postre sujetos a Dios y a Cristo, están también bajo la autoridad de un arcángel. De nombre Miguel (Judas 9). El prefijo, “ar” significa “príncipe”. Miguel es el príncipe de los santos ángeles. “Ar” es encontrado en “principados” (Rom. 8:38; Efe. 1:21; Col. 1:16). Hay buenos príncipes y malos príncipes. Satanás es el “príncipe de la potestad del aire” (Efe. 2:2). No parece que haya algún “ardemonio” en las Escrituras que no sea Satanás.
No obstante, Jesús enseñó que hay grados de maldad entre los demonios. Todos son inmundos, malvados, malos y corruptos. No hay buenos demonios, contrario el pensamiento griego popular. Pero algunos son más malos que otros. Escuche a Jesús sobre el asunto: “24Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por
lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. 25Y cuando llega, la halla barrida y adornada. 26Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero” (Luc.11:24-26). Todos los demonios son malos pero algunos son más malos que otros.
Los grados de maldad demoníaca pueden ser vistos en aquellos demonios que atacaban violentamente a las personas a quienes poseían. Especialmente es visto en los demonios que buscaban matar a aquellos en quienes habitaban. Algunos espíritus estaban contentos con “meramente” afligir a las personas con ceguera (Mat. 12:22), sordera (Mr. 9:25), mudez (Mat. 9:32; Luc. 11:14) o encorvándolas (Luc. 13:11). Pero otros demonios, más malos, irían más allá deteriorando el habla, la visión y el oído. Considere lo siguiente:

° “Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia ...” (Mr. 1:26).
 
La violencia es una seña de demonismo.

° “y sucede que un espíritu le toma, y de repente da voces, y le sacude con violencia, y le hace echar espuma, y estropeándole, a duras penas se aparta de él ... el demonio le derribó y le sacudió con violencia; ...” (Luc. 9:39,42).
    
Lo que hace todo esto peor era que la víctima era un muchacho. Los demonios no tienen misericordia. Marcos añade que el demonio a menudo arrojaba al muchacho al agua o al fuego para matarlo (Mr. 9:22).
° “Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras” (Mr. 5:5). Los demonios buscan la muerte de las personas, aún por sus propias manos.

En adición a la enseñanza de que hay grados de maldad entre los demonios, nuestro Señor también indicó que ciertas clases de demonios requieren de mas esfuerzo para expulsarlos de sus víctimas. En el caso del muchacho epiléptico, los discípulos de Jesús habían fallado en su esfuerzo por ayudar al muchacho. Después que Jesús reprendió al demonio y lo expulsó, los discípulos le preguntaron a Jesús por qué ellos no habían sido capaces de hacerlo. Su respuesta: “Pero este género no sale sino con oración y ayuno” (Mat. 17:21). Algunos demonios eran tan malos que se requería de más esfuerzo espiritual para vencerlos. El hecho de que Jesús era un hombre de oración y ayunos explica su éxito donde los discípulos habían fallado.

En el reino de los demonios hay espíritus que son más malos y perversos, más dañinos y violentos, más exitosos en resistir los esfuerzos de los hombres que no se han dado a la oración y al ayuno. Aunque no tienen un “ardemonio” (tal como Miguel con los ángeles), están sujetos a Satanás, el rey del Abismo. El es su reconocido gobernante y reina supremo en su reino maligno.

Finalmente Bajo Cristo
De todas maneras, los demonios están sujetos al más grande poder y autoridad, ¡al Señor Jesucristo! Nunca ha habido un demonio que fuera capaz, o que sea capaz, de resistir exitosamente la orden repicante de Cristo de salir de la persona desafortunada a quien poseía. Ellos emitían alaridos terribles, sacudían a sus víctimas violentamente, dejándolos como muertas pero finalmente sucumbían a la suprema autoridad, la de Cristo (Mr. 9:26). ¡Cómo deben haber odiado hacerlo así! ¡Sus propios agentes de malicia, rindiéndose en derrota a su archienemigo, Jesucristo!
Todo el reino de los demonios algún día se inclinará ante Jesús y confesará que El es el Señor. Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos (seres angélicos), y en la tierra (seres humanos), y debajo de la tierra (seres demoniacos); y toda lengua – incluyendo la lengua de los ángeles y los demonios – confesará que Cristo es el Señor, para la gloria de Dios Padre (Fil. 2:10-11).
Si, los demonios están bajo el dominio de su jurado líder, Satanás. Pero sea que les guste o no los demonios están sujetos al poder y autoridad del Hijo de Dios.

LA FE DE LOS DEMONIOS
Inaudito como pudiera sonar, los demonios son creyentes. Santiago, el hermano del Señor, hizo esta afirmación inspirado por el Espíritu Santo. “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan” (Stg. 2:19).

Dos Clases de Fe
No obstante, la Biblia enseña que hay dos clases de fe. La primera clase de fe es la fe que obra por el amor. “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gál. 5:6). La fe bíblica genuina obrará y ese obrar estará motivado por el amor a Dios y al hombre. De esta clase de fe los demonios no saben nada. Su creencia en Dios es de cabeza, no de corazón. No aman a Dios, mucho menos al hombre. Buscan desacreditar a Dios y destruir al hombre.
La otra clase de fe que describe la Biblia es la “fe sin obras” (Stg. 2:26). Los demonios, aunque asientan mentalmente la existencia de Dios, no tienen buenas obras para acompañar o complementar su fe. Todas sus obras son malas. Su falta de buenas acciones y la abundancia de obras malas anula completamente la “fe” de ellos.
Considere tres cosas acerca de la fe de los demonios:
Los Demonios Son Monoteístas
La Biblia dice que los demonios creen en la existencia del único Dios – Jehová. Escuche a Santiago: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan” (Stg. 2:19). Santiago está escribiendo a los judíos que se enorgullecían a sí mismos por el hecho de que creían en Dios. ¿Y qué? La mayoría de los americanos, acorde al censo religioso, creen en Dios. Pero nuestra sociedad cada vez se está volviendo peor. El pecado está creciendo en cada salto y rebote. ¿De qué sirve la fe religiosa si el buen carácter moral no la acompaña? Ese es el mensaje de Santiago a los cristianos judíos. ¿Ustedes creen en Dios? Bueno. Grandioso. ¡Entonces vivan acorde a eso! No sean como los demonios que reconocen la existencia de Dios pero viven (literalmente) para el diablo.
No obstante, en un sentido, los demonios son más sabios que algunos hombres. Recuerde que una derivación de “demonio” es “discriminar” o “conocer”. Al menos los demonios creen en la existencia de Dios. En otras palabras, ¡no son ateos! No hay ateos en el infierno, o en el Tártaro, o en el Abismo. Los demonios saben que hay un Dios. Por experiencia personal.
No son demonios necios. “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Sal. 14:1; 53:1). En este sentido, los demonios son más
sabios que muchos hombres. No son tan necios como para negar la realidad de la existencia de Dios. ¿Esta fe los salvará? No. Su fe viene de la cabeza, no del corazón. Sus obras malas abrogan su fe en Dios. Además de esto, están perdidos – condenados. Tuvieron su oportunidad.
Los demonios tampoco son politeístas. Santiago dice que ellos creen que hay es un Dios. Este es el testimonio repetido en la Escritura. “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Dt. 6:4). Jesús citó este pasaje en su comentario a uno de los escribas (Mr. 12:29). El apóstol Pablo escribió, “... un Señor, ...” (Efe. 4:6). Los demonios no son maniquís. No cayeron por politeístas, una creencia en muchos dioses. Son más sabios que los antiguos griegos y los hombres modernos. Creen en la unicidad de Dios. Este hecho hace que tiemblen y teman. Cuando los demonios oyen de Dios, hacen que su cabello se erice. Esto nos recuerda de Elifaz, uno de los amigos de Job. En la descripción de un sueño que tuvo, recuenta una experiencia de cabello erizado. “13En imaginaciones de visiones nocturnas, cuando el sueño cae sobre los hombres, 14Me sobrevino un espanto y un temblor, 1ue
estremeció todos mis huesos; 15Y al pasar un espíritu por delante de mí, hizo que se erizara el pelo de mi cuerpo” (Job 4:13-15).
¿Pero no dice la Biblia que sin fe es imposible agradar a Dios? Si (Heb. 11:6). Los demonios creen en Dios. Entonces, ¿por qué no serán salvos? Por que la Biblia también invoca por una vida de buenas obras, como también de fe. Los demonios son como muchas personas impías: “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:16).
Los Demonios Creen en la Deidad de Cristo
La Biblia también indica que los demonios creen que Jesucristo era mas que un hombre. Creen que El es el mismo Hjo de Dios, el Santo de Dios. Nuevamente, los demonios son mas astutos que muchos hombres que declaran ser “sabios” pero rechazan neciamente las afirmaciones de la deidad de Cristo. Pablo dice, “20¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? 21Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Cor. 1:20-21).
Los demonios no son tan necios como los hombres. Creen en la existencia de Dios y en la deidad de Jesucristo. Innumerables millones hoy día creen en Dios pero no en Jesucristo. Considere el judaísmo. Considere el Islam. Los adherentes de ambas fes reconocen a Dios. Los judíos lo llaman “Jehová” y los musulmanes lo llaman “Alá”, pero ninguno reconoce que Jesucristo es el Hijo de Dios. Ninguno de los dos puede venir ante la presencia de Dios porque Jesús dijo, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

Los demonios no son modernistas o liberales en su teología. Nunca se dirigieron a Jesús de una manera despreciativa como el hijo de José, “el hijo del carpintero”, o como lo hicieron algunos en los días de Jesús (Mat. 13:55). Nunca lo llamaron el hijo de Adán, como lo hace la teología mormona carnal. Ni los demonios atribuyen la paternidad de Jesús a un soldado alemán, como lo hacen los racionalistas alemanes. Tal blasfemia es inpensable entre los demonios.
Nótese cómo los demonios se dirigieron a Jesús. Un demonio que poseía a un hombre en Capernaum clamó, “¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios” (Mr. 1:24). “El Santo” es un nombre sagrado usado para describir al Hijo de Dios (Sal. 16:10; Hch. 2:27; 3:14; 13:35, etc.). Aunque muchos modernistas, teologos liberales y cultistas no creen que Jesús es el Hijo de Dios, los demonios lo creen. “Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios” (Mr. 3:11). Ellos no decían, “Tú eres un hijo de Dios” (como los Testigos de Jehová). Los demonios saben que
Jesús es el Santo de Dios, el unigénito Hijo de Dios. Es por eso que cayeron en Su presencia.
En una cosa en que no caen los demonios es en la idea popular de que Jesús era un buen hombre pero no Dios. ¿No es de sorprenderse que la creencia religiosa de los demonios es más fuerte que la de muchas personas hoy día – aún de grupos religiosos?
La fe de los demonios no los lleva a arrepentirse de sus obras impías. Sin arrepentimiento, todos perecerán (Luc. 13:3,5). Obedecieron a Jesús cuando les mandó que salieran, no porque quisieran sino porque tuvieron que hacerlo. Se rindieron a Su poder soberano. La fe de los demonios es un testimonio poderoso a la total futileza de la doctrina de la “salvación por la fe sola”. Si todo lo que una persona debe hacer para ser salva es creer en Cristo y confesar esa fe, todos los demonios en el infierno serán, y deberían ser salvos. Ellos creen que Jesús es el Cristo, lo confiesan y tiemblan. Y “temblar” es lo que deberían hacer los que confiesan creer en Jesucristo pero no hacen las cosas que El, como Señor, requiere. Escuche a Jesús: “¿Por qué me llamáis,
Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Luc. 6:46). Nuestro Señor Jesucristo ha mando el arrepentimiento (Luc. 13:3,5). ¿Hemos confesado la fe en Cristo y confesado nuestros pecados, apartándonos de los caminos del mundo? Jesús requirió una declaración pública de obediencia y lealtad hacia El (Mat. 10:32). ¿Todos los que han creído en Cristo han hecho eso? Jesús decretó que los creyentes deberían ser bautizados para ser salvos (Mr. 16:16). ¿Todos los que han afirmado tener fe en Jesús le han obedecido en el bautismo? Jesús demandó que Sus seguidores vivan una vida de fidelidad, aún hasta la muerte (Ap. 2:10). ¿Todos los que han dicho que creen en Jesús han estado viviendo una vida de fidelidad hacia El? Se requiere mas que fe en Jesús para ser salvo; también se requiere la obediencia a Jesús como Señor.
Los Demonios Creen en el Infierno
Créalo o no, los demonios creen en la existencia de un lugar de castigo eterno. Una vez mas somos impactados con el credo de estas criaturas. Creen en Dios. Creen que Jesucristo es el Hijo de Dios. Creen en la existencia del infierno.
La persona promedio no cree en un lugar llamado infierno. No lo temen. No creen que irán allí. ¡No es así con los demonios! Escuche al testimonio de la Escritura. Cuando Jesús vino a la región de Gadara, dos personas poseídas por demonios se encontraron con El. “¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios?” Clamaron ellos. “¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” (Mat. 8:29).
¿Torturar? ¿Atormentar? ¿Qué es esto? ¿No es el infierno meramente la imaginación apasionada de una mente afanada y extenuada? ¿No es infierno meramente una palabra abominable? ¿No es el infierno meramente nuestro sufrimiento aquí en la tierra? Un mundo incrédulo haría mejor en escuchar al testimonio de los demonios atados al infierno.
Cuando murió el rico de Lucas 16, la Biblia dice que fue sepultado (eso es, su cuerpo fue sepultado). Pero “en el hades” – donde estaba su espíritu – “estaba en tormentos” (Luc. 16:22-23).
Clamó, “ten misericordia de mí, ... porque estoy atormentado en esta llama” (Luc. 16:24). Los demonios saben que el infierno es un lugar de tormento.
¿Qué significa esta frase, “antes de tiempo”? (Mat. 8:29). Simplemente eso. El infierno es muy real, un lugar muy espantoso. Jesús dijo que fue “preparado para el diablo y sus ángeles” (Mat. 25:41). Es un lugar de fuego y castigo eterno (Mat. 25:46). El diablo, junto con sus ángeles y demonios, saben que algún día serán arrojados a este horripilante lugar. Sufrirán tormento día y noche por los siglos de los siglos (Ap. 20:10). ¡Quién no se estremecerá! ¡Quién no temblará ante el pensamiento de este podría ser ese día!
Los demonios no desechan la enseñanza bíblica sobre el infierno por decir, “Oh, eso es meramente su interpretación” o “Infierno es lenguaje figurado” o “Dios es tan bueno que no dejará que nadie vaya al infierno” o “Creo en la aniquilación total de los muertos”. A causa de su jurada lealtad a Satanás hace mucho tiempo han comprado su tíquete de ida al infierno. Comprenden con horror, que habrá literalmente la “paga del infierno” algún día.

Esto puede explicar varias cosas. Una, por qué Satanás es tan feroz y rapaz en sus ataques sobre el cristianismo. No se quiere ir al infierno sólo. Busca devorar cristianos (1 Ped. 5:8) – no solo sus cuerpos sino también sus almas. Va a llevarse con él tantos como pueda. Esto nos ayuda a entender por qué obra tanto y tan duro para destruirnos. Otra cosa que esto explica es porqué Satanás y sus fuerzas malignas atacan la Biblia tan enconadamente, llamándola una colección de cuentos de hadas, haciendo que los hombres duden de su inspiración y autoridad. ¿Por qué Satanás ataca especialmente los libros de Génesis y Apocalipsis? Por qué en Génesis está anunciada su eventual condenación (Gén. 3:15) y en Apocalipsis su destino final es sellado (Ap. 20:10). Por esta razón, los impresionantes ataques sobre el pueblo de Dios y la Palabra de Dios. Usted y yo deberíamos entender esto. Cuando Satanás y sus ayudantes fueron arrojados del cielo, Juan oyó una voz que decía, “Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo” (Ap. 12:12). El diablo y sus demonios están trabajando “horas extras” porque su tiempo es corto y porque saben que pronto van a ser atormentados en el infierno.
LOS DEMONIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Los Demonios y lo Oculto
La aparición y actividad de los demonios en el Antiguo Testamento es ante todo doble. Primero, consideraremos el asunto de los hombres consultando a los espíritus, luego, a los hombres adorando demonios. En ambos casos, es obvio que los hombres escogen voluntariamente estar involucrados con el mundo espiritual. Esto se coloca en estricto contraste con la actividad de los demonios en las narraciones de los evangelios. Allí encontramos a los demonios invadiendo los cuerpos y personalidades de individuos no dispuestos. Puede ser dicho con seguridad razonable que en las narraciones de los evangelios los demonios buscaron a los hombres mientras que en el Antiguo Testamento los hombres buscaron a los demonios.
Consideremos primero el asunto de los hombres consultando a los espíritus en el Antiguo Testamento. Realmente esto envuelve lo que es llamado lo “oculto”. El término “oculto” viene del Latín occultus, una forma del verbo occulere significando “cubrir u ocultar”. El mundo de lo oculto es entonces el mundo de las cosas que están escondidas, secretas, obscuras y misteriosas. La Biblia dice que tales cosas pertenecen solamente al Señor: “Las cosas
secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Dt. 29:29). A pesar de esta severa advertencia, los hombres se atreven a entrar en el mundo esotérico de lo oculto.

Las practicas de lo oculto en el Antiguo Testamento pueden ser divididas en al menos tres categorías, todas involucrando demonios o espíritus inmundos. Ellas son:


1. Consultando a los muertos.
2. Adivinando el futuro.
3. La práctica de la magia
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Consultando a los Muertos
Hay tres términos usados en el Antiguo Testamento para describir esta práctica deplorable.

REINA-VALERA BIBLIA DE LAS AMERICAS 
ADIVINO( mago),NIGROMANTE(consulte muertos),MEDIUN espiritista


Todas las prácticas tales, y aún mas, fueron estrictamente prohibidas por Dios. “10No sea hallado en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni hechicería, o sea agorero, o hechicero, 11o encantador, o médium, o espiritista, ni quien consulte a los muertos. 12Porque cualquiera que hace estas cosas es abominable al Señor; y por causa de estas abominaciones el Señor tu Dios expulsará a esas naciones de delante de ti. 13Serás intachable delante del Señor tu Dios” (Dt. 18:10-13, LBLA).
1. Adivino (médium). Los seres queridos que querían hablar con sus amigos o miembros de la familia que habían muerto irían a un médium. El médium, por un precio, buscaría contactar los espíritus del amigo que había partido o de un miembro de la familia. Por medio de entrar “en trance”, el médium mismo se abriría a sí mismo a una posesión temporal de un espíritu que luego hablaría a través de las cuerdas vocales al amigo o pariente que estaba buscando un mensaje. Acorde a Isaías el profeta, la voz de un espíritu parecería salir de la tierra. Al pronunciar un ay sobre Ariel,
la ciudad donde David vivió una vez, Dios dijo, “Entonces serás humillada, hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz de la tierra como la de un fantasma, [espíritu, LBLA], y tu habla susurrará desde el polvo” (Isa. 29:4). Esto confirma la verdad de la palabra hebrea para espíritu, owb. Esta palabra significa hablar incoherentemente, mascullar, un sonido hueco como saliendo de una jarra, ode o botella, en consecuencia, un ventrílocuo. La palabra es usada de los espíritus y los nigromantes.
Los demonios tienen la habilidad de personificar al muerto por medio de hablar a través de las cuerdas vocales de un médium.
La práctica de consultar a los muertos a través de un espíritu u médium fue prohibida estrictamente por Dios. Israel fue advertida, “No os volváis a los médium ni a los espiritistas, ni los busquéis para ser contaminados por ellos. Yo soy el Señor vuestro Dios” (Lev. 19:31, ). Dios llamó la práctica “abominación” (Dt. 18:12). Dios quería que Su pueblo lo buscara en sus momentos de dificultad y soledad, no a los muertos. “19Y cuando os digan: Consultad a los médium y a los adivinos que susurran y murmuran,
decid: ¿No debe un pueblo consultar a su Dios? ¿Acaso consultará a los muertos por los vivos? 20¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos amanecer” (Isa. 8:19-20, LBLA).
Puesto que esta práctica estaba tan cimentada y era tan vil (deshonrosa), Dios decretó que cualquier israelita que buscara los servicios de los médium y los espiritistas tendría que vérselas personalmente con Dios mismo. “En cuanto a la persona que se va a los médium o a los espiritistas, para prostituirse en pos de ellos, también pondré mi rostro contra esa persona y la cortaré de entre su pueblo” (Lev. 20:6, LBLA). Pero El esperaba que la nación de Israel llevara a cabo la sentencia: “Si hay médium o espiritista entre ellos, hombre o mujer, ciertamente han de morir; serán apedreados; su culpa de sangre sea sobre ellos” (Lev. 20:27, LBLA). Ciertamente nuestro Dios no habría colocado un castigo tan severo sobre esta práctica si esto fuera simplemente un juego o un fraude. Dios toma seriamente la práctica del espiritismo y así lo deberíamos hacer nosotros.

Cuando Saúl era rey de Israel, hizo una cosa buena habiendo expulsado a los médium y espiritistas de la tierra (1 Sam. 28:3). Pero después que Samuel, su amigo y confidente, murió, Saúl – en un momento de terror y debilidad cuando estaba rodeado por los filisteos – comisionó a sus asistentes que le buscaran un médium a través del cual poder averiguar de su consejero anterior, Samuel (1 Sam. 28:7). Le informaron a Saúl que una mujer viviendo en Endor aún estaba involucrada en la práctica prohibida de consultar los espíritus. La Biblia no la llama “bruja” o “hechicera” — ella era un médium. El espíritu de Samuel fue traído. Los eruditos han discutido por siglos si era Samuel o no, oh si fue la mujer o el Señor quien trajo a Samuel. Saúl no se preocupó por tales asuntos. Sabía que era Samuel y se postró en tierra (1 Sam. 28:14). Samuel le trajo a Saúl un mensaje aterrorizante: “el Señor entregará a Israel contigo en manos de los filisteos; por tanto, mañana tú y tus hijos estaréis conmigo. Ciertamente, el Señor entregará el ejército de Israel en manos de los filisteos” (1 Sam. 28:19, LBLA). Saúl iba a morir porque había consultado a una médium en lugar del Señor. Eso es precisamente lo que ocurrió. “13Así murió Saúl por la transgresión que cometió contra el Señor por no haber guardado la palabra del Señor, y también porque consultó y pidió consejo a una médium, 14y no consultó al Señor. Por tanto, El le quitó la vida y transfirió el reino a David, hijo de Isaí” (1 Cor. 10:13-14).
No fue Saúl el único rey que traficó con los espíritus. El impío Manasés – quien sacrificó a su propio hijo en el fuego — “... practicó la hechicería, usó la adivinación y trató con médium y espiritistas. Hizo mucho mal ante los ojos del Señor, provocándole a ira” (2 Rey. 21:6, LBLA; 2 Cr. 33:6). No obstante, el nieto de Manasés, fue una historia diferente. El joven Josías llevó a Israel en un revivamiento de reforma espiritual: “Josías también quitó los médium y los espiritistas, los ídolos domésticos y los otros ídolos, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalén, ...” (2 Rey. 23:24, LBLA).

2. Los magos (espiritistas). Una fuente similar que los demonios usaban eran los “magos” o espiritistas.                     Probablemente ya ha notado que casi todas las veces que son mencionados los “espíritus” en el Antiguo Testamento, los “magos” están conectados con ellos. Por ejemplo, ““Si hay médium o espiritista entre ellos, hombre o mujer, ciertamente han de morir ...” (Lev. 20:27, LBLA). Otras referencias donde son mencionadas las dos en el mismo aliento son Lev. 19:31; 20:6; Dt. 18:11; 1 Sam. 28:3,9; 2 Rey. 21:6; 23:24; 2 Cr. 33:6; Isa. 8:19; 18:3.
La palabra hebrea para “mago” o “espiritista” significa “uno que sabe”. Este es el mismo significado para los demonios, “conocer”. Los magos (espiritistas) eran personas que los demonios usaron para transmitir su mensaje a aquellos que los consultaban a través de los médium o intermediarios. Virtualmente todo lo que hemos dicho acerca de los espíritus y los médium podría ser dicho acerca de los magos y los espiritistas. Así como hay diferentes nombres para ministro (predicador, evangelista) y ancianos (obispos, pastores), así hay diferentes nombres en la Biblia para estos practicantes del mal.
3. Nigromantes (aquellos que consultan a los muertos). Este es otro término que prácticamente es sinónimo con lo anteriormente dicho. La práctica de la nigromancia – consultando a los muertos – recibió la más severa denuncia de parte de Dios (Dt. 18:10-12).
La práctica prohibida de consultar a los muertos continúa hoy día. Muchos buscan contactar a los muertos vía espiritista y trance de los médium.
Merrill Unger divide el fenómeno espiritista hoy día en cinco categorías:
1. El fenómeno físico (levitaciones y telequinesis).
2. El fenómeno psíquico (visiones espiritistas, escritos automáticos, hablando en trance, materializaciones, levantamiento de la mesa, movimiento saltarín, excursiones de la psique).
3. El fenómeno metafísico (apariciones, fantasmas).
4. El fenómeno mágico (persecución mágica, defensa mágica).
5. El fenómeno ritual (cultos espiritistas, espiritismo entre los cristianos. (Los Demonios en el Mundo de Hoy, Pág. 38).
A lo cual Fred Dickason añade, “La dinámica detrás de estos fenómenos es demoniaca. Los demonios con su gran poder e inteligencia llevan a cabo muchos efectos senso-desafiantes. Detrás de la supuesta comunicación con los muertos están los espíritus engañadores que a través de los médium bajo su control asumen la personalidad del muerto. A través de su gran número y aunando su gran inteligencia pueden suplir mucha información, aún asuntos personales detallados; porque ellos han sido por mucho tiempo observadores del escenario humano” (Los Angeles: Elegidos y Malos, Pág. 200).
Prediciendo el Futuro
El segundo grupo principal envuelve a aquellos que buscan la ayuda del mundo espiritual en la predicción del futuro. Incluidos en esta lista estarían los adivinos y agoreros. Los términos “adivinos” y “agoreros” [o “pronosticar el futuro”] son muy similares. La palabra “adivinar” viene del Latín divinare, significando “prever, adivinar, antever, vislumbrar”. Hoy día los llamamos “adivinos, pitonisas, pronosticadores, o persona que predice el futuro”. Independiente de lo que esto sea llamado, la adivinación está prohibida en las Escrituras (Dt. 18:10).
1. Adivinos. Aquellos que practican la adivinación buscan obtener el conocimiento de lo secreto – especialmente el conocimiento del futuro – por medio de consultar a los espíritus (eso es, los demonios, “los conocedores”). Por ejemplo, los moabitas y madianitas intentaron en vano sobornar a Balaam, un vidente, a adivinar contra Israel (Núm. 22:7). Pero en el segundo oráculo de Balaam encontramos estas palabras: “Porque contra Jacob no hay agüero, ni adivinación contra Israel ...” (Núm. 23:23). Dios es más poderoso que la fuerza detrás de la adivinación – el diablo y los demonios.
No obstante, la misma nación de Israel, se involucró en la práctica prohibida de la adivinación bajo el rey Oseas. “E hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a adivinaciones y agüeros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira” (2 Rey. 17:17). Aún los profetas de Israel se inclinaron al uso de la adivinación, buscando el consejo de los espíritus inmundos antes que al Santo Espíritu de Dios. “Me dijo entonces Jehová: Falsamente profetizan los profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón os profetizan” (Jer. 14:14).
Durante el reinado de Sedequías, rey de Judá, Dios le dijo a Jeremías que castigaría a la nación que escuchaba el consejo de los adivinos, médium y encantadores [hechiceros] (Jer. 27:9). Cuando Israel estaba en el exilio, Dios le advirtió acerca de tomar la práctica de la adivinación cuando regresaran a su tierra natal (Ez. 12:24). Pero aún durante el exilio, Dios tuvo que advertir al pueblo con respecto a los falsos profetas que estaban hablando por adivinación. “6Vieron vanidad y adivinación mentirosa. Dicen: Ha dicho Jehová, y Jehová no los envió; con todo, esperan que él confirme la palabra de ellos. 7¿No habéis visto visión vana, y no habéis dicho adivinación mentirosa, pues que decís: Dijo Jehová, no habiendo yo hablado? (Ez. 13:6-7). El rey de Babilonia usó los agüeros, la suerte y la adivinación contra Jerusalén (Ez. 21:21-23). La Reina-Valera tiene “miró el hígado” en lugar de “adivinación”. Esto es conocido como “hepatoscopía” (predicción del futuro a través de la interpretación del hígado de animales sacrificados). El hígado del animal era considerado ser el asiento de la vida. El demonio a quién era sacrificado el animal estaba supuesto a ceder el conocimiento.
En el Nuevo Testamento, la adivinación es mencionada en Hechos 16:16. Una joven tenía un “espíritu de adivinación” por medio del cual trajo grandes ganancias financieras a sus amos a través de “pronosticar el futuro” (adivinar, agorero). Como se declaró al principio, la adivinación y pronosticar el futuro (agorero) son casi lo mismo. Pablo expulsó el demonio por medio del cual ella estaba prediciendo el futuro (Hch. 16:18).
2. Predecir el futuro (agorero, adivino). Los agoreros (o adivinadores de la suerte) estaban involucrados en el negocio lucrativo de contactar el mundo de los espíritus para mensajes acerca del futuro. El rey Nabucodonosor tenía adivinos que podían predecir el futuro e interpretar los sueños — aunque fueron dejados perplejos por su sueño de la estatua de oro, plata, bronce, hierro y barro (Dan. 2:27; 4:7). Ninguno de ellos (magos, astrólogos, encantadores, adivinos) pudo interpretar ese sueño. Solamente Daniel, quien poseía el espíritu del Dios verdadero, pudo hacerlo.
Belsasar fue otro gobernante babilónico pagano quien recurría a los adivinos (agoreros) (Dan. 5:7,11) pero fue desconcertado y confundido por la misteriosa escritura en la pared. Nuevamente, sólo Daniel, poseedor de la verdadera habilidad para interpretar los sueños, pudo hacerlo. Dios es el más grande.
Judá y Jerusalén aprendieron el ejercicio maligno de la adivinación de los impíos filisteos. “Ciertamente tú has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque están llenos de costumbres traídas del oriente, y de agoreros, como los filisteos” (Isa. 2:6).
La joven esclava en Filipos (Hch. 16:16) le dio a sus amos un buen vivir por medio de la adivinación. El espíritu que poseía no sólo predecía el futuro sino que reconoció a Pablo y a Silas como verdaderos ministros de Dios, algo que los demonios siempre hicieron cuando se encontraron con Jesús en los evangelios (Mat. 8:29; Mr. 5:7).
A través del inspirado profetas Miqueas, Dios hizo un poco de “predecir el futuro” por Sí mismo. Predijo que cuando naciera en Belén el que se convertiría en gobernador de Israel, los agoreros (la adivinación junto con la hechicería) sería conquistada (Mi. 5:2,12). Esta verdad ciertamente es vista en el triunfo de Cristo sobre el mundo de los demonios en Su día y el éxito continuado de los apóstoles en la expulsión de los demonios en sus días (Mr. 16:17,20; Col. 2:15; Hch. 16:16-18, etc.).
Hoy día hay muchos que continúan metiéndose en la adivinación y experimentan con pronosticar el futuro. Hay adivinadores de la suerte, lectores de la palma de la mano, astrólogos, y aquellos que interpretan los sueños y las visiones. Hay aquellos que practican la cartomancia (la lectura de las cartas, como las cartas del Tarot), psicometría (clarividencia). Algunos usan bolas de cristal, algunos usan la supuestamente “inofensiva” tabla Ouija. Todo esto está controlado por el mundo de los espíritus y están estrictamente “fuera de los límites” para los verdaderos creyentes.
El Uso de la Magia
Un tercer grupo a considerar entre aquellos que tuvieron que ver con los demonios en el Antiguo Testamento es ese grupo que incluye las brujas y los hechicheros, quienes usaban la magia y los hechizos a través del poder de los demonios.
1. Hechicería – Brujería (la práctica de la hechicería). La brujería y hechicería son casi lo mismo en las Escrituras. En Hechos 8:9 se nos habla de Simón el Hechicero en algunas versiones es llamado Simón el Mago. Otras versiones tienen “hechicero” en lugar de “brujo” en tales pasajes como Exodo 22:18 y Deuteronomio 18:10. El significado etimológico de “brujo” es el mismo de demonios — “conocer” [o “uno que conoce”]. La brujería no puede ser separada de la demonología.
Tradicionalmente, las brujas han sido descritas como femeninas; viejas feas horribles con sombreros puntiagudos negros, cabello fibroso, verrugas largas, narices encorvadas. Esto está muy lejos de la descripción bíblica de las brujas (o hechiceras). Podían ser varones o hembras, tal como habían hechiceros y hechiceras (Isa. 57:3). Jezabel fue una mujer impresionante — físicamente hablando — pero la Biblia dice que practicaba la brujería. “... ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías?” (2 Rey. 9:22).
Nuestra costumbre del Halloween ha hecho atractiva la brujería pero la Palabra de Dios llama a la brujería pecado:

La Biblia al Día – “Porque la rebelión es tan mala como el pecado de la hechicería, y la soberbia es tan mala como la idolatría ...” (1 Samuel 15:23).

Biblia de Jerusalén – “Como pecado de hechicería es la rebeldía, crimen de terafim la contumacia ...” (1 Samuel 15:23).

Ciertamente esto no es nada superficial o algo con lo cual entretenerse. Dios llamó a esto “pecado” e instruyó a Su pueblo del pasado a que “la hechicera no dejarás que viva” (Ex. 22:18). Esa es “medicina fuerte” para algo que la mayoría de las personas padecen o permiten. La hechicería es llamada una “abominación” para Dios (Dt. 18:10-12). Fue practicada por los ninivitas crueles y malos. Nínive era llamada la “maestra en hechizos” (Nahúm 3:4). El rey Manasés de Israel se hundió en el uso de la hechicería (2 Cr. 33:6) y fue llamado “malo” por hacerlo así. Dios predijo que Su Hijo que nacería en Belén triunfaría sobre los magos (agoreros) y los hechiceros cuando viniera a la tierra (Mi. 5:12). Cuando los efesios quemaron sus valiosos libros de magia, ciertamente fue llevado a cabo un gran triunfo (Hch. 19:19).
En Gálatas 5:19-20, la hechicería está enlistada como una de las “obras de la carne”. A aquellos que practican tales cosas no les será permitido entrar al cielo.
La hechicería a menudo usaba drogas en sus encantamientos (y aún continúa usándolas). En efecto, la palabra griega para “hechiceros” en Apocalipsis 21:8 es pharmakeia, uno que usa drogas o pociones, conjuros y encantamientos. La palabra también es encontrada en Apocalipsis 22:15 donde es dada una lista de aquellos que estarán excluidos del cielo. Los hechiceros están mencionados junto con los fornicarios, homicidas e idólatras.
W.E. Vine comenta sobre pharmakeia: “En la hechicería, la utilización de drogas, tanto si eran sencillas como si eran potentes, iba generalmente acompañada de encantamientos e invocaciones a poderes ocultos, de la aplicación de diversos amuletos, etc., todo ello con la pretensión de proteger al paciente de la atención y del poder de los demonios, pero en realidad para impresionar al paciente con los misteriosos recursos y poderes del hechicero” [Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999]. ¡Cuan sutil y astuto es Satanás!
Los hechiceros también estaban en la liga con Satanás y sus demonios. Pablo llamó a Elimas el mago un “hijo del diablo” (Hch. 13:10). Los hechiceros y las hechiceras (Isa. 57:3) contactaban a los espíritus por ayuda en sus encantamientos y conjuros mágicos. La hechicería estaba bien esparcida en los tiempos bíblicos. Faraón tenía sus magos y hechiceros quienes aún pudieron duplicar los primeros tres milagros de Moisés. Ellos, a través de poderes demoníacos, fueron capaces de convertir sus varas en culebras (Ex. 7:11). No obstante, la vara de Aarón se tragó sus varas (Ex. 7:12). Fueron capaces de traer ranas sobre la tierra de Egipto (Ex. 8:7). Pero no fueron capaces de duplicar el milagro de los piojos (Ex. 8:18). Admitiendo la derrota, exclamaron, “Dedo de Dios es éste” (Ex. 8:19). ¡Dios es el más grande!
En los días de Daniel, los hechiceros (encantadores) interpretaron los sueños por los poderes de los demonios (Dan. 2:2). Los hechiceros siempre fueron considerados en la Escritura como malos, no importando cuanto éxito o fracaso tuvieran en la interpretación de los sueños. No operaban bajo el poder del Espíritu de Dios sino por los espíritus inmundos de Satanás. A los babilonios se les dijo que sufrirían tragedias familiares personales a causa de su obsesión con la hechicería: “Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo día, orfandad y viudez; en toda su fuerza vendrán sobre ti, a pesar de la multitud de tus hechizos y de tus muchos encantamientos” (Isa. 47:9). Los babilonios habían estado involucrados en la hechicería por muchos años. “Estate ahora en tus encantamientos y en la multitud de tus hechizos, en los cuales te fatigaste desde tu juventud; ...” (Isa. 47:12).
Aún el pueblo escogido de Dios, la nación de Israel, estuvo plagada con el problema de la hechicería. A través del profeta Miqueas, Dios les dijo que vendría en juicio sobre ellos a causa de su envolvimiento en esta práctica prohibida. “Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, ...” (Mal. 3:5). Cuando estuvieron en la cautividad babilónica, les advirtió a no prestar oído al consejo de los profetas inspirados por los demonios, a los adivinos, a los intérpretes de sueños, a los médium o hechiceros (Jer. 27:9).
Hay varios hechiceros mencionados por nombre en el Nuevo Testamento. Dos de ellos parecen ser los magos que resistieron a Moisés (2 Tim. 3:8). Estos estuvieron en contacto con los poderes demoníacos para capacitarlos para obrar milagros por medio de las artes mágicas. Pablo también encontró a un mago en la isla de Chipre durante su primer viaje misionero. Este hombre también se opuso a la obra de Dios. Pablo estaba lleno del Espíritu Santo y llamó a Elimas un “hijo del diablo, enemigo de toda justicia” (Hch. 13:10). Elimas fue golpeado con ceguera, un castigo apropiado para su interés en las cosas obscuras. Pedro encontró a Simón el mago en Hch. 8:9-24. También él recibió una acusación apostólica (Hch. 8:20-23). La hechicería es de Satanás. Es poderosa pero no tan poderosa como las cosas de Dios.
En el libro del Apocalipsis, aquellos sufriendo la plaga de la sexta trompeta tercamente rehusaron arrepentirse sino que continuaron en su adoración de los demonios y practica de la hechicería (Ap. 9:20-21). ¡Que agarre el que tienen los demonios con los que trafican con ellos! La Babilonia espiritual es descrita como convirtiéndose en habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, o lugar donde es practicada la hechicería (Ap. 18:2, 23). Ciertamente, muchas “señales y maravillas” fueron obradas por los medios demoníacos (Ap. 13:13; 16:14), tal como Jesús y Pablo lo predijeron (Mat. 24:24; 2 Tes. 2:9).
Nuestro mundo de hoy está manchado y contaminado por la presencia de aquellos practicando la hechicería. Los poderes de las tinieblas son convocados en encantamientos satánicos y demoníacos, conjuros, amuletos, maldiciones y otras formas malvadas. A menudo las drogas están involucradas en tal actividad. No es de sorprenderse encontrar mucho – si no todo esto y mas – en la religión depravada y torcida del “Satanismo”. Obviamente, el hijo de Dios no debería tener nada que ver con alguna de las cosas mencionadas en este capítulo.
LOS DEMONIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
La Adoración a los Demonios
Hay varios nombres para los demonios en el Antiguo Testamento. Estos nombres indican que los demonios y la adoración de los ídolos son uno y lo mismo. Siendo ese el caso, hay cientos de referencias a los demonios en la Biblia. Fred Dickason categoriza para nosotros los nombres de los demonios en el Antiguo Testamento:

Los Nombres de los Demonios en el Antiguo Testamento
1. Shedhim (Dt. 32:17; Sal. 106:37). Siempre en plural, esta palabra tiene la idea de gobernantes o señores. Habla de los ídolos como señores, en vista de que los hebreos consideraban las imágenes como símbolos visibles de los demonios invisibles. Por eso a los israelitas cometiendo idolatría se les dijo que han ‘sacrificado a los demonios’ (shedhim, Dt. 32:17).
2. Sherim (Lev. 17:7). Los hebreos debían sacrificar en el altar del tabernáculo y no sacrificar en el desierto al ‘macho cabrío” (LXX, daimonia). Jeroboam I designó la adoración para el serim (2 Cr. 11:15), y Josías “derribó los altares de las puertas (sherim)’, que deber ser leído seirim (2 Rey. 23:8). Estas concepciones representaban a los demonios sátiros. La referencia a ellos danzando en la desolada babilonia es traducida en la Septuaginta por daimonia (Isa. 13:21; 34:14).
Biblia de Jerusalén

Levítico 17:7 – “De este modo ellos ya no seguirán sacrificando sus sacrificios a los sátiros tras los cuales estaban prostituyéndose. Decreto perpetuo será éste para ellos de generación en generación”.

2 Cr. 11:15 – “Y Jeroboam instituyó sus propios sacerdotes para los altos, los sátiros y los becerros que había hecho”.

W.E. Vine en su Diccionario Expositivo de las Palabras del Antiguo Testamento, dice acerca de los demonios sátiros: “sa>éÆr (ry[ic;, 8163), «demonios sátiros; ídolos sátiros». El término aparece 4 veces en el hebreo bíblico. La primera vez que aparece el término significa «demonios» (algunos estudios lo traducen «ídolos») sátiros: «Y ya no sacrificarán sus sacrificios a los demonios con los cuales se prostituyen» (Lv 17.7 lba). El pasaje demuestra que estos eran seres que fueron objetos de adoración pagana. El culto a estos «demonios» persistió durante mucho tiempo en la historia de Israel y aparece bajo Jeroboam (929—909 a.C.), quien «estableció sus propios sacerdotes para los lugares altos, para los demonios [«sátiros» bj] y para los becerros que había hecho» (2 Cr 11.15 rva). En este caso, sa>éÆr se refiere a los ídolos que Jeroboam había hecho. El avivamiento durante el reinado de Josías tal vez incluyó la destrucción de los lugares altos para los demonios sátiros (2 R 23.8)” – Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999.
3. ‘elilim (Sal. 96:5, LXX 95:5). Este pasaje identifica a los demonios con los ídolos y sugiere que el demonismo como la dinámica de la idolatría. La palabra plural transmite insubstancialidad, vacío, la nada de los ídolos. Los demonios detrás de ellos son la verdadera existencia.
4. Gad (Isa. 65:11). Aquellos que se olvidan de Jehová ‘ponen mesa para la Fortuna’ (LXX, daimonion). El dios demonio de la Fortuna era adorado por los babilonios. Esta idolatría fue llamada en otro lugar la adoración de Baal, o Bel.
5. Qeter (Sal. 91:6; LXX 90:6). La ‘mortandad (qeter) que en medio del día destruya’ era considerada como un espíritu inmundo (Angeles: Elegidos y Malos, Pág. 152).
Los Demonios – La Dinámica Detrás de la Idolatría
¿Qué sugiere todo esto? Sugiere que los ídolos en el Antiguo Testamento (y en el Nuevo Testamento para ese asunto) eran solamente los símbolos visibles de la fuente invisible detrás de ellos – los demonios, ¡quienes buscaban que los hombres los adoraran en lugar de Dios! Este hecho realmente no debería ser sorprendente el descubrirlo. Satanás siempre ha estado ocupado tratando de hacer que la humanidad adore a alguien o algo excepto a Dios. En el Monte Sinaí tuvo éxito al hacer que Israel adorara un becerro de oro. “Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto” (Ex. 32:8). Satanás aún fue tan lejos como para tentar al mismo Hijo de Dios para que se postrara y lo adorase. “y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares” (Mat. 4:9). ¿Por qué, entonces, nos debería parecer extraño que la cohorte (cómplice) de Satanás, los demonios, estuvieran detrás de la adoración a los ídolos? Todo esto cae dentro del plan maligno de Satanás de arrebatar la adoración a Dios y a Cristo.
Desde los mismos comienzos de la historia humana, los demonios han sido la fuerza maligna detrás de la idolatría. Millones de personas en lugares no evangelizados continúan adorando a los demonios, a sabiendas o ignorantemente. Todo esto es parte de la antigua historia, retrocediendo al principio de las cosas. En el libro del Génesis, por ejemplo, los ídolos y las imágenes no se demoran mucho en aparecer en escena. Taré, el padre del ilustre Abraham, era idólatra. Josué le recordó a los israelitas, “Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es, Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños” (Jos. 24:2). Aunque Abraham mismo no era un idólatra, el pecado asediando a los israelitas, a sus descendientes, sería la idolatría. Una y otra vez se olvidaron de la verdadera adoración de Dios y fueron tras los ídolos. Esto hirió y enojó a Dios por la relación que El quiso tener con Su pueblo era una relación de pacto, algo parecido a un matrimonio (Isa. 54:5; Jer. 3:14). Consideró la adoración de falsos dioses, de ídolos e imágenes como una religión adúltera. El castigo por lo tal era la muerte (Ex. 22:20).
Aún Raquel, la amada esposa de Jacob, estaba apegada a las imágenes de su padre. “Pero Labán había ido a trasquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos de su padre” (Gén. 31:19). Cuando Labán alcanzó a Jacob le preguntó por qué había tomado sus ídolos. Ignorante de que su esposa lo había hecho, Jacob respondió, “Aquel en cuyo poder hallares tus dioses, no viva ...” (Gén. 31:32). Le urgió a Labán a buscar en el campamento. Cuando Labán entró a la tienda de Raquel, no encontró nada. “Pero tomó Raquel los ídolos y los puso en una albarda de un camello, y se sentó sobre ellos ...” (Gén. 31:34).
Estas dos historias sirven para indicar los inicios de la idolatría en la historia de Israel. Desde el mismo comienzo de las cosas, los demonios estaban compitiendo con Dios por la devoción de Su pueblo. Cuán astutos lo fueron y lo son.
Los Machos Cabríos Idolos
Moisés, en el libro de Levítico, cita varios casos de adoración a los demonios en la historia de Israel. Por ejemplo, Levítico 17:7. “Y nunca más sacrificarán sus sacrificios a los demonios, tras de los cuales han fornicado; tendrán esto por estatuto perpetuo por sus edades”. La Nota al pie para “demonios” en la Biblia de las Américas es “ídolos en forma de machos cabríos”. La palabra hebrea aquí es seirim, un macho cabrío peludo.
La adoración a los demonios envolvía la adoración de animales, especialmente los machos cabríos. Satanás mismo se apareció a Eva en forma de serpiente (Gén. 3:1). A través de los siglos ha engañado a la humanidad por medio de hacer que adoren la creación antes que al creador. “22Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Rom. 1:22-23).
El macho cabrío, en particular, se convirtió en el objeto de la desviación del hombre y la adoración pervertida. Las cabras son mencionadas 130 veces en las Escrituras. Los malos son comparados a las cabras en el día del juicio (Mat. 25:31-33). Serán arrojados al lago de fuego junto con el diablo y sus ángeles (Mat. 25:41). La cabeza del macho cabrío es el símbolo del satanismo moderno y es presentado con vestimentas satánicas y en la literatura.

Otras Referencias a la Adoración a los Demonios
En el Cántico de Moisés, se recuenta dignamente de arriba a abajo la historia de los israelitas. Después de relatar cómo Dios había bendecido a Israel, hace esta observación: “15Pero engordó Jesurún, y tiró coces (Engordaste, te cubriste de grasa); entonces abandonó al Dios que lo hizo, y menospreció la Roca de su salvación. 16Le despertaron a celos con los dioses ajenos; lo provocaron a ira con abominaciones. 17Sacrificaron a los demonios, y no a Dios; a dioses que no habían conocido, a nuevos dioses venidos de cerca, que no habían temido vuestros padres. 18De la Roca que te creó te olvidaste; te has olvidado de Dios tu creador” (Dt. 32:15-18). Moisés sabía que la dinámica detrás de los ídolos era de naturaleza demoniaca.
El libro de Salmos contiene un número de referencias a la adoración a los demonios. Además de aquellas que menciona Dickason en la Septuaginta, hay el Salmo 106. Este salmo detalla la práctica abominable de sacrificar los hijos a los demonios, una práctica abominable en la religión cananea. “34 No de
struyeron a los pueblos que Jehová les dijo; 35Antes se mezclaron con las naciones, y aprendieron sus obras, 36Y sirvieron a sus ídolos, os cuales fueron causa de su ruina. 37Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios, 38Y derramaron la sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, que ofrecieron en sacrificio a los ídolos de Canaán, y la tierra fue contaminada con sangre” (Sal. 106:34-38). Satanás es un homicida (Jn. 8:44). Es el destructor (Ap. 9:11). Sus demonios también buscan matar y destruir, aún a los niños (Mr. 9:22). Aquellos que son atraídos al satanismo moderno deberían prestar atención a esto. Un peaje terrible — el sacrificio humano. Todo esto es parte del plan demoniaco.
La adoración a los demonios no terminó en el Antiguo Testamento. Pablo advirtió a la iglesia en Corinto acerca de participar en la adoración a los demonios. Extrajo a la Israel del Antiguo Testamento como ejemplo: “18Mirad a Israel según la carne; los que comen de los sacrificios, ¿no son partícipes del altar? 19¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos? 20Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. 21No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios. 22¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él?” (1 Cor. 10:18-22).
Ni la adoración a los demonios termina con las epístolas. Apocalipsis 9:20-21 habla de aquellos que “ni dejaron de adorar a los demonios” y enlaza la adoración a los demonios con sus impíos compañeros: homicidios, hechicerías, fornicación, hurtos.
Hay que repetirlo: todas las referencias a la idolatría en la Biblia son realmente referencias a los demonios. Los ídolos y las imágenes mismas no eran nada sino simples estatuas de madera o plata u oro. El verdadero poder en la idolatría era la fuerza obscura detrás de la práctica: los demonios. Los ídolos eran nada: los demonios detrás de ellos eran (y son) muy reales. No seamos “participes con los demonios”.
Espíritus Malos de Parte del Señor
De especial interés es el hecho de que en varias ocasiones diferentes, Dios permitió que espíritus malos, demonios, perturbaran a las personas. Los malos espíritus, como Satanás mismo, no pueden hacer nada sin el permiso de Dios (Job 1:12). Dios los usa para llevar a cabo Su soberana voluntad en los asuntos de los hombres y el mundo.
Hay la menos tres individuos diferentes en el Antiguo Testamento que experimentaron visitas de malos espíritus que vinieron de la presencia del Señor. Todos eran hombres de posición y todos fueron humillados por Dios en esta extraña manera.

1. El primer hombre fue Abimelec, el hijo despreciable de un buen hombre, Gedeón. Después de la muerte de su padre, le habló a 70 de sus hermanos para que la ayudarán a convertirse en rey de Siquem. Tan pronto como se convirtió en rey, los mató (Jue. 9:1-5). Solamente un hermano, Jotam; escapó de la masacre. Después de tres años, “23envió Dios un mal espíritu entre Abimelec y los hombres de Siquem, y los de Siquem se levantaron contra Abimelec; 24para que la violencia hecha a los setenta hijos de Jerobaal, y la sangre de ellos, recayera sobre Abimelec su hermano que los mató, y sobre los hombres de Siquem que fortalecieron las manos de él para matar a sus hermanos” (Jue. 9:23-24). Ciertamente, Dios se mueve en formas misteriosas. Los hombres de Siquem fueron demolidos completamente, Abimelec sufre una muerte ignominiosa y la venganza pertenece al Señor (Jue. 9:49,54,56).
2. El segundo hombre en ser visitado fue el Rey Saúl. “El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová” (1 Sam. 16:14). Aún los criados de Saúl entendieron que el espíritu malo venía de parte del Señor (1 Sam. 16:15). Sugieren que Saúl encuentre a alguien que toque el arpa siempre que el espíritu venga sobre él (1 Sam. 16:16). Saúl estuvo de acuerdo y David fue hallado para apaciguar al espíritu malo con su música. “Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él” (1 Sam. 16:23). Ciertamente, “la música apacigua a las bestias salvajes”.
Más tarde, el espíritu malo retornó pero esta vez con una inclinación diferente. “10Aconteció al otro día, que un espíritu malo de parte de Dios tomó a Saúl, y él desvariaba en medio de la casa. David tocaba con su mano como los otros días; y tenía Saúl la lanza en la mano. 11Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré a David a la pared. Pero David lo evadió dos veces” (1 Sam. 18:10-11). Los espíritus malos a veces están detrás de las falsas profecías y los asesinatos. Los espíritus malos motivaron a Saúl de una manera similar una tercera vez (1 Sam. 19:9).
¿Cómo podemos explicar estos extraños acontecimientos? Algunos ven al espíritu malo viniendo sobre Saúl como un “castigo judicial de parte de Dios a causa de ciertas tendencias en el carácter del rey” (El Nuevo Comentario Bíblico, Pág. 272).
3. El tercer hombre también era un rey, Acab. Aquí está el antecedente: Josafat, rey de Judá, había venido a Acab, rey de Israel, con un plan para combinar sus ejércitos contra los sirios para recuperar a Ramot de Galaad. Juntos, buscaron información de los falsos profetas, quienes les aseguraron la victoria (1 Rey. 22:6). Pero Micaías, un verdadero profeta de Dios, profetizó el desastre (1 Rey. 22:17). Comparte una extraña visión con Acab: “19Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda. 20Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. 21Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? 22El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así” (1 Rey. 22:19-22).
Micaías le dice luego a Acab, “Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti” (1 Rey. 22:23). El resultado de la
historia es que Micaías recibió una bofetada pero Acab una flecha en el corazón.
Estas narraciones están en la Biblia para mostrarnos que aún los espíritus malos están bajo el control de Dios y El puede hacer con ellos como le plazca. Adam Clarke en su comentario dice, “Es requisito de nuevo recordar que las Escrituras repetidamente representan a Dios como haciendo lo que, en el curso de su providencia, el solamente permite que sea hecho. Nada puede ser hecho en el cielo, en la tierra, o en el infierno, sino ya sea por su inmediata energía o permiso” (Comentario de Clarke, Vol. II, Pág. 476).
LOS DEMONIOS EN LOS EVANGELIOS
Se dá más espacio a la actividad de los demonios en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas que en cualquier otra parte de la Biblia. ¿Por qué? ¿Por qué esta devoción inusual a un tema tan indigno? Y ¿por qué este inesperado surgimiento de la actividad demoníaca? En este punto en la Biblia, los demonios se confinaron mucho a aquellos que los buscaban; eso es, a aquellos que adoraban los demonios o consultaban los espíritus. En el Antiguo Testamento, los hombres buscan a los demonios. ¡En los evangelios, los demonios buscan a los hombres!
Cuando abrimos las páginas del Nuevo Testamento, es como si abriéramos la caja de Pandora. Es como si todo el infierno estuviera arremetiendo contra el pueblo en los días de Cristo. Quizás Satanás – sintiendo la cercanía de ese acto predicho en el que su cabeza sería herida (Gén. 3:15) – desata miriadas de sus agentes serviles malignos para contrarrestar la obra de Cristo. Por tanto, no nos sorprendamos de ver a los demonios atacando al pueblo a izquierda y derecha, con empeño violento, con furia loca. Es como si Satanás hubiera llamado a todos los demonios en el Abismo a una conferencia de urgencia. “Oigan, amigos. ¿Ustedes creen que este lugar es malo? Bueno, Dios ha enviado ahora a Su propio Hijo para redimir a la humanidad. Además, al final del tiempo, vamos a ser arrojados a un lugar que hará que este lugar parezca un parque de diversiones. ¿Quieren eso?” Un coro de aullidos se levanta: “¡No!” “Entonces salgan de ahí y hagan lo mejor de su maldad para detener eso”. El ataque que los demonios hicieron sobre los hombres, mujeres, niños y aún animales en los días de Jesús es terrible para contemplar.

¿Por Qué a los Demonios se les Permitió Entrar en los Hombres?
Wayne Jackson hace un buen trabajo de respuesta a esta desconcertante pregunta. “En vista de que los demonios obviamente estaban finalmente bajo el control de Dios (Luc. 10:17 y Sigs.), ¿porque se les permitió entrar y afligir a aquellas personas del pasado? Aparentemente, la posesión demoníaca fue permitida por Dios para que la suprema autoridad de Cristo pudiera ser hecha manifiesta. A medida que el Señor reveló su control sobre la naturaleza (Mr. 4:30), la enfermedad (Mr. 1:12), las cosas materiales (Jn. 2:9), y aún la muerte (Jn. 11:44), de la misma manera el Hijo de Dios también debía demostrar su poder sobre el mundo espiritual. Su poder sobre los espíritus inmundos anunció el comienzo del acercamiento del reino - ‘Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros’ (Luc. 11:20)” (Christian Courier, Vol. XX, N° 2, Junio 1984). Aún a los seguidores de Jesús les sería permitido expulsar a los demonios (Luc. 10:17).
Victor Hoven añade: “En el tiempo de Jesús estuvieron más activos que en cualquier otra época, y esto parece haber sido permitido divinamente sobre la narración de la contienda entre Cristo y Satanás. La expulsión de ellos por parte de Jesús mostró públicamente Su poder sobre aquel cuyas obras El vino a destruir (1 Jn. 3:8). Para ese fin nuestro Señor consideró la expulsión de los demonios como un triunfo sobre Satanás (Mat. 12:28-29; Luc. 10:17-18)” (Bosquejos de la Doctrina Bíblica, Págs. 41-42).
Alexander Campbell, en su “Discurso Sobre la Demonología”, tomó la posición de que los demonios eran los espíritus de los hombres malos a quienes Dios, en armonía con Su propósito divino, les permitió escapar del mundo hadeano para que el poder supremo y la autoridad de Jesucristo pudiera ser manifiesto. Ciertamente, esta posición no estaría fuera de orden. Considera cómo Dios permitió que Satanás mismo afligiera a uno de Sus siervos, el patriarca Job (Job 1:6-12; 2:1-6). Dios no permitió que Satanás le quitara la vida a Job y, hasta donde nos podemos cerciorar, ningún demonio jamás tomó la vida de una víctima. No que no lo trataron. Cuán impiamente trataron – aún hasta el punto de arrojar los niños al agua y fuego en los intentos vanos por ahogarlos o quemarlos (Mr. 9:22). La única perdida de vida a causa de la posesión demoníaca parece ser la del hato de cerdos de cerca de 2.000 que se arrojaron por un despeñadero y se ahogaron en el Mar de Galilea (Mr. 5:13).