Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es. (Juan 3:6) Una de las más extrañas doctrinas aprobadas y enseñadas por varios concilios evangélicos, es aquella que diferencia la humanidad en tres clases de personas:
- El hombre natural, que no conoce a Dios: Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (1 Cor 2:14)
- El hombre espiritual que tiene a Cristo en su vida:. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie (1 Cor. 2:15).
- El cristiano carnal que conoce a Cristo pero lleva una vida doble de pecado: De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque aún no erais capaces; ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales. En efecto, habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales y andáis como hombres? (1 cor. 3:1-3).
Esos concilios aseguran que, después de hacer la diferencia entre hombre natural y espiritual, Pablo habla a una tercera categoría, "cristianos carnales" y como los llama "hermanos" significa que son salvos aunque lleven una vida de pecado. También infieren del texto que, puesto que se mencionan a los "hermanos-salvos" como aprobados por Dios, el que se estén dejando llevar por la "carne", no los lleva a perder la salvación.
Por supuesto, muchos creyentes que asisten a las denominaciones de éstos concilios creen que pueden llevar un estilo de vida peligrosamente doble sin que tal cosa les cueste la vida eterna. Así se lo decían los pastores y maestros del Seminario Bíblico a un joven líder que estaba llevando este tipo de vida "carnal", aconsejándole también su pastor que cada vez que subiera a la tarima a dirigir la oración o la escuela doctrinal, se colocara la "máscara de payaso" y siguiera con el espectáculo. Valga anotar que cada parte de los cultos está cuidadosamente planeada desde la cúpula del concilio. La oración pública debe ser intensa, debe mover sentimientos; de igual manera la música y el sermón deben conmover profundamente para hacer que los creyentes diezmen y ofrenden generosamente. Pero este será tema para otra ocasión.
Dicen éstos concilios, que el hombre carnal ha entregado su vida a Cristo pero no es consciente de lo que es rendir completamente su vida a Él. Que Cristo vive en algún lugar de su corazón, pero no en el lugar que le corresponde en forma permanente. Que Cristo está destronado de la vida de este tipo de "cristiano", y que esta vida está controlada por el Yo. En resumen, aseguran que "cristiano carnal" es aquel que habiendo recibido a Cristo sigue confiando en sus propios esfuerzos para vivir la vida cristiana bajo las características anteriores.
Ignoran –a propósito o no- que el hecho de confiar en el propio esfuerzo para obtener la salvación es, nada más ni nada menos, que lo mismo que vivir bajo la ley mosaica, bajo la condenación; y como todos sabemos, nadie que haya intentado cumplir la ley ha tenido éxito hasta ahora, excepto Jesús. Nadie más ha logrado hacerlo ni nadie más lo logrará.
El asunto es que los creyentes que están convencidos de que pueden ser "carnales" sin peligro alguno para su salvación, están siendo engañados por Satanás.
Jesús mismo advirtió que si seguimos siendo carnales, no podríamos entrar en el reino de Dios.
Respondió Jesús: "De cierto, de cierto te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: "Os es necesario nacer de nuevo". (Juan 3:5-7)
Aquí Jesús nos habla de la necesidad imperiosa de "nacer de nuevo" o "nacer de arriba" si queremos entrar al reino de Dios. El apóstol Pablo también nos dice que quienes andan en la carne llevan fruto para muerte:
Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley, obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquélla en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. (Romanos 7:5-6)
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Romanos 8:1)
El asunto es claro. Pablo habla de una dicotomía entre la carne y el Espíritu. No puede haber un punto medio entre los dos, o se es carnal o se es espiritual. El apóstol dice que no hay condenación para quienes están en Cristo, actuando conforme al Espíritu y no conforme a la carne.
Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne, porque si vivís conforme a la carne, moriréis; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. (Romanos 8:12-14)
Nadie que viva conforme a la carne, en cualquier grado que sea, podrá tener vida eterna.
La razón de la "carnalidad".
Como ya se ha mencionado en ocasiones anteriores, la principal razón de que algunos creyentes sigan andando en la carne es que todavía no se han arrepentido a la manera bíblica; todavía no han nacido de nuevo. La fe de muchos de estos creyentes es una mera fe mental, una que no los mueve a hacer cambios en sus vidas sencillamente porque es una fe falsa que no proviene de Dios.
Cuando entendemos que la fe bíblica solamente es producida mediante escuchar y estudiar la Palabra, y que solamente se basa en la Biblia (Romanos 10:17), no en visiones o revelaciones extra escriturales, podemos comprender por qué el apóstol de la fe, Pablo, aseguró: Todo lo que no proviene de fe, es pecado. (Romanos 14:23) O el escritor inspirado de Hebreos: Pero sin fe es imposible agradar a Dios, (Heb 11:6)
La fe se origina en Dios y es implantada por Él en todos aquellos que permitan que el Espíritu Santo actúe en sus vidas. Cuando un creyente se acerca a Dios, inmediatamente debe empezar a construir su fe sobre el fundamento de Cristo. De lo contrario, puede ocurrir con él lo mismo que le sucedió a aquél hombre que construyó su casa (su fe) sobre la arena. Las tempestades y problemas llegaron y destruyeron todo ese edificio lleno de buenos propósitos. Si esa fe no se construye con base en la bendita Palabra de Dios, es una fe mental, inerme e inútil. Solamente, hay que repetirlo, el estudio de las Escrituras pueden ayudarnos en la construcción de nuestra fe, empezando desde las bases hasta alcanzar la perfección en Cristo.
Una de las razones de nuestra falsa fe, es que existe una tendencia humana a independizarse de la misericordia y la gracia de Dios. Siempre que un hombre se siente inculpado por su condición pecadora, su primera reacción es buscar cualquier medio por el cual pueda curarse a sí mismo de ese estado y forjar su justicia con su esfuerzo personal, sin tener que depender de la gracia y la misericordia de Dios. Esta es la principal razón por la cual, en toda la historia de la humanidad, los mandamientos y leyes religiosos han tenido una fuerte atracción para los hombres. En vez de dirigirse a la fuente misma de la misericordia –Dios- encontrada en su Palabra, prefieren silenciar sus propias conciencias y conseguir la justicia por sus propios medios; en vez de dejar que el Espíritu Santo les hable directa y personalmente a través de la Biblia, esta clase de hombres prefiere establecer su propia justicia humana, dictada por otros hombres, invalidando la voluntad de Dios.
Eso sucedió en los tiempos de Moisés: Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios. (Romanos 10:3)
Igual que sucede hoy, Israel sintió deseo de independizarse de la gracia y la misericordia de Dios y se negó a someterse a Él. Prefirió seguir las normas de hombres que escuchar lo que Dios tenía para decirles al respecto. Israel pensó que estableciendo su propia justicia, según sus personales concepciones de fe, agradarían a Dios. Pero no fue así.
Al igual que el arrepentimiento, la fe también es un regalo de Dios para sus hijos:
Porque por gracia sois salvos (o sanos) por medio de la fe; y esto (la fe) no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. (Efesios 2:8-9)
La fe no nos llega por nosotros. Es un regalo de Dios. Igual que el arrepentimiento, la fe es una muestra de la misericordia de Dios. Para que no nos gloriemos de ella, como si nosotros, por algún mérito, nuestro la obtuviéramos.
Ninguna clase de ejercicio mental o técnica psicológica puede producir la fe. La mente carnal acepta el testimonio de nuestros sentidos y se rige por estos; la mente espiritual acepta el testimonio de la palabra de Dios.
En otras palabras, quienes aún se guían por la carne, sin permitir que el Espíritu los conduzca a la verdad, no tienen fe bíblica; y, por ende, al no tener fe, no agradan a Dios; como no agradan a Dios, no son salvos. La palabra es muy clara al respecto.
Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. (Romanos 8:13-14)
Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lujuria, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, divisiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas. En cuanto a esto, os advierto, como ya os he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. (Gálatas 5:19-21)
La verdad es tajante: quienes practican las obras de la carne, no heredarán el reino de Dios.
Conozco algunos pastores cristianos que limitan las obras de la carne a este listado de Gálatas e instan a sus seguidores a apartarse de tales cosas. Sin embargo, ignoran que cualquier obra que no esté basada en la fe, es una obra de la carne.
Todo lo que no proviene de fe, es pecado. (Romanos 14:23)
Y ya sabemos a dónde nos conduce el pecado: lejos de la presencia de Dios. Sea que estemos orando, ofrendando, haciendo obras de caridad, cantando salmos, o cualquier otra cosa que nosotros consideremos religiosa, de ofrenda a Dios, si éstas no están antecedidas por el arrepentimiento y la fe, no son más que trapos de inmundicia para Dios. (Isaías 64:6)
Así que, conociendo esto, podemos estar en guardia contra actitudes legalistas –similares a las del Israel antiguo.
No hay tal cosa como "cristianos carnales". Una cosa excluye a la otra. O se es cristiano, hijo de Dios y guiado por el Espíritu, o se es carnal, destinado a la condenación.
No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará, porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. (Gálatas 6:7,8)
Quien siembre para su condición carnal, segará corrupción; quien lo haga para el Espíritu, tendrá vida eterna. Nadie que siembre para la carne tendrá vida eterna. Nadie que siembre para la carne puede ser llamado hijo de Dios.
¿Puede pecar un cristiano?
Un seguidor de Cristo es, ni más ni menos, un hijo de Dios. Un cristiano es aquel que ha nacido de nuevo y se ha comprometido a entrar en Cristo para, de ahí en adelante, vivir una vida nueva, en fe.
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Romanos 8:14)
Como ya hemos visto someramente, un hijo de Dios es guiado por el Espíritu Santo –mediante la Biblia como principal autoridad- hacia la perfección de Cristo.
¿En ese camino hacia Cristo, es posible pecar?
Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. (1 Juan 3:9)
¿Significa esto que quien nace de nuevo no cometerá pecado jamás? La Escritura no dice eso. Un hombre nacido de nuevo puede caer en pecado, pero también puede arrepentirse de nuevo. Por otro lado, un pecador impenitente demuestra que, en realidad, no ha nacido de nuevo. Al contrario de la doctrina del "cristiano carnal", la Escritura nos muestra que un cristiano que "practica" el pecado, de manera frecuente y recurrente, sin arrepentirse (dejar ese camino) no heredará la vida eterna, cosa contraria a lo que nos dicen los concilios que aseguran que una vez aceptado a Cristo, no se puede perder la salvación.
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. (Efesios 4:22-24)
Pablo nos menciona aquí que es necesario despojarnos del viejo hombre, el carnal, y renovarnos "en el espíritu de nuestra mente" para vestirnos conforme al nuevo hombre creado por Dios en ese nuevo nacimiento.
Un comentarista bíblico nos aclara: "Dentro de cada cristiano nacido de nuevo surge una naturaleza completamente nueva: Pablo la llama el nuevo hombre, y la compara con la vieja naturaleza, "el viejo hombre", que es la vieja naturaleza corrupta, depravada y caída que domina a toda persona que NUNCA ha nacido de nuevo".
El viejo hombre es corrupto y depravado. Mientras que el nuevo hombre es puro, y no puede cometer pecado. El viejo hombre no puede dejar de pecar, esa es su naturaleza. El nuevo hombre, mediante el nuevo nacimiento, tiene la posibilidad maravillosa de liberarse de la esclavitud del pecado.
Rick Warren, el famoso pastor del iglecremiento, afirma que en su iglesia se incluyen homosexuales irredentos (cristianos carnales) y él los llama "cristianos homosexuales"; Warren le promete a estos "cristianos" una cura mediante un programa de recuperación "Celebra la recuperación". Warren afirma que él puede liberarlos de ese pecado, tomando así el lugar de Cristo, el único que puede liberarnos del pecado. Debido a la protesta de muchos cristianos celosos de la fe, Warren retiró el archivo de su página.- (http://webarqchjive.org /web199902003041850/ e http//www.celebrate recovery.com/reclaim.htm). Pero para quien lo desee, existen copias de archivo donde se puede constatar el asunto.
Subrepticiamente, Warren llama cristianos a los homosexuales que aún no abandonan su perversión, por el sólo hecho de que ellos asisten a una iglesia –la suya-; cuando la verdad es que cristiano es solamente aquel que ya ha abandonado su forma de vida carnal para aceptar a Cristo.
Por otro lado, cuando un hombre es sincero consigo mismo, estará dispuesto a reconocer que por sí mismo jamás llegará a hacerse justo obedeciendo leyes morales o religiosas, o engrosando "programas" de iglesias denominacionales. Pablo dice que él pensó así en una época, antes de conocer a Cristo:
Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley, obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquélla en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. (Romanos 7:5-6)
Bajo la gracia, el Espíritu de Dios cambia la naturaleza carnal del hombre por una nueva naturaleza, una capaz de recibir y manifestar el amor de Dios.
Pero si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo está muerto a causa del pecado, no obstante el espíritu vive a causa de la justicia. (Romanos 8:10)
Las palabras "si Cristo está en vosotros", muestran que esta verdad se aplica sólo a los verdaderos cristianos en cuyo corazón habita Cristo por fe. Hay dos consecuencias de que Cristo esté con nosotros: 1) la muerte de la vieja naturaleza carnal; el cuerpo del pecado está muerto; y 2) tenemos una nueva vida para la justicia mediante la obra del Espíritu Santo; el Espíritu es vida a causa de la justicia.
La fe y la carne
Quien viva bajo el pecado, dominado por la carne, no ha nacido de nuevo y –por tanto- no puede experimentar la fe que nos da Dios en su infinita gracia a quienes ya hayamos cumplido con el primer paso del arrepentimiento.
Quien viva bajo la carne, anda bajo los paradigmas de los sentidos sensuales, carnales.
Cuando Pablo, bajo inspiración divina, afirma que "Por fe andamos, no por vista" (2 Cor. 5:7), el apóstol está contrastando, anteponiendo la vista con la fe.
Si tenemos una mente carnal, podemos aceptar sólo lo que se nos revela en el mundo físico. Por otro lado, si poseemos una mente espiritual, nuestra fe hace que las verdades de la palabra de Dios sean más reales que ninguna otra cosa, incluso más reales que las cosas que nuestros sentidos perciben.
Es por esta razón que podemos confiar plenamente en lo que nos asegura la bendita Palabra de Dios. Es ella la que nos advierte contra esta extraña doctrina de "cristianos carnales", mientras nos asegura que mediante el estudio y obediencia de las Escrituras obtendremos nuestra limpieza y santificación
Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. (Efesios 5:25-27)
La razón principal por la que Cristo redimió a la iglesia, es para santificarla, habiéndola purificado. En otras palabras, el propósito de la muerte de Cristo por la iglesia en general y cada individuo en particular, no es completado hasta cuando quienes acepten ese sacrificio hayan pasado por un proceso de limpieza y santificación.
Unicamente los cristianos que hayan pasado por este proceso estarán en la condición necesaria para presentarse a Cristo como su novia. La condición que el mismo Cristo exige, es que sea una Iglesia "sin mancha ni arruga ni cosa semejante (... ) santa y sin mancha (v.27)".
Un "cristiano", que no haya pasado por este proceso, no puede formar parte de la novia de Cristo. Un "cristiano carnal" no puede formar parte de la novia de Cristo sino que está reservado para juicio condenatorio:
El Señor sabe librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en placeres e inmundicia, y desprecian el señorío. (2 Pedro 2:9-10)
Quienes quieran dejar de ser carnales, deben saber que la santificación se obtiene por fe. Pero esa fe no es pasiva o negativa. La fe bíblica nos insta a apartarnos del pecado pero, consecuentemente, también a ejercerla de manera activa. La fe que santifica consiste en la apropiación y aplicación activas y continuas de las promesas de la palabra de Dios. Por eso, Jesús oró:
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. (Juan 17:17)
A medida que vamos siendo limpiados mediante el estudio y aplicación de la palabra de Dios, nos enfrentaremos al reto de responder positivamente al evangelio, recibiendo personalmente a Cristo y abandonando nuestra vida carnal. Quien desee hacerlo, tiene como respaldo esta hermosa promesa del Salvador:
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo. (Apocalipsis 3:20)
A cada persona que responda a su llamado, Cristo le promete: "Entraré".
Cristo lo está llamando, está a su puerta diciéndole que únicamente Él es el camino. ¿Está usted dispuesto a permitir que Cristo entre verdaderamente en su vida..?
Jaime Montenegro Quintana