DESTINO FINAL

"Porque Dios traera toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala." Eclesiastes 12:14

Home
Quienes Somos
Contactanos
Profecias
Noticias
Mensajes
Miscelaneos
Preguntas y Respuestas
Mundo Joven
Reflexiones
La Familia
Estudios Biblicos
Testimonios
Humor Sano
Publicaciones
Consejeria
Apostasia
 
Hace unos 15 o más años cambió la forma de hacer los cultos en las congregaciones evangélicas. En cierto sentido podría decirse que ocurrió una suerte de “revolución”.
Recuerdo que en la Iglesia en la que crecí –como en toda congregación más o menos importante (tradicional hasta ese tiempo)- había superpoblación de talento. Las expresiones artísticas abundaban y la musical estaba a la cabeza.

Hablando de la música –el rubro en que ejercité mi actividad desde la adolescencia- , puedo dar fe que por ese entonces había Coros (de adultos, de jóvenes, de adolescentes, de niños, de mujeres...), grupos instrumentales (de adultos, de jóvenes, ...), solistas, grupos vocales, etc. A tal punto era la riqueza artística, que la mayoría de los problemas domésticos surgía por la imposibilidad de dar lugar a todos los que querían participar.

Este sistema, con defectos y virtudes, se derrumbó ante el embate de uno nuevo. Resultó paradigmática la figura de Marcos Witt. La sencillez y pegajosidad de sus melodías captó el gusto de la gente. La tecnología aplicada al sonido sumó lo suyo. Estas melodías también sonaban potentes, aún con un pequeño número de ejecutantes.

Recuerdo que se marcó una escisión ideológica, renovadores vs. conservadores. Los renovadores exaltaban las virtudes del nuevo sistema y no necesitaban de mucho esfuerzo para apabullar a los conservadores con la contundencia de los hechos. Es que las nuevas canciones de alabanza y adoración tenían una adherencia fenomenal, no solo entre los músicos, sino –y especialmente- entre la gente que no cultivaba este arte. Los himnarios y los cancioneros simplemente dejaron de usarse.
“Ahora todos tenemos la misma posibilidad de alabar a Dios” - se atacaba a la elite musical que todavía mostraba alguna resistencia a los cambios. "Se nivela hacia abajo"- podía escucharse del otro lado.
Creo que lo que definió el partido fue que el nuevo sistema de culto, que nació con la música como motor principal, fue asimilado rápidamente por los dirigentes.
El nuevo sistema era práctico.
Los cambios no solo afectarían a la liturgia sino a las estructuras de las congregaciones, y por qué no, a la Iglesia misma.

¿Fue bueno el cambio? Supongo que hay elogios y críticas para realizar. Probablemente, los que antes eran renovadores, hoy seguirán por el mismo camino y estarán satisfechos. Por otra parte, los conservadores tendrán críticas acumuladas hasta el infinito.
Y no tengo dudas que, de continuar la actividad de la Iglesia en la Tierra por un tiempo más, el sistema imperante hoy será el tradicional de mañana. Y otra vez se repetirá la sempiterna lucha de los renovadores vs. conservadores.

Vuelvo a la cuestión que planteé. ¿Fue bueno el cambio?
Seré breve, ya que prefiero leer los comentarios antes que seguir escribiendo.
Bueno o malo, supongo que el cambio fue inevitable. Pienso que las estructuras tradicionales cayeron por su propio peso (mal que me pese, que fui compositor y director de coros y orquestas). No obstante, detesto la idea de la sustitución absoluta de un sistema por otro, al mejor estilo de las revoluciones seculares. Pero admito que la convivencia de los dos sistemas es prácticamente imposible. Y tarde o temprano se impondrá uno sobre el otro.

De las muchas cosas que alguna vez dije y digo, hoy solo me referiré a una. No puedo dejar de señalar -y esto como crítica que pretendo constructiva- es el uso y abuso de algunos recursos del nuevo sistema.
Detesto particularmente que me tengan una hora sin pausa de pié, cantando, haciéndome repetir una y cien veces la misma canción. Detesto que entre dicho y dicho se rellene siempre con lo mismo. Que luego de una hora y media de Culto, recién esté por darse la prédica. Para entonces ya estoy cansado... abrumado (y a veces aburrido). Y más que a la disertación del predicador estoy esperando por sentarme.

Las canciones que se cantan hoy en día en general suelen ser bonitas (algunas demasiado melosas para mi gusto). Pero ¿Porqué abusar? Quizás aplique el proverbio bíblico “¿Hallaste miel? come lo que te basta; No sea que te hartes de ella, y la vomites”*.

Quizás sea tiempo de reconsiderar, además de la esencia, también la forma en la que se desarrollan nuestros cultos. Porque lo que no se piensa de antemano, nos toma por sorpresa. Y eso raramente es bueno.

A casi dos décadas del nuevo modelo ¿Cuales piensas que fueron los principales aciertos y errores? ¿Fue bueno el cambio?
¿Qué opinas?

Daniel E. Dañeiluk