Por: Rafael Pérez
Los últimos artículos que he escrito han terminado bastante largos, y no es este la excepción. Aunque hubiera sido conveniente partirlo en dos, como un limón, para no espantar a los lectores, decidí dejarlo así. Y es que el tema está un poco agrio, por lo que conviene tomarlo de un solo trago. Además, estos asuntos tan sensibles mientras más desintegrados están, a mayor confusión se prestan. Tenga paciencia el lector y ya advertido siga leyendo.
Escuchaba a tres predicadores, de los que oran por televisión alrededor de la mesa de las cartas, motivando a los televidentes a enviar sus donaciones. Uno de ellos tomó el micrófono y dijo: «si envían hoy sus donativos, oraremos para transferirles esta unción, la cual nos ha costado años de trabajo y sacrificio a cada uno de nosotros». Estos que transfieren la unción a cambio de dinero se parecen a una señora que conocí, quién impartía clases de belleza. Uno de los atractivos de su curso era que ella poseía la formula secreta para preparar ablandador casero para el cabello. Tenías dos opciones: o pagabas el curso y recibías el entrenamiento y la receta o pagabas un poco menos por la receta solamente. Ya que la formula era de ella, todo el mundo tenía que pasar por caja para poder tenerla.
El mercado de unción descansa sobre un principio, y es que tenemos que pagar un precio, ya sea enviando un donativo, pagando el congreso de turno o cumpliendo con la cuota de ayunos y oraciones. Siendo así, el que tenga la unción más grande se supone que será el mejor cristiano, y todos tratarán de competir haciendo demostraciones públicas de su poder. También existen libros que explican cómo llegar a conseguir la unción, pero sin temor a exagerar, debo admitir que se parecen más a los libros de hechicería de Harry Potter que a literatura cristiana. Todo se limita a repetir determinadas acciones para conseguir el hechizo deseado y encantar a los demás.
La unción es uno de los temas más frecuentes en los púlpitos pentecostales. He escuchado sermones emotivos sobre buscarla, retenerla o aumentarla. También he visto predicadores embadurnarse las manos con aceite Johnson’s® Baby —tiene que ser de esta marca, no de otra; aceites comestibles de maíz o de soya quedan estrictamente prohibidos, aunque tampoco dudo que algún innovador los haya utilizado—, y poner el mítico liquido sobre las frentes de los feligreses para hacérsela llegar. Otros toman un poco y agitando los dedos lo van rociando sobre la multitud.
El uso actual del aceite como medio para transportar el poder (la unción) quizás tenga su origen en la Edad Media. Cuando las reliquias escasearon se popularizó el uso del material relacionado: trozos de sábanas, ropa, diversos objetos que hayan pertenecido al santo en cuestión o el aceite que se utilizaban las lámparas que iluminaban sus tumbas. Este santo aceite se transportaba en ampollas que se vendían o eran dadas como regalos a los reyes para conseguir favores.
Otro recurso para el que se presta la unción es la creación de expectativas. El predicador sube al púlpito, desprende el micrófono del pedestal y mueve la cabeza de un lado a otro, mientras dice en un susurro: siento una unción poderosa aquí arriba, pasen a la plataforma quienes quieran recibirla. El próximo paso es cerrar la Biblia y empezar a imponer manos mojadas en cuantas cabezas sea posible. El sermón queda por dado y todo el mundo sale conforme, pues Dios «tomó el control» del culto. La unción es el comodín del predicador poco preparado, cuando no hay nada qué decir, siempre queda bien hablar de cosquilleos, asuntos ulteriores (del más allá) y experiencias extrasensoriales. No será muy profundo en su conocimiento de la palabra, pero poder tiene, además le da «libertad al espíritu», lo que equivale a licencia para hablar en lenguas usando el micrófono o extender el culto por tres horas hasta que alguien caiga al suelo (por agotamiento físico o por la fuerza bruta).
Y hablando de la fuerza bruta, recuerdo aquella ocasión en que asistí a la campaña de cierto evangelista internacional (de los argentinos) y uno de sus colaboradores locales (un señor moreno, alto y fuerte, con manos de boxeador) primero me derramó medio pote de aceite sobre la cabeza y después procedió a ponerme su mano, del tamaño de un guante de béisbol, sobre la cabeza. Me estuvo zarandeando de un lado a otro por unos minutos, para transferirme la unción. Algo desorbitado y con un dolor de cabeza inmenso que se me concentró en la nariz, fruto de sus dedos presionando mi cien (al parecer quería separarme el hueso frontal del parietal o destruirme la masa encefálica), logré sacármelo de encima. Cuando vio que definitivamente no me caería, me secreteó al oído: tienes que dejarte tumbar, para que el Señor trate contigo. Yo, por cortesía, me dejé caer hacia atrás y estuve allí sobre la grama por un rato largo, descansando.
Como Simón el mago, muchos creyentes peregrinan de un lugar a otro en busca de la nueva unción, me recuerdan unos brujos itinerantes que frecuentaban el sur del país. Cuando se sabía que en San Juan había uno nuevo, con algún poder específico (amarrar el marido, arreglar un viaje a España o devolver la salud) todo el pueblo se quedaba vacío, pues nadie quería quedarse atrás. Algunos no tenían ninguna necesidad urgente, pero también iban, aunque sea para saciar el morbo. Cada brujo se daba a conocer usando una serie de rumores, los cuales corrían de casa en casa y de boca en boca y le servían de promoción. Supe de uno que tenía una burra con las patas invertidas (no me pregunten como se ve una pezuña invertida, pues no lo sé) y era común que estos personajes se hicieran acompañar por un enano o sujeto estrafalario como lacayo.
Sonará feo, pero estas mismas características las he visto en algunos predicadores contemporáneos: la misma espectacularidad, la misma creación de expectativas —autocumplidas, en muchos casos—y tan excéntricos como el mejor de los brujos. ¿O me dirán que es muy diferente decir que un brujo es bueno porque tiene una burra con las patas invertidas a decir que un predicador tiene mucha unción porque pone la gente a brincar sobre los bancos o dar vueltas por el suelo? Es muy normal escuchar a un creyente decir que la campaña estuvo buena porque la unción era tan fuerte que hasta se rompió algún banco.
Un detalle interesante es que es posible limitar la unción, o su nivel, a un espacio determinado: la plataforma, el templo o la tumba de algún predicador amigo. Aquí la unción deja de ser un símbolo y se convierte en un fantasma, en un ser irreal que se mueve de un lugar a otro mientras la gente percibe su presencia. Como si fuera un episodio de los cazafantasmas (y su medidor de presencia paranormal) aquellos que son dados a sentir cosas se mueven de un lado al otro del salón anunciando por el micrófono que tan fuerte está la unción en cada espacio.
No le den mucho crédito a lo que comparto a continuación, pues es solo un cuento pentecostal, pero se dice que un pastor invitó un evangelista ungido a una campaña de una semana. El tercer día este afirmó que quienes caían al suelo lo hacían porque estaban en pecado, pero cuando comenzó a imponer manos y a zarandear personas, la primera en caer fue la esposa del pastor, y cuando este fue a levantarla, también cayó, y hubo que explicar mejor el asunto. Al siguiente día se aclaró que no siempre se caía por pecado, sino que cuando la unción es demasiado fuerte, es imposible mantenerse de pie. La señora no estaba en pecado, sino que la unción que tenía era tan fuerte que hasta tumbó al marido.
La Biblia está llena de referencias sobre la unción, pero siempre como un símbolo (de la investidura real o sacerdotal o el llamado a cumplir determinado ministerio) y en el caso de los creyentes como algo que recibimos de Cristo (siendo coherederos de Él), gratuitamente. Ahora, cuando el símbolo se convierte en herramienta, aquel predicador que tenga más unción será el que de mayor arrastre y estará en condiciones de impartir cursillos de siete pasos para contagiar a otros.
Si la unción se mide, ¿cuánta unción es suficiente?
Es como si el sacerdote Samuel fuera a ungir como rey a David y este quedara inconforme por la cantidad de aceite empleado, o tuviera que visitarte semanalmente para que le derrame más. Algunos creyentes van a la iglesia con el deseo de ser más ungidos, como si fuera uno de los establecimientos de comida rápida que tienen el sistema de refill: te venden un vaso de 12 onzas que puedes volver a rellenar cada vez que se te acabe. Lo más curioso de todo es que la unción se ha clasificado, tenemos más de diez rubros en los que cada predicador se especializa: unción de casamiento, unción de estabilidad matrimonial, unción de prosperidad económica, unción de liberación, unción de sanidad, unción de viajes, unción laboral. Es posible seleccionar del catalogo cualquier sabor deseado y el predicador de turno nos la transferirá. Sin olvidar que una buena ofrenda al ministerio agiliza el proceso.
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Supe de un reporte que hizo un programa de televisión sobre una secta, la cual comercializa aceite ungido supuestamente importado desde Israel. Mostraban cómo, cuando se terminaba el producto, mandaban a comprar más en la bodega del frente, y lo seguían vendiendo como autentico aceite importado. No dudo que por medio de la oración —por Ósmosis, si fuera agua— modifiquen sus componentes. Si alguien se quejara, tampoco dudarían en afirmar que si Cristo convirtió el agua en vino ellos pueden convertir el aceite vegetal o animal en aceite Johnson’s® Baby, digo, aceite especialmente poderoso importado desde tierra santa.
La sensación más espiritual y poderosa que puede sentir un cristiano no es un cosquilleo profundo o un estremecimiento de las coyunturas, sino la paz de Dios en su corazón, paz que sobre pasa todo entendimiento, o la convicción de saberse perdonado. Y como ya dije una vez:
El cristianismo no se trata de sentir, se trata de creer. Una reunión de la iglesia no es un parque de diversiones donde de juega con la gravedad para sentir grandes emociones. Puedo sentir la presencia de Dios en el amor de mis hermanos, en la reunión ordenada, o hasta en la naturaleza. El cristiano vive por convicción, no por emoción.
¿Cómo se obtiene la UNCIÓN?, usted podrá encontrar muchos libros escritos acerca de la unción y estudios muy completos, de algunos autores que creen haber encontrado el método de obtenerla, pero si existiese un método sería del dominio de muchos servidores en las iglesias.
Empecemos por afirmar que el Espiritu Santo es el que da la UNCIÓN, se habla de los dones, del carisma, pero no de la relación con Dios. ¿Tiene usted el Espiritú Santo? Cuando recibimos a Cristo, con El recibimos el Espiritú Santo, es por El que somos sellados. Entonces si usted ya recibió a Cristo, ya tiene el Espiritú Santo, pero, ¿qué hay de la UNCIÓN?, le aclaro que la Unción y el Espiritú Santo no es lo mismo.
La UNCIÓN es la manifestación VIVA del ESPIRITU SANTO de Dios.
Pongamoslo en un ejemplo, hay personas que cuando compran una sala nueva, la cubren con cubresalas en el mejor de los casos, o en algunos casos hay quienes las cubren con sábanas, es más, aún hay otros que no les quitan el hule de fábrica. Así es con aquellos que tienen el Espiritú Santo pero no lo dejan fluir para bendecir a otros. Si el Espiritu Santo es vida, entonces usted debe dar muestras de vida, en vez de eso hay quienes se la pasan diciendo “no se puede”, dejan el trabajo que hacen para el Señor, se dejan llevar por la tristeza, depresión, el Negativismo, desanimo, la derrota. ¿Usted cree que esto es una manifestación del Espiritú Santo en esa persona? DEFINITIVAMENTE QUE NO LO ES. Esa persona debia manifestar FE, ANIMO, PASION por el Señor y por la obra del Señor.
El conocimiento no es el que da la UNCIÓN, no necesita una licenciatura o doctorado para ser UNGIDO. Hay personas tan sencillas y humildes y tan ungidas que cuando hablan el Espiritu Santo toca a los demás, y es porque esa persona es guiada por el Espiritu Santo de Dios. El Espiritu Santo se recibe por fe y gracia, pero la UNCION se obtiene trabajando, esforzandose, es el resultado de tu comunión con el Espiritu Santo de Dios, es tu relación cercana. Si lee el libro de Jueces podrá darse cuenta de que se habla de personas que tuvierón el ES pero no la UNCIÓN.
En Jueces 3:12 el pueblo de Israel se apaga y hace lo malo ante los ojos de Jehová, y Jehová permitio que un gigante se levantara en contra del pueblo, así para a aquellos que son negligentes y descuidados en su vida cristiana, Dios permite que gigantes se levanten contra ellos. Hay gigantes internos y gigantes externos.
En Jueces 6:1 Jehová entrega el pueblo de Israel en manos de Madián por 7 años (cautiverio), de nuevo no entendieron a Dios e hicieron lo malo.
En el capitulo 8 Dios levanta no a 1, ni a 3, sino a 300 ungidos, pero no fue suficiente porque el pueblo de nuevo se pierde, y empiezan a crear sus propios dioses.
En Jueces 17 Dios muestra su paciencia y levanta 1 hombre más, Sanzón . El pueblo de Israel fue un pueblo guiado pero no ungido, por eso se fueron tras falsos dioses.
Un pueblo ungido permanece, un pueblo guiado se va tras los que si estan ungidos, son guiados. Hoy muchas iglesias esperan a un ungido para el avivamiento, pero no están dispuestas a buscar la UNCION para ellos mismos, no quieren pagar el precio.
¿Es la UNCION para todos?.....NO…..solo para aquellos que la buscan. 500 personas vieron a Cristo resucitar y elevarse al cielo, pero solo 120 fueron bautizados con el Espiritu Santo. Ya deje de buscar a los ungidos, mejor busque la UNCION para Usted.
En el Salmo 133 vemos como el aceite va de la cabeza al cuerpo, igual es en la Iglesia, la cabeza esta ungida, pero no queda ahí, el cuerpo también es ungido, no se queda en la cabeza.
HABITAR.- El es primer nivel de Unción, está en el congregarse, aquí es donde se quedan la mayoría de los Cristianos, que van el domingo y “cumplen”, o que incluso dejan de ir por un tiempo, pero no pueden asistir a mas reuniones que los domingos, no se pueden comprometer a más.
JUNTOS.- Es el segundo nivel, estar juntos es mas que habitar. Cuando nos ligamos en el Espiritu Santo, se rompe el individualismo, en la iglesia no cabe el protagonismo porque el único protagonista es Dios. En este nivel entran los que apoyan a los ministerios, asisten, ayudan.
ARMONIA.- La obediencia trae armonía al cuerpo, la obediencia activa la unción, dependiendo de la obediencia la presencia del Espiritu Santo y la Unción se bloquea o fluye. Hablamos de la obediencia a Dios, a las autoridades de su Iglesia, a la visión.
HUMILDAD.- La soberbia es enemiga de la Unción, muchos buscan la UNCION para ser famosos y reconocidos, pero debe ser para bendecir a otros, con consejería, con intercesión.
Piense en que debe hacer para tener UNCION, y que va a hacer con la UNCION cuando la tenga. Si la ejercita para lo que es, seguro que permanece con usted.
Dios les bendiga.